Para Jacques Lacan el sujeto no es la persona de carne y hueso que adquiere consciencia frente a sí y la sociedad, sino es el resultado del lenguaje, creación impuesta mediante significado y significante. De manera que se produce una transición del ser humano (organismo biológico puro) al sujeto social que ingresa a un sistema cultural o lingüístico (orden simbólico).
Ese sujeto no habla el lenguaje; es el lenguaje que habla por él y lo desnuda ante el otro. Pues, se ve obligado a usar una palabra no inventada por él y es allí donde encontramos su herida ontológica: la alienación lingüística. Es un tránsito inevitable que le resta identidad propia a la persona para condenarse como un vacío estructurado. Pues, intenta desesperadamente llenarse mediante el deseo. Trata mantener viva la ilusión para, seguir existiendo como sujeto, aunque no haya saciado plenamente sus expectativas.
Es aquí donde entramos al “Yo” del sujeto que es su construcción imaginaria, su mundo ilusorio, su función de desconocimiento de la realidad. Ese sujeto depende de la imagen exterior, de lo que percibe del otro. Se moldea a las etiquetas sociales, a las costumbres, a las prácticas cotidianas. A partir de allí, inventa historias y justifica su existencia frente a la realidad que vive. Es un ser inconsciente que se deja atrapar por lo simbólico para, luego, construir su imaginario, expresado en identificaciones visuales, engaños e imaginaciones.
Estas apreciaciones lacanianas son pertinentes ante la realidad política que nos consume. El sujeto vive generalmente alineado en lo imaginario, creyendo en las ofertas engañosas de los líderes políticos y sometido a lo simbólico, obedeciendo a la narrativa institucional del orden y progreso, al aparente diálogo con sus opresores para una salida estructural. También vive ilusionado a viejos fantasmas, a salidas epopéyicas y alientos mesiánicos que despiertan emociones en el complejo tejido social. En fin, el sujeto está atrapado irremediablemente a la narrativa impuesta desde el portentoso aparato propagandístico y cultural.
Frente a esta lamentable realidad hay que seguir construyendo conciencia entre los individuos con procesos formativos e iniciativas organizativas desde los movimientos ciudadanos. Ante esa imagen idealizada del “padre protector” o “tecnócrata eficiente” para que el elector se identifique con ella, es urgente rescatar al espinoso sujeto, parafraseando a Slavov Zizek, con miras a irrumpir con fuerza en la arena pública y pueda despojar las máscaras de la alienación. Ese nuevo sujeto, irreverente por naturaleza, debe tener consistencia para resistirse y romper contra el _status quo_. Ese proceso de emancipación recae, principalmente, en los actores críticos (intelectuales, partidos políticos renovados y líderes sociales) ganados para el verdadero cambio.

