María Corina Machado entendió claramente el mensaje que Trump dio al mundo el 3 de enero al capturar a Nicolás Maduro: “ella (MCM) no cuenta con apoyo para unificar al país”. No estaba refiriéndose el catire al liderazgo que tiene la Premio Nobel de la Paz, el cual es incuestionable actualmente. Se refería a su incapacidad para articular y unificar laa diversas fierzas opositoras hacia un proceso de transición democrática en Venezuela.
La mujer que se inició en la política venezolana, desde su asesoría electoral en Sumate, ha tenido que reflexionar y cambiar de estilo para tratar de cristalizar el desplazamiento de las fuerzas que aún siguen aferradas al poder desde una férrea totalitaria. Tuvo que entender que, más allá de su magnetismo personal, sin una oposición cohesionado resultará imposible de dar al traste con este régimen criminal. Tenía que unir a tirios y troyanos para ese supremo objetivo.
Los gringos, unos expertos en Real Politik, se lo venían advirtiendo. “Si no hay una fuerza opositora articulada tendremos que reconocer a Delcy como presidenta”. Así de pragmática es la mentalidad de los que habitan en la Casa Blanca. Ellos no dan una puntada sin dedal. Todo lo hacen fríamente calculado cuando se trata de sus intereses y el petróleo venezolano es uno de ellos. Es duro decirlo, pero así actúan ellos.
María Corina tuvo que dar el paso crucial. Echó atrás algunos prejuicios, reunió y se sentó en una mesa con “titirimundachi”, aunque sabía que recibiría algunas críticas. No quedaba de otra, sino de acoplarse a la estrategia del Salón Oval. Lo mismo ocurrió con Rómulo Betancourt que tuvo que sentarse a finales de 1957 en Nueva York con sus rivales Rafael Caldera y Jóvito Villalba para firmar, luego, el 20 de enero de 1958 el “Pacto de Nueva York” como preámbulo al derrocamiento de Pérez Jiménez.
De manera que lo ocurrido en Panamá es una jugada de alta política, una jugada maestra. Aunque algunos no quieran reconocerlo y traten de satanizar dicho encuentro, María Corina demostró que está dispuesta a escuchar y a seguir uniendo al resto de los factores políticos para avanzar satisfactoriamente hacia una transición democrática. Pues, todavía faltan otras fuerzas en esa titánica tarea de unificar a Venezuela. Eso lo hace un verdadero estadista si desea obtener resultados exitosos.
¡Ya veremos en que queda todo esto!

