La inteligencia norteamericana conocía su paradero desde hacía meses. Solo esperaban el momento preciso para dar cuenta del criminal. El secretario de Defensa norteamericano, Pete Hegseth, arribó sorpresivamente a la base naval de Guantánamo en Cuba para planificar nuevas acciones. Se cree que fue desde allí desde donde partió el superdron General Atomics M-9 Reaper con la misión de exterminar a uno de los elementos más nocivos. El mundo observó cómo con suma precisión la carga explosiva daba en el blanco. En ese refugio oculto en una zona minera del estado Bolívar se escondía Héctor Rutherford Guerrero Flores, el azote al servicio del malandraje organizado que fue amamantado por la revolución bolivariana para que fuera el eje tentacular de toda una maraña de trapisondas. Fue el creador de la banda delictiva “El Tren de Aragua”, responsable de un sinnúmero de fechorías. Un maestro para la extorsión y el secuestro. El régimen dio rienda suelta a este tipo de estructura al margen de la ley con la intención de obtener dinero mal habido en primera instancia, igualmente un mecanismo para acabar con factores disidentes. Con el paso del tiempo se transformaron en una organización terrorista al servicio de los intereses del gobierno en diferentes partes del planeta. Cuando estuvo recluido en Tocoron, vivió como un príncipe. Las mafias habían construido un paraíso en donde el hamponato se movía a sus anchas. Una cárcel con una serie de comodidades y confort propios del espíritu corrompido del gobierno. Un reclusorio con una discoteca que no tenía nada que envidiarles a algunas de Valencia y Caracas. Muchas de sus rumbas eran colgadas en la plataforma de YouTube. Áreas de piscina con parrilleros y zonas de buen esparcimiento. Un parque infantil y hasta un zoológico. Pista de motocross con algunas máquinas de gran calado. Internet de alta tecnología. Televisión satelital con todas las programadoras acreditadas en el país. Un centro hípico para las apuestas. Un restaurante llamado: «La sazón del hampa». Una especie de banco para las transacciones de los negocios ilícitos. Una dotación de armamentos que seguramente era la envidia de muchas medianas guarniciones. Un arsenal de última generación. No eran chuzos hechos de latones. Un equipaje para delincuentes con la anuencia oficial. Un gran mercado de chicas prepago en donde se han contado figuras de la televisión. Presentaciones de artistas como si habláramos de una sala de espectáculos. Héctor Rutherford Guerrero Flores, alias “Niño Guerrero”, manejaba todo aquello como un funcionario plenipotenciario. Sus negocios abarcaban un sinnúmero de mercados. Siempre contando con sus aliados revolucionarios, de lo que se confesaba seguidor. En las noches le permitían salir escoltado por la seguridad de la cárcel, todo un mecanismo retorcido de absoluta impunidad. Cuando se realizó una redada interna, previamente pactada con él, ya Guerrero tenía tres días fuera de la cárcel de Tocoron.
El Tren de Aragua se internacionalizó producto de sus vínculos con el narcotráfico y los grupos violentos de Colombia y el medio oriente ¿Quién logró conectarlos? Sin duda, la dictadura venezolana, ávida de presencia en los bajos mundos. Comenzó haciendo operaciones en los países del área. La operación Tokio desarrolló el lavado de dinero por más de cien millones de dólares entre el 2022 al 2025. El vil asesinato del teniente Ronald Ojeda Moreno, en territorio chileno. Una operación financiada por el régimen de Nicolás Maduro. Fue secuestrado por un grupo que se hizo pasar por un cuerpo policial austral, su cuerpo fue encontrado días después en una columna de cemento en una comuna en Maipú, si bien no fue directamente Héctor, quien conducía esta locomotora criminal era el niño Guerrero. Su muerte tiene varias aristas. La administración Trump le indica al interinato que están en sus manos. Los obliga a que cooperen entregando a sus amigos, de lo contrario tendrían que atenerse a las consecuencias. El nerviosismo entre sus huestes malhechoras es de pronóstico reservado. Dejando en el ambiente una estela de incertidumbre. Que, así como extrajeron a Nicolás Maduro el 3 de enero liquidando al sistema cubano de seguridad, pueden hacer lo que quieran. Tienen el control político, económico y militar. No hay ninguna probabilidad de zafarse de ese cerco. Son muchos los que sufren el sobresalto de comprender que sus vidas corren real peligro. ¿Quiénes serán los próximos? Por cualquier mecanismo que empleen desde Washington saben que tienen las de perder, cuando lo decidan le pondrán el cascabel al gato.
@alecambero

