A los ciberdelincuentes les basta con replicar la lógica de una conversación normal para que un 14% de los casos los fraudes por WhatsApp se consuman en menos de cinco minutos. Imagen de un celular en el que figura un mensaje para perpetrar una estafa.
Cuando un mensaje basta para perder 577 euros: «Resulta muy difícil detectar el engaño cuando uno está inmerso en él»
Un mensaje aparece en la pantalla. Podría ser cualquiera: un contacto conocido, un aviso de una empresa, una supuesta urgencia familiar. El tono es cotidiano, casi inocente. Pero detrás de esa apariencia de normalidad se esconde, cada vez con más frecuencia, una trampa diseñada para actuar rápido y desaparecer antes de que la víctima tenga tiempo de dudar.Un nuevo estudio global de la empresa de ciberseguridad Kaspersky pone cifras a un fenómeno cada vez más extendido: las estafas a través de aplicaciones de mensajería provocan en España una pérdida media de 577 euros por víctima. Pero lo más inquietante no es solo la cantidad, sino la velocidad. Más de la mitad de los fraudes se consuman en menos de media hora. En un 14% de los casos, el engaño se resuelve en menos de cinco minutos.
La investigación, basada en más de 2.800 víctimas en distintos países, describe un patrón que se repite con precisión casi industrial. Los delincuentes no necesitan grandes sofisticaciones visibles para la víctima: les basta con replicar la lógica de una conversación normal. De hecho, las plataformas más utilizadas para iniciar el engaño en España son WhatsApp (46%), los SMS o iMessage (47,2%) y Telegram (18,4%). A menudo, el fraude ni siquiera se queda en un solo canal: en el 63% de los casos salta de uno a otro.Ese tránsito entre aplicaciones no es casual. Funciona como una estrategia para generar confianza. Un mensaje puede empezar en un SMS aparentemente inofensivo, continuar en WhatsApp y terminar en Telegram. En cada paso, la víctima percibe una coherencia que reduce sus sospechas.
Detrás de estos ataques no hay improvisación y, en ese contexto, la Inteligencia Artificial actúa como acelerador. Casi la mitad de las víctimas en España cree que los delincuentes utilizaron herramientas de IA para perfeccionar el engaño: mensajes automatizados, voces clonadas o imágenes manipuladas. El resultado es una versión sintética de la realidad, lo bastante creíble como para superar los primeros filtros de desconfianza. La frontera entre lo real y lo fabricado se vuelve cada vez más difusa.«Esta nueva generación de estafas está diseñada para resultar indistinguible de una conversación cotidiana», señala Marc Rivero, investigador principal del equipo Global Research & Analysis Team (GReAT) de Kaspersky. «La IA permite imitar marcas, voces y relaciones personales a gran escala».
Una realidad falsa
«La clave de estos fraudes es que los atacantes construyen una realidad falsa que parece completamente creíble para la víctima», explica la doctora Elisabeth Carter, lingüista forense de la Kingston University London. «Resulta muy difícil detectar el engaño cuando uno está inmerso en él. Por eso es importante comentarlo con otras personas: desde fuera es más fácil ver las señales de alerta».
El objetivo no es solo el dinero, aunque el impacto económico sea inmediato. En España, los datos más buscados por los estafadores son el número de teléfono (41 %), el nombre completo (39,5 %) y el correo electrónico (26 %). Información aparentemente inocua, pero suficiente para abrir la puerta a nuevas suplantaciones o fraudes posteriores. El engaño rara vez termina en un único golpe: el 28% de las víctimas reconoce haber sufrido tres o más estafas en apenas seis meses.
La pérdida media de 577 euros equivale, para muchos hogares, a gastos esenciales: la compra del mes, el recibo de la luz o el transporte. Aunque la mayoría de las víctimas pierde menos de 135 dólares, más de un 10% supera los 1.350.
El estudio también desmonta un prejuicio frecuente: estas estafas no afectan solo a personas mayores o con menor manejo digital. Se reparten entre generaciones, desde la Generación Z hasta la Generación X. La diferencia ya no está en la edad, sino en el momento de distracción.
Frente a este escenario, las recomendaciones de seguridad se apoyan más en el comportamiento humano que en la tecnología. Pararse antes de responder, comprobar identidades por vías alternativas, desconfiar de la urgencia y evitar enlaces sospechosos. Medidas simples que buscan romper el automatismo que los estafadores explotan.
La Voz del Galicia

