Una charla común, la tarde mansa,
el eco de la voz entre amigos,
cuando la tierra quiebra la confianza
y nos vuelve de pronto sus testigos.
Vibraron los cristales con violencia,
la cama se movió como una ola,
las paredes perdieron su inocencia
y la estructura colapsó, ya sola.
Corrí buscando el arco del destierro,
el marco del baño fue mi escudo,
quince segundos de cemento y hierro,
quince segundos de un espanto mudo.
Crujía el hogar, se deshacía,
trozos de mi mundo en el suelo,
mientras el tiempo se detenía
bajo el rigor de aquel flagelo.
Volvió el silencio. Caminé el abismo
sobre los restos de lo que fue mío.
La reja de metal, por el sismo,
se resistía con su abrazo frío.
Con un trozo de muro entre las manos,
golpeé con la fuerza del que insiste,
rompiendo los cerrojos inhumanos
que la urgencia de vivir desviste.
Pasillos de ceniza y de fractura,
escaleras de paso lento y cauto,
el lobby fue la meta y la ventura
de un escape que al fin se volvió auto.
Y al salir, la arena, el horizonte abierto,
el aire que en el pecho vuelve a entrar.
Atrás quedó el derrumbe y el desierto…
Me salvé, frente al mar.
Puerto Viejo Estado La Guaira, 24 de junio de 2026, 11:00 pm.

