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Beatriz de Rittigstein: Propuesta pavorosa e imprudente

 

Hace unos días, durante la cumbre del G7 en Evian-les-Bains (Francia), en una de sus reuniones bilaterales, precisamente con el emir de Catar, Tamim bin Hamad Al Thani, el presidente Trump expresó abiertamente su frustración con la campaña militar israelí, abundando en calificarla de larga y costosa. Trump sugirió que Siria debería reemplazar a Israel en la lucha contra Hezbollah en el Líbano. Más adelante repitió tan ridícula propuesta, asegurando: “Estarán contentos de hacerlo, no les gusta Hezbollah”.

Aclaremos que, se trata de un movimiento terrorista libanés, creado y dependiente de Irán, es decir del radicalismo islámico chiita y para mostrar lo absurdo de la idea, basta con señalar que Siria está gobernada por un terrorista del islamismo radical sunita, Ahmed al-Sharaa, conocido por su nombre de guerra Abu Mohammad al-Julani, con un pasado estrechamente ligado al yihadismo; en 2011, al-Sharaa fundó el Frente al-Nusra, la filial siria de Al Qaeda. Todo ello lo debería inhabilitar para gobernar Siria y menos aún de resguardar al Líbano soberano.

En 1975, cuando estalló la guerra civil en el Líbano, la diversidad religiosa-ideológica del pueblo libanés y su delicado equilibrio desempeñaron un rol fundamental. El conflicto se intensificó a medida que fuerzas extranjeras, específicamente de Siria e Irán se involucraron y lucharon junto a diferentes facciones. En 1976, el entonces dictador sirio Hafez al-Assad negoció una tregua entre las partes, mientras trasladaba tropas sirias al Líbano con el pretexto de la inestabilidad generada por las fuerzas palestinas (OLP y FPLP). La Liga Árabe aceptó que Siria mantenga unos 40.000 soldados en el Líbano para separar a los combatientes y restablecer la calma.

En 1982, Irán formó una base en el valle del Bekaa, bajo control sirio; destacamos que la dinastía Assad es alauita, cercana a los chiitas. Desde esa base, la Guardia Revolucionaria Islámica estableció, financió, entrenó y equipó a Hezbollah para que operara como un ejército a la orden de Irán. A partir de ese momento, comenzaron los atentados suicidas con bomba contra estadounidenses y europeos en el Líbano. Hezbollah creció rápidamente hasta convertirse en una fuerza armada poderosa.

Tras unas 150.000 muertes y el éxodo de un millón de personas, en 1989, el Acuerdo de Taif marcó el fin de los combates y un comité de la Liga Árabe planteó soluciones al conflicto. Sin embargo, desde el fin formal de las hostilidades en 1990, las tensiones religiosas entre chiitas y sunitas persistieron. En mayo de 1991, el gobierno y el Parlamento libanés, aplicando los mandatos del Acuerdo de Taif, lograron que todas las facciones armadas que operaban en el Líbano se diluyan, con excepción de Hezbollah debido a que no participó en la guerra civil y se exhibía como resistencia, con su creciente poder militar y más adelante con su control político, dominó por completo al país.

En 2005, el asesinato de Rafik Hariri desencadenó la Revolución del Cedro y condujo a la total salida militar del Líbano. Siria fue acusada internacionalmente de orquestar el magnicidio, el régimen de Bashar al-Assad se vio obligado a retirar a sus tropas, poniendo fin a 29 años de autoridad militar.

Posteriormente, Bashar al-Assad, aliado del régimen de los ayatolas, permitió que Siria constituya un puente libre entre Irán y Hezbollah. A través de Siria, la teocracia iraní apoyó a su proxy más eficiente, cruel y, lamentablemente, exitoso durante largos años. Sin temor a equivocarnos, con la llamada operación beeper, que ocurrió en Líbano y Siria, entre el 17 y 18 de septiembre de 2024, en la cual miles de estos dispositivos y también walkie-talkies, explotaron hiriendo de forma contundente a sus usuarios, comenzó el declive de los terroristas chiitas. Adicionalmente, incrementando su debilidad, a los pocos días, el 27 de septiembre, en un ataque aéreo israelí contra el cuartel general de Hezbollah en el suburbio de Dahiyeh en Beirut, Hassan Nasrarallah, junto con altos dirigentes del movimiento terrorista fueron liquidados.

En resumen, el sometimiento y la influencia de Siria sobre el Líbano que se impuso en lo político, económico y militar, duró desde el 31 de mayo de 1976 hasta el 30 de abril de 2005, periodo en el que Siria actuó como una fuerza de ocupación y árbitro absoluto de los asuntos libaneses, por lo que resulta un craso error por parte de Trump el sólo mencionar que la actual Siria podría intervenir en el Líbano. Esa frase del presidente estadounidense debió causar pánico a los libaneses. Los ciudadanos democráticos de ese país valoran los combates de Israel y lo consideran como la mejor opción para desmantelar a Hezbollah, retomar la soberanía libanesa en todo su territorio, así como una ruta para el desarrollo y prosperidad.

 

Emisora Costa del Sol 93.1 FM
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