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Juan Monsant Aristimuño: La migración y el derecho a la existencia

 

El Papa León XIV realizó su primer viaje apostólico al reino de España el pasado lunes 6 de junio, que extendió hasta horas de la tarde del viernes 12. Casi pudo haber sido hasta el sábado 13, de no haber intercedido de inmediato el Rey Felipe VI, cuando al momento de partir de regreso a Roma desde Tenerife, el avión Airbus A320 de Iberia que lo trasportaba desde el inicio de su periplo oficial, no pudo despegar por la avería de uno de sus dos motores que se negó a encender. Fue como si no quisiese que el Papa abandonase España.

Por supuesto, el Rey Felipe VI quien le acompañó en toda su gira, y se encontraba en el aeropuerto, puso a su disposición el Falcon 900 del Ejercito del Aire y del Espacio que le fuere asignado al momento de su investidura real, para garantizarle a su Santidad el Papa León XIV, su regreso a Roma ese mismo día, tal como se tenía planificado.

Esa gira oficial que se inició en Madrid y concluyó cinco días después en Tenerife, transmitiò la postura de El Vaticano sobre el significado íntimo del ser cristiano, en y ante el mundo, “urbi et orbi”, de la lacerante cuestión migratoria, sus orígenes, causas y efectos en la condición humana de quien emigra y, del país que le recibe.

En Las Palmas de la Gran Canaria ya en la conclusión de su viaje apostólico, en el mismo puerto de Arguineguín, por donde han arribado, naufragado, rescatados del bravío Atlántico, centenares, miles de africanos huyendo de  hambrunas y violencia de sus respectivos países. La gran mayoría de ellos víctimas de traficantes de personas, de mujeres para prostituirlas o esclavizarlas o asesinarlas.

Fue un llamado a la piedad humana y un agradecimiento al pueblo e instituciones españolas por haberlos acogido, a pesar del significado que ello conlleva para la seguridad y organización del propio reino de España. Donde se presentan conflictos interculturales inevitables, y de planificación de las instituciones públicas nacionales y regionales, incluyendo las sanitarias y seguridad.

Igualmente hizo un llamado al inmigrante para que haga un esfuerzo doloroso y sostenido por integrarse al pueblo que les acoge, obligándose a respetar las costumbres del país que les recibe, aprender su lengua, respetar sus normas sociales y sus leyes, para su total integración en paz y sin contradicciones de convivencia.

Por extensión, o contraparte a esta disposición del país receptor, y al llamado del Papa León XIV de acoger al inmigrante que huye de su propia tierra, se impone con igual urgencia, determinar las causas existenciales que obligan a esa emigración o diáspora, para lograr un equilibrio existencial compartido.

Definitivamente, se nos abren dos causas inmediatas: 1) la política y 2) la económica. Ambas, las más de las veces, van unidas a la inseguridad física que se genera a niveles insostenibles. Venezuela y El Salvador son ejemplos lacerantes de esta realidad. Sin entrar a analizar en profundidad esta aseveración, Venezuela víctima de una dictadura socialista iniciada en 1.998 que aún se prolonga con matices, a pesar de la extracción física de Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, bajo el argumento no político, sino el de la seguridad nacional de los Estados Unidos.

La historia venezolana nos dice que en 1.814 hubo un desplazamiento masivo interno desde la ciudad de Caracas, hacia el Oriente de Venezuela, por razones mismas de la guerra de independencia, pero desde ese entonces la nación no había conocido una migración masiva hacia fuera de sus fronteras, con todos los dramas humanos que ella conllevó.

El Salvador, por su parte, tuvo que emigrar por razones políticas durante la guerra interna, y luego por razones de seguridad personal por  el fenómeno de las pandillas delincuenciales conocidas como “maras”, término coloquial para designar agrupación de amigos que comparten gustos comunes. Pero en ambos casos, se dio la conjunción del hecho económico y del hecho político.

Es decir, no solo es el mandato a la solidaridad cristiana con el otro que se tiene ante sí, sino el de crear las condiciones elementales para que el ciudadano no se vea obligado a emigrar, sea por razones políticas, económicas o religiosas (como se da actualmente en el continente africano y en regiones de Asia y el Medio Oriente).

Dictaduras, rebeliones, bandas criminales, ausencia de oportunidades laborales y desarrollo, o todas ellas en conjunto, deben igualmente ser objeto de estudio y decisiones de la Comunidad Internacional organizada, para que un ciudadano, una familia, un joven no tenga necesidad de abandonar su espacio territorial donde nació.

Es obvio que, aparte de las razones humanas y/o religiosas para proteger al inmigrante, la comunidad internacional, los organismos colectivas de la comunidad internacional  adolecen de la ausencia de un cuerpo legal coercitivo y coactivo capaz de asegurar la paz interna, y entre los estados; por lo que ante ese vacío continuará en forma acelerada hasta llegar a un momento insostenible, el fenómeno de la emigración del propio territorio hacia otro territorio       en búsqueda de la seguridad existencial que no encuentra en el suyo.

No solo los buenos deseos y llamados a la misericordia  humana debe estar presente en este drama humano o crisis de civilización que ha llevado a algunos sectores, individuos u organizaciones pensar en crear las condiciones económicas y tecnológicas, que conduzcan a la conquista del espacio sideral,  donde su pueda desarrollar una nueva civilización autosuficiente, sin el lastre de la sobrepoblación terrenal.

Por otra parte, pensar, desear o imponer el predominio de un país, y su sistema económico y defensivo para alcanzar  la seguridad total sobre el resto de la humanidad, solo acarreará como consecuencia, la inseguridad total.

El mensaje cristiano sobre la migración es complejo pero inevitable, por lo que hay que enfrentarlo asumiéndolo en toda su dimensión. Es obligante para los judeocristianos, para Occidente, porque tenemos un origen sostenido en la libertad humana, el respeto por el otro y la abolición de la  esclavitud, cualesquiera fuere su expresión.

Hoy nos enfrentamos a un problema existencial muy grave, de la cual El Vaticano habla poco por razones obvias. Se trata de la persecución a los cristianos que se està produciendo actualmente en algunos países de Africa y en menor medida en Asia. Situación que el Vaticano registra  con exactitud y guarda en sus archivos, mientras reza por ellos, porque exteriorizar esta persecución, podría desencadenar una respuesta defensiva que no llevaría a ninguna parte, y nos retrotraería a  épocas anteriores al siglo XVII.

Actualmente al menos 15 países realizan sistemática persecución a los cristianos. Según informes oficiales más de 300 millones de cristianos enfrentan niveles altos de persecución en Corea del Norte, Somalia, Yemen, Libia, Sudán, Eritrea, Nigeria, Pakistán, Irán, Afganistán y Camerún. Más de 50.000 cristianos han sido asesinados entre 2024 y 2025; a ello debemos agregar el rapto y violaciones a mujeres e infantas, extraídas de sus escuelas, trabajo u hogares para ser violadas, esclavizadas o asesinadas.

Es obvio que El Vaticano conoce estos datos en profundidad, con mayor detalle de los que señalamos, y estamos conscientes que se trata enfrentar esta realidad lacerante con prudencia, sin escándalo, a fin de evitar mayores daños o respuestas, que no traerían una solución de fondo. Recemos por ellos, y apelemos a las organizaciones internacionales para ubicar y detener esta  discriminación mortal fuera de tiempo y de control.

La organización Puertas abiertas.com ha contabilizado en el período 2024-2025, 4.849 cristianos asesinados, 4.712 cristianos detenidos, 3.632 iglesias y propiedades cristianas atacadas, para un total alarmante cifra de 388 millones de cristianos perseguidos o discriminados en el mundo.

Son cifras imposible de ocultar, a pesar de la prudencia necesaria que nos exige conocerlas, investigarlas, situarnos frente a ellas, y buscar salidas inmediatas.

Como podemos observar, el problema de la migración nos toca de cerca por una u otra causa por lo que la debemos asumir, constatar, evidenciarla y acercarnos a propuestas factibles que superen esta indignidad fuera de época.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
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