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La homilía del Cardenal Porras en la Sagrada Familia, Barcelona España

 

El cardenal Baltazar Porras, desde la cripta de Antoni Gaudí.

¿Por qué estoy aquí?

Con esta pregunta, que es a la vez humana y teológica, se abre nuestro encuentro con el misterio de Dios en este lugar santo. Estoy aquí por invitación del padre Jordi, y vengo como peregrino de la fe, enviado a compartir con la comunidad venezolana y con la Iglesia universal que aquí se congrega.

Nos encontramos en la cripta de la Sagrada Familia, corazón originario de este templo, lugar de memoria, de fundamento y de confesión de fe. Aquí reposa el testimonio de Antoni Gaudí, arquitecto y creyente, cuya obra no puede comprenderse sin su profunda visión cristiana del mundo. Su arquitectura no es mera expresión estética: es una teología construida, una catequesis en piedra que eleva la inteligencia de la fe a través de la belleza.

Las columnas que nos rodean no son únicamente elementos estructurales; son signo de la creación ordenada, del misterio de Dios que sostiene todas las cosas en Cristo. En este sentido, el lenguaje arquitectónico de este templo se convierte en anuncio del Evangelio, donde la materia misma es asumida como mediación de la revelación.

En el horizonte de esta tradición, recordamos también la contribución de arquitectos que, en otros contextos históricos y culturales, han prolongado esta sensibilidad eclesial. Entre ellos, el arquitecto Manuel Mujica Millán, de origen vasco, cuya labor en Venezuela durante las décadas de 1930 a 1960 dejó una huella significativa en la restauración de la Catedral de Mérida. En su obra se percibe la continuidad de una convicción: que el arte sacro, cuando es auténtico, sirve a la fe del pueblo de Dios y a la edificación espiritual de las comunidades.

Reporte Católico

 

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