Un país se pone la camiseta para ganar el partido más importante de la nación. La segunda vuelta presidencial es la conclusión de un proceso que terminará con la salida de los rufianes, demasiada desgracia en el sombrío panorama de una realidad calamitosa alimentada por la nociva experiencia de Gustavo Petro al frente del gobierno. De la Espriella frente a la caducidad de las ideas congeladas en el cerebro reverberante de Iván Cepeda. La lucha de dos visiones que son como la luz frente a las tinieblas. La democracia con grandes oportunidades de crecimiento social y económico, tendrá su némesis entre quienes pretenden el control asfixiante del estado para clavar la estocada. El socialismo en estado puro y en adsorbente muestra de absoluta impunidad cuando se trata de los sediciosos. La violencia logró recuperar espacios ante la abulia gubernamental.
Un balón histórico en una inmensa cancha bordeada por dos océanos. Los regatones deslumbran desde la cordillera hasta la Amazonía. Es templo de alegrías en la florida vestimenta guajira con el firme derrotero de Punta Gallinas, el punto más septentrional de América del Sur. Ciudades con el espíritu cosmopolita que las hacen urbes encantadoras. Las flores son cortejadas por el aroma del café que perfuma el alma de los colombianos. Los guacamayos con el atuendo multicolor de sus plumas danzan aborígenes desde los tiempos de la leyenda del Dorado. La gloria inmarcesible entre los brazos del júbilo inmortal. Y en medio de la horrible noche, la libertad sublime. Es fundamental tomar la invencible luz. Que esas cadenas que gimen hagan comprender las palabras de quien murió en la cruz. Una tierra que se baña en sangre de héroes, bendiciendo su pasión.
Abelardo de La Espriella se pone la camiseta. Aquella que representa la grandeza de una nación con grandes potencialidades para llenar la red de goles democráticos. Su impronta es el gol olímpico de Marcos Coll, el único en la historia de los mundiales, aquel 3 de junio de 1962 en el empate cuatro por cuatro ante la Unión Soviética en Arica, teniendo en el arco a la araña negra Lev Yashin, uno de los porteros más grandes de la historia. En sus palabras, la magia de Willington Ortiz, aquella destreza que tomó el brillo de la perla del Pacífico, que eclipsaba con la magia que traían las olas al besar las rocas. Verbo trascendente como los pases del pibe Valderrama. Emoción hasta el paroxismo con las tardes de gloria de Faustino Asprilla. Con el golazo de James Rodríguez a Uruguay en el Mundial de Brasil 2014 narrado por el Tato Sannin, la vida electoral traerá la victoria libertaria que pondrá en su lugar a la fallida experiencia presidencial de la izquierda. Llegó la hora del cambio democrático.
La camiseta de Colombia es la transformación para todos. Ella es la piel de la patria ilusionada. Es el regreso de la oportunidad de volver por la senda constitucional; la democracia tiene los arrestos para resistir ante los embates de la oscuridad. Abelardo de La Espriella será el nuevo presidente de los colombianos. Se inaugura una nueva etapa que estará llena de prosperidad.
@alecambero

