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Ángel Lombardi: Olivar

 

Norberto José Olivar es un importante escritor venezolano, actualmente radicado en Buenos Aires. Con un lenguaje y estilo propios, ha creado una ficción literaria llamada Maracaibo, cuyo epicentro autobiográfico es un café-restaurante-bar de nombre indígena: Irama, que existe bajo el nombre neutro de Fuente de Soda Irama, impregnado del olor de la importación petrolera estadounidense que prevaleció de manera avasallante en la ciudad y en el país —casi saudita— durante las décadas de los años 50, 60, 70 y 80 del siglo pasado.

Norberto José Olivar

Norberto José Olivar.

Norberto, historiador de formación, comprendió rápidamente que la historia está llena de fábulas, mitos y leyendas, y que es mucho mejor ficcionarla de verdad: mezclarlo todo y convertirla en literatura —buena literatura— que, sin duda, será leída por más personas y resulta mucho más entretenida que muchos libros de historia que “echan cuentos” y lo llaman historia.

Todos los temas y personajes abordados por Norberto son reales en la crónica local, porque, en efecto, su verdadero tema y personaje es Maracaibo. Como me comentaba Umberto Eco en una visita a nuestra ciudad, era la ciudad que más deseaba conocer, pues era la ciudad de los piratas en los relatos de Emilio Salgari, leídos con pasión e imaginación durante su infancia.

Maracaibo, para quienes la habitamos, atrapa y arraiga de una manera sensorial, primitiva, ancestral. Tanto que, siendo la segunda ciudad de Venezuela —capital petrolera en su momento, moderna, dinámica y “progresista” a su manera, pionera en electricidad, telefonía, cine, etc.— nunca ha dejado de ser la ciudad-puerto del lago de la época del café, de finales del siglo XIX y comienzos del XX: el “glorioso ayer”, como lo han llamado, idealizándolo.

Por cierto, ese “glorioso ayer”, en términos urbanísticos, arquitectónicos y patrimoniales, fue casi totalmente destruido en la década de los 70.

Ciudad sin memoria, sin remordimientos y sin misterios, básicamente solar, de 40° a la sombra y “tierra del sol amada”, Norberto Olivar tiene el atrevimiento creativo de crear, recrear e inventar una ciudad de fantasmas y fantasmagorías: vampiros enigmáticos, asesinatos no del todo esclarecidos, poetas surrealistas, héroes ludópatas, paisajes alucinados, ambientes de bohemia, de ciudad modesta y de sociedad pacata o indiferente.

—para quienes tenemos el privilegio de conocer y ser amigos de Norberto— toca, de una u otra manera, su biografía, sus vivencias y lecturas, y sobre todo la difícil época que nos ha tocado vivir a los venezolanos en estas últimas tres décadas desastrosas, donde pareciera que se tratara de un castigo por el anterior medio siglo de bonanza, modernización y errores acumulados.

Hemos sufrido una avalancha de anacronismo: es como haber vuelto al siglo XIX, de caudillos, discordias civiles y empobrecimiento general, con la terrible novedad —primera vez en nuestra historia— de la emigración de ocho millones de compatriotas. Y estas tormentas, de una u otra forma, atraviesan toda su literatura, que las refleja con ironía y humor negro, con una escritura que destila realidad, elaborada tanto desde adentro como desde la otra orilla.

Me atrevería a pronosticar que, así como la ciudad tiene “su” poeta, Udón Pérez, en Norberto tiene a su narrador.

Generosas consideraciones del rector Lombardi (NJO)

Nota: En los próximos meses continuaremos reeditando el resto de los títulos publicados hasta la fecha.

 

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