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Papel Literario del 7 de junio de 2026, por Nelson Rivera

 

Amigos lectores:

I. Buena parte de esta edición proviene de la gentileza y buenos oficios de la compositora, pianista, directora e investigadora de la música, Mariantonia Palacios. Bajo su coordinación recordamos hoy a los fundamentales Gonzalo Casatellanos YumarModesta Bor y Juan Vicente Lecuna. Les cuento.

II. Pasa que este año coinciden los centenarios de Castellanos Yumar y de Bor. Escribe Palacios en la introducción al dossier: “Pocas veces la historia se permite una sincronía tan perfecta: en junio de 1926, con apenas días de diferencia, nacieron dos extraordinarios compositores venezolanos, Gonzalo Castellanos Yumar (3 de junio Canoabo, estado Carabobo) y Modesta Bor (15 de junio, Juangriego, Isla de Margarita). Con la celebración de este centenario honramos la obra de dos arquitectos de nuestra modernidad musical, cuya trayectoria —avalada por los más altos reconocimientos nacionales e internacionales— es una referencia ineludible para las generaciones venideras”.

III. En la parte del homenaje a Gonzalo Castellanos Yumar (1926-2020) escriben:

Alberto GrauGonzalo Castellanos, mi maestro.

Miguel AstorGonzalo Castellanos Yumar, ¿compositor nacionalista?

Beatriz, Matilde y Juan Luis Castellanos Giliberti, hijos del compositor, que escriben El compás de nuestra casa, texto en el que nos aproximan a la persona:

“La gran pasión de nuestro padre, además de la música, fue la mecánica. Era habitual ver al “Maestro” bajo el capó de su carro, con bata azul, herramientas y las manos llenas de aceite, siempre acompañado por nosotros, sus “elfos”, atentos para pasarle un destornillador o una llave inglesa. Resulta increíble pensar que ese mismo Papá, cubierto de aceite en su afición, era el que deslumbraba de gala y frac en el teatro. La mecánica era su refugio, su manera de despejar la mente y su distracción favorita.

Pero esa pasión por los carros no se quedaba en el garaje: nada le gustaba tanto como un buen viaje por carretera. Juntos recorrimos Venezuela entera — la inmensidad de los Llanos, la belleza de los Médanos, el frío de los Andes, el calor de Cumaná, Caripe la tierra de nuestro abuelo materno, el Guri. Íbamos siempre cantando; Toya tocaba el cuatro y, de repente, podíamos pasar de lo folclórico a los Minuets de Bach a dos voces”.

IV. Por mi parte, añadí una entrevista que le hizo Valentina Ziegert, fragmento de su tesis de grado en la UCV. Ante la pregunta sobre la influencia del folklore venezolano en sus obras, responde Castellanos Yumar: “Yo nunca he tomado el folklore directamente y ni siquiera he pensado en ello. En mí es una reacción natural, yo siento al folklore no como una cosa que me rodea sino más bien como una cosa de la cual formo parte. Para mí, la música es un lenguaje universal y lo que un compositor le agrega es su propia espiritualidad. Mi música, tal como muchos piensan, tiene que ver con lo venezolano y con sus ritmos, pero esto no es una cosa buscada”.

V. Josefina Punceles de BenedettiCésar Alejandro CarrilloCira G. Parra Gilberto Rebolledo recuerdan a Modesta Bor (1926-1998), compositora, musicóloga, docente y directora coral. Escribe Punceles de Benedetti:

“Modesta Bor, una margariteña nacida en Juan Griego en 1926 que se mudó a Caracas para estudiar en la Escuela Superior de Música José Ángel Lamas. En ese entonces, ese centro de enseñanza estaba liderado por maestros forjadores de nuestra identidad musical, con Sojo a la cabeza como profesor de composición. Éste, viendo el enorme talento de su pupila, y luego de que ella tuviese que abandonar sus estudios de piano por motivos de salud, la convenció para que musicalizara un poema de García LorcaBalada de la Luna. Tan encantado quedó el Maestro con lo entregado por Bor, que le pidió que transformara la canción en una obra coral que fue estrenada con gran éxito apenas unos meses después. De allí en adelante, Modesta no paró de componer ni de estudiar, lo que la llevó a las aulas del Conservatorio Tchaikovsky donde trabajó bajo la tutela de Aram Khachaturian, egresando en 1960 como la primera latinoamericana en hacerlo”.

Ocupa las páginas 1 a la 7.

VI. También fruto de las diligencias de Mariantonia PalaciosVicente Lecuna Torres y Eduardo Lecuna Salas escriben sobre el compositor y diplomático venezolano, Juan Vicente Lecuna (1899-1954). El artículo, Juan Vicente Lecuna en Alta Gracia, remite a los recuerdos de 1944, cuando la familia Lecuna vivió en Argentina, en Alta Gracia, Córdoba, donde cultivó amistad con el compositor español Manuel de Falla:

“La relación de amistad entre Falla y Lecuna continuó más allá del año en Alta Gracia. Existen al menos 8 cartas entre ellos, de 1944 y 1945, según el Listado alfabético de corresponsales de Manuel de Falla, de la Fundación Archivo Manuel de Falla. En una de las cartas fechada 26 de abril de 1945 escrita por Falla a Lecuna -quien estaba en Uruguay-, el maestro acusa recibo de las partituras de la Sinfonía Fantástica, de los Cuadros de una exposición y del Viaje de Sigfrido que “tanto me alegra poseer por fin” y, con una redacción muy elaborada, le ruega enviar el importe”.

Página 8.

VII. En 2024 se cumplieron 150 años del nacimiento de Reynaldo Hahn (1874-1947), compositor, pianista, cantante, director de orquesta y escritor, quien llegó a tener tres nacionalidades: venezolana, francesa y alemana. En 2025, Aída Lagos y Rodrigo Figueroa coordinaron la publicación de Hahn 150 (abediciones, Alianza Francesa, Goethe Institut y la Embajada de Francia en Venezuela), que incluye textos de Catalina BankoHugo QuintanaStéfan EtcharryEnrique Alí González OrdisgoitiSofía BarretoAlejandro Castro y Philipe Blay. Reproducimos en la página 9 el prólogo de la publicación: “La partida de la familia Hahn a Francia en 1878, marcó el inicio de una travesía que transformaría al joven Reynaldo en un auténtico ciudadano del mundo. En París, su formación musical se vio influida por la efervescencia artística y los salones de la Belle Époque, escenarios en los que se gestaban las relaciones y amistades que definirían su carrera”.

VIII. La parte inferior de la misma página 9 viene Parsifal, ensayo de Karl Krispin, a propósito de la escenificación de la monumental ópera de Richard Wagner en Caracas, el pasado 23 de mayo: “Esta ópera guarda las claves de un fin de camino en las que se regresa a la totalidad del santo grial y el Espíritu Santo, como virtud restauradora. El 13 de enero de 1882 la completa. La ópera representó el reencuentro de Wagner con algunas ideas del cristianismo, aderezadas con la influencia que tuvo del budismo. Este reenganche con la simbología cristiana logró la molestia definitiva de Friedrich Nietzsche quien se contrarió de por vida con el compositor y dejó por escrito sus frases biliosas: “Richard Wagner, aparentemente el más victorioso, pero, en realidad, un decadente desesperado, se prosternó bruscamente, desvalido y quebrantado, ante la cruz cristiana”.

IX. Esta semana, las columnas vienen en la página 10:

Maye Primera, columna Miopías, cuenta en Gandoleras: “Mi padre siente fascinación por la mecánica y las carreteras, y entre las cosas que más le interesan de donde vivo en el extranjero están los vehículos autónomos y las autopistas. Yo le hablo de los Coco, los robots que hacen delivery de comida y parecen una cava con ruedas. Le hablo de los Waymo, los taxis sin chofer que ruedan por algunas ciudades. Le paso videos de cuando me los he cruzado”. Y así.

Anakarina Fajardo D’AlpaosMateria de sueños, habla de una agrupación teatral surgida en el Centro Médico de Caracas: “Hace 13 años, varios doctores activos del Centro Médico de Caracas coincidieron en el deseo de tener más que un estetoscopio para escuchar los latidos de sus pacientes, así que comenzaron a alternar las batas blancas con uniformes de sargentos, peplos griegos y trajes franceses sacados del clasicismo de Molière”.

Fanuel Hanán DíazSiete leguas, revisa los libros de Mónica KobiakovAlejandra MorrisonNacho Palacios & Leonardo Nieves, y Valentina Larrazábal, libros publicados por autores que forman parte de la diáspora, “que intentan responder una pregunta: ¿Cómo transmitir un país a los niños que crecen lejos de él?”

X. Aprovecho para recordar a los interesados, que la recepción para el concurso de cuentos de El Nacional estará abierta hasta el 14 de junio.

XI. Ahora sí me despido con mis buenos deseos para todos.

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Nelson Rivera.

 

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