La primera vuelta de las elecciones presidenciales en Colombia se celebrará este domingo 31 de mayo de 2026. En caso de que ningún candidato obtenga más del 50% de los votos válidos, la votación definitiva se realizará el próximo domingo 21 de junio.
Aunque un poco más de 41 millones colombianos están habilitados para votar, históricamente las elecciones presidenciales en ese país registran una abstención estructural cercana al 47% o 48%. Sin embargo, como la tendencia de participación se ha ubicado entre el 52% y 54% en los comicios presidenciales más recientes, se estima que acudan a las urnas entre 21.5 y 22.5 millones de electores. Ese dato es importante, porque la estrategia del senador Iván Cepeda, candidato del oficialista Pacto Histórico, consiste en intentar romper ese techo de participación este fin de semana.
Las últimas encuestas de las principales firmas (como Invamer, Centro Nacional de Consultoría e AtlasIntel) confirman que la contienda presidencial se está dando en una carrera de tres bandas fuertemente polarizada, con Cepeda a la cabeza, pero seguido, no muy distanciados, por dos opciones de derecha. Según esos números el centro político ha quedado prácticamente anulado.
A lo largo de casi toda la campaña, el candidato de la izquierda se ha mantenido como el favorito para imponerse en la primera vuelta con un promedio de 37% a 39% de la intención de voto, pero lejos del 50% necesario para ganar sin balotaje. Cepeda intenta capitalizar el nivel de aceptación del presidente de Gustavo Petro, que se encuentra entre el 46% y el 55% de aprobación dependiendo de la firma encuestadora. En la recta final de su mandato, la opinión pública del país se muestra fuertemente dividida en mitades casi iguales sobre su gestión, pero el incremento del salario mínimo, el aumento del gasto público y la reducción en el precio de la gasolina han ampliado la base de apoyo del petrismo.
Del otro lado de la acera, el controversial abogado Abelardo De La Espriella ocupa el segundo lugar de las preferencias con un rango del 29% al 32% según AtlasIntel. Con una campaña muy efectiva en las redes sociales, similar a la que hizo el ex alcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández hace cuatro años, es el outsider de esta elección. Nunca ha ocupado un cargo público, no lo apoyan los partidos establecidos, pero su retórica de derecha radical y disruptiva, prometiendo mano dura contra la inseguridad, le ha tomado el terreno electoral y sociológico al uribismo.
En cambio, la también senadora Paloma Valencia y candidata del Centro Democrático (la derecha tradicional), se ubica en la tercera posición con un promedio del 16% al 19%. La protegida política del expresidente Álvaro Uribe busca captar el voto conservador moderado e institucional, pero sus posibilidades, al parecer, se han debilitado.
Su estrategia ha consistido en moverse al centro político, partiendo de la premisa de que allí están los votos necesarios para definir la elección. Sin embargo, esa moderación no le estaría dando resultados según los sondeos. Y tampoco a candidatos como Sergio Fajardo y Claudia López, que supuestamente son representantes genuinos de ese centro, pero aparecen relegados al fondo de las encuestas con cifras marginales de entre el 1% y el 3%.
El voto en blanco oscila entre el 2% y el 8.3%, mientras que un quinto del electorado aún se declara indeciso. Por consiguiente, su movilización el domingo será crucial. Mientras que De La Espriella apuesta al voto espontáneo, no comprometido y ajeno a los partidos, los comandos de Cepeda y Valencia esperan que la movilización de las maquinarias capitalice para ellos esos votantes. En el primer caso para resolver en primera vuelta la elección, en el segundo para pasar a la siguiente instancia.
Sin embargo, la crisis de seguridad y el orden público son el tema que puede explicar el fenómeno electoral que representa De La Espriella. El reciente recrudecimiento de la violencia y acciones terroristas han provocado duros cuestionamientos hacia la política de “Paz Total” del Gobierno, siendo ese el eje central del debate nacional. Este es el terreno en el cual el recién llegado a la política nacional colombiana se está moviendo con comodidad.
El Atentado de Cajibío (Cauca) en la vía Panamericana, perpetrado a finales de abril, ha sido uno de los más brutales de los últimos años. Las disidencias de las FARC (Estructura Jaime Martínez / Iván Mordisco) detonaron cilindros bomba contra vehículos de servicio público y civiles que transitaban por el sector de El Túnel, dejando 21 asesinados y más de 30 heridos (incluyendo indígenas y menores). El ataque provocó un cráter en la carretera e interrumpió por completo la conectividad del suroccidente del país.
Hace pocos días otro ataque con explosivos al Batallón Cartagena en Riohacha (La Guajira) por parte del frente “6 de Diciembre” del ELN lanzados desde una camioneta dejó 12 soldados heridos, causando graves destrozos materiales en los alojamientos y viviendas civiles aledañas. Estas acciones han avivado el rechazo ciudadano hacia el ELN en medio de las congeladas mesas de negociación. A eso hay que sumar una serie de ofensivas simultáneas y el incremento de coches bomba (Cali y Valle del Cauca) que mantiene en zozobra a los centros urbanos del occidente.
Las detonaciones de autobuses con explosivos han puesto de manifiesto la capacidad de las disidencias para trasladar el terror de las zonas rurales a las grandes capitales, mientras que la quema de camiones de carga en las vías, mantienen una constante sensación de desprotección e inviabilidad en las carreteras.
La consecuencia política de todas estas acciones es obvia: el escepticismo de la opinión pública y de la población en general frente a los procesos de diálogo con grupos armados, precisamente el centro del discurso de Iván Cepeda. De acuerdo con las mismas encuestadoras antes citadas, el temor al terrorismo y la exigencia de recuperar la autoridad institucional son las principales variables que mueven la intención de voto de los ciudadanos de cara a los comicios presidenciales.
De modo que, no es de extrañar, la dificultad de la candidatura del Pacto Histórico de ganar en primera vuelta. Se enfrenta a un “techo electoral” del 40%.
De acuerdo con análisis de la firma AtlasIntel, publicado por la revista Semana, Cepeda retiene aproximadamente el 65% de ese electorado que votó a Petro en 2022. Casi 1.5 millones de esos votos han migrado hacia la candidatura de De La Espriella.
Además, el perfil ideológico de Cepeda, profundamente ligado a la izquierda tradicional y al activismo de derechos humanos, le ha generado resistencia en los sectores moderados e independientes. Todo esto le dificulta sumar los apoyos necesarios para romper su techo.
La campaña de Paloma Valencia esperaba capitalizar el voto antipetrista, pero las cosas no le están saliendo como originalmente se había previsto. Si las encuestas tienen razón, y el Centro Democrático y sus aliados no consiguen repuntar por medio de la movilización partidista este domingo que viene, sería la segunda elección presidencial seguida en la cual la candidatura uribista se queda fuera de la carrera presidencial.
Ha sido Abelardo De La Espriella y no Paloma Valencia quien ha registrado un notable crecimiento en la intención de voto durante mayo, logrando distanciarse de ella, al consolidarse en el segundo lugar en la recta final. Al menos, insistimos, es lo que indican las principales encuestas publicadas antes de la veda electoral.
El Centro Nacional de Consultoría (CNC) ubica a De La Espriella con el 30,9%, en un empate técnico con Cepeda (33,4%). En contraste, Paloma Valencia cae al tercer lugar con solo el 12,6%. Invamer muestra a De La Espriella escalando al 31,6%, mientras Valencia desciende al 14,0%.
Incluso EcoAnalítica, tradicionalmente más favorable para las candidaturas del Centro Democrático, en su última medición situó a De La Espriella con el 27,5%, superando a Valencia, quien marcó 21,7%.
Los mercados de apuestas, que de un tiempo a esta parte se han convertido en especie de predictores electorales, otorgan a De La Espriella más del 70% de probabilidades de avanzar a segunda vuelta, frente a un marginal 1,6% asignado a Paloma Valencia.
Algunos sondeos le dan por primera vez a De La Espriella la posibilidad de ganarle a Cepeda en la segunda vuelta, absorbiendo todo el voto de Valencia en el balotaje, algo que hasta hace pocas semanas se veía poco probable.
¿Por qué De La Espriella superó a Paloma Valencia? Analistas políticos señalan tres razones principales que explican este cambio en el electorado de centroderecha y derecha tradicional: conexión emocional con el voto “antipetrista”, puesto que él tiene un discurso mucho más confrontacional y directo frente al Gobierno; la migración del voto uribista tradicional desde el Centro Democrático; y, probablemente, errores de estrategia en la recta final por parte de la campaña de Valencia.
No obstante, aquí nos permitimos agregar dos adicionales.
De La Espriella es, en buena medida, producto de la abierta estrategia de Petro de promover un candidato outsider que dividiera el voto de la derecha. Algo similar a lo que el kirchnerismo intentó en Argentina estimulando el ascenso de Javier Milei a fin de restarle opciones al macrismo.
Y la segunda razón, a nuestro juicio, se la podemos atribuir al propio expresidente Uribe. Se trata de una paradoja electoral; Paloma Valencia se ha beneficiado del apoyo que él le ha dado al otorgarle una estructura sólida y el aval oficial del Centro Democrático, pero la ha perjudicado al heredarle un fuerte rechazo que frena su crecimiento.
Uribe ha acompañado a Valencia en giras regionales (por ejemplo, en el Suroeste antioqueño) pidiendo el voto directo por ella, lo que le garantiza un piso mínimo de votantes (“el voto uribista duro”) que ninguna otra candidatura de derecha posee. Pero, al mismo tiempo, ese alineamiento absoluto por parte de ella le ha vinculado con los escándalos históricos, judiciales y políticos que arrastra el exmandatario. Esto le genera una enorme resistencia en los sectores de centro e independientes, fundamentales para ganar una elección general.
Al igual que el petrismo, el uribismo también tiene su techo.
En las últimas semanas, el propio Uribe ha pedido que “no cometan el error de atacar a Paloma por mis errores”. Pero, una de las cosas que están por verse el próximo domingo en Colombia es si la consigna “el que diga Uribe” sigue vigente o ya, definitivamente, es cosa del pasado.
@Pedrobenitezf

