La profunda tragedia nacional que padecemos los venezolanos desde hace más de veintiséis años demanda de todos una elevada dosis de responsabilidad histórica, desprendimiento personal y sentido republicano.
La soberanía reside intransferiblemente en el pueblo, tal como lo establece el artículo 5 de nuestra Constitución. Esa voluntad soberana fue expresada de manera contundente el 28 de julio de 2024 y, desde entonces, el país ha vivido una prolongada confrontación entre la voluntad popular y quienes han pretendido mantenerse en el poder al margen de ella.
En este contexto, las recientes reuniones promovidas por María Corina Machado con diversos sectores políticos, concretamente en Panamá, han generado críticas debido a la presencia de dirigentes y organizaciones cuestionadas por sectores de la opinión pública por su actuación pasada frente al régimen. Las críticas son comprensibles en un país marcado por la desconfianza y las frustraciones acumuladas.
Sin embargo, la historia enseña que los procesos de transición democrática suelen requerir amplios entendimientos nacionales. Para rescatar la República, restablecer la vigencia de la Constitución y abrir el camino hacia una verdadera democracia, puede ser necesario dialogar incluso con quienes ayer estuvieron en posiciones distintas. La clave no está en depender de ellos, sino en mantener intacto el objetivo superior: la recuperación de la libertad, la institucionalidad y el Estado de Derecho.
Como suele decirse, parafraseando al estimado amigo Froilán Barrios, hay momentos en los que es necesario sentarse a conversar hasta con el diablo, pero sin entregarle el alma. El interés nacional debe estar por encima de los resentimientos, las diferencias y las ambiciones particulares.
En esa misma dirección se inscribe la reciente declaración del presidente electo Edmundo González Urrutia, quien ha reiterado que “los intereses de la República están por encima de todo” y ha planteado la necesidad de construir las condiciones para unas elecciones presidenciales verdaderamente libres, con árbitros independientes, no sólo CNE, también TSJ, garantías constitucionales y observación nacional e internacional.
Su posición constituye una demostración de desprendimiento democrático. Lejos de aferrarse a una aspiración personal, coloca en primer lugar la necesidad de alcanzar una solución política que permita la transición pacífica, la reinstitucionalización del país y la reconciliación nacional.
La liberación de Venezuela exige unidad estratégica, claridad de propósito y una visión superior de país. No se trata de quién capitaliza políticamente el cambio, sino de lograr que la República vuelva a pertenecer a los venezolanos.
Hoy más que nunca debemos recordar que ninguna persona, organización o partido está por encima de Venezuela. La causa es la República. El objetivo es la libertad. Y el compromiso debe ser trabajar juntos para que el mandato soberano del pueblo venezolano finalmente sea respetado. Una vez logrado el objetivo zanjaremos las diferencias. En este momento histórico, en que nos jugamos a “Rosalinda”, el oportunismo no tiene cabida.
Coordinador Nacional de El Comité de DDHH para la Defensa de Pensionados, Jubilados y Adultos Mayores.

