Hoy levantamos una vez más la voz, con más fuerza que nunca, por un sector que lo dio todo por la construcción de nuestro país y que hoy se encuentra en el abandono más absoluto: nuestros jubilados y pensionados.
Es inaceptable, inhumano y una violación flagrante a los derechos fundamentales que quienes dedicaron su vida al trabajo formal hoy perciban ingresos que no les alcanzan ni para cubrir un día de alimentación básica, mucho menos para adquirir sus medicamentos esenciales.
Una realidad que cruje la conciencia nacional:
Ingresos de miseria: Las pensiones actuales representan una burla al esfuerzo de toda una vida, condenando a nuestros adultos mayores a la pobreza extrema y a la dependencia absoluta.
Salud en emergencia: Sin acceso a un sistema de salud público eficiente y sin recursos para farmacias, enfermarse en la tercera edad se ha convertido en una sentencia alarmante.
Vulnerabilidad total: Un país que olvida y maltrata a sus ancianos es un país que pierde su brújula moral. No podemos normalizar la indolencia.
No pedimos dádivas ni bonos clientelares que se disuelven en la inflación. Exigimos la restitución de pensiones dignas, justas y ancladas a la realidad económica actual, tal como lo establece la justicia social y nuestra Constitución.
La reconstrucción de la nación pasa, obligatoriamente, por devolverles el respeto a nuestros abuelos. Ellos no están solos. Seguiremos denunciando este atropello en cada rincón, porque la dignidad de nuestra gente no se negocia.
¡Por la dignidad de quienes lo dieron todo!

