Observo con angustiante preocupación la tragedia personal a que son sometidos los escritores nicaraguenses Sergio Ramírez Mercado y Gioconda Belli por la feroz dictadura representada por la dupla mefistofélica de la pareja Ortega-Murillo.
Ramírez Mercado fue durante el primer gobierno sandinista el primer vicepresidente de Nicaragua una vez derrocada por una insurrección popular revolucionaria la oprobiosa tiranía de Anastasio Somoza Debayle. Gioconda Belli para la época era miembro de la legendaria dirección nacional del mítico Frente Sandinista para la Liberación Nacional (FSLN). La revolución sandinista fue en julio de 1979. Ya para esa lejana fecha ambos escritores eran dirigentes y líderes indiscutibles del proceso insurreccional revolucionario nicaragüense. Tanto Ramírez como Belli son hoy a estas alturas del devenir sociohistórico centroamericano dos figuras señeras de lo más granado del proceso cultural y literario del itsmo centroamericano, dignos representantes y continuadores de la tradición estética sostenida por el padre del Modernismo poético Rubén Darío.
Ramírez Mercado, 1942, (novelista y ensayista) Premio Cervantes de las letras y Gioconda Belli, 1948, Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2023), ambos respetables artífices y forjadores de la lengua de Cervantes en la novela y la poesía respectivamente, han sido declarados apátridas y traidores a la patria de Rubén Darío, sus libros prohibidos y confiscados y sus bienes expropiados, el estatus jurídico legal de la nacionalidad de ambos escritores reposa actualmente en un limbo, pues su condición en registros, notarías y entidades bancarias a lo interno del país nica es literalmente inexistente. Es como si el régimen terrorista oprobioso de la dupla diabólica Ortega-Murillo los hubiese declarado muertos. Similar situación padeció y sufrió el gran escritor cubano Guillermo Cabrera Infante, sometido a las más atroces humillaciones éticas, morales y políticas una vez el régimen comunista cubano lo aventó al transtierro involuntario, exilio forzoso que le costó al autor de La Habana para un infante difunto morir en Londres, lejos de su amada isla.
Dicho en un post de la red social X por el presidente colombiano Gustavo Petro, con esta aborrecible decisión de la pareja Ortega-Murillo, Pinochet queda como un niño de pecho ante tal deleznable y bochornosa decisión de confiscar las casas de los escritores donde un día leyeron y escribieron tal vez sus mejores novelas y sus más sublimes poemas.

