pancarta sol scaled

Manuel Barreto Hernaiz: La tiranía de la post-verdad: El ciudadano ante el espejismo de la opinión

Compartir

 

​En la Venezuela de marzo de 2026, el ciudadano no solo camina entre las dificultades de una economía en reconfiguración y servicios básicos intermitentes; camina, sobre todo, por un campo minado de informaciones contradictorias. Lo advirtió con lucidez Ignacio Contreras: el venezolano se tropieza con un Estado que emite una versión de la realidad y una sociedad política que, desde su propia instancia, proyecta otra. En medio, queda un público asediado por lo que Andrés Huergo Porta denomina la “diafonía ton doxon” del espacio cibernético.

​Debemos partir de una distinción clásica pero urgente: la opinión es doxa, no es episteme. Platón nos enseñó que el auténtico saber requiere prueba y rigor, mientras que la opinión es una creencia que no siempre amerita ser probada. Sin embargo, hoy la “opinión pública” parece haber perdido su conexión con la res pública —el bien común— para convertirse en un campo de batalla de ideologías fosilizadas.

​Giovanni Sartori nos alertaba sobre este peligro: cuando las ideas dejan de ser pensadas para ser mecánicamente repetidas, la cultura política se devasta. En nuestro contexto actual, donde se debate una Ley de Amnistía mientras se reconfiguran las cúpulas del Poder Ciudadano y el mando militar, el riesgo de una opinión pública “fabricada” es mayor que nunca. Estamos viendo cómo los hechos objetivos influyen menos que los llamados a la emoción, síntoma inequívoco de la posverdad.

​Este “sofismo contemporáneo” utiliza las redes sociales para hacer “fuerte el argumento más débil”. Sin el filtro profesional del periodismo —ese que garantiza objetividad y ética—, cualquier “tubazo” digital se convierte en una verdad incuestionable, aunque sea una mentira masiva sacada de contexto. El resultado es una sociedad vulnerable, víctima de la “Espiral del Silencio” de Noelle-Neumann: el ciudadano, por temor al aislamiento o a la represalia, calla su juicio crítico si percibe que no encaja en la narrativa mayoritaria, ya sea la del régimen o la de la burbuja digital.

​No podemos permitir que el vaticinio de Orwell en 1984 se normalice entre nosotros como un sistema unicéntrico de fabricación de opiniones. La democracia no se defiende solo en las mesas electorales o en los acuerdos de inversión petrolera; se defiende en la mente de cada ciudadano.

​Sostenemos, emulando la preocupación de Sartori, que la libertad política requiere de un sistema informativo plural y, fundamentalmente, de una ciudadanía educada. Una sociedad sin formación política adecuada ejerce sus funciones de manera nociva. Nuestra tarea inmediata, más allá de la coyuntura, es rescatar la razón del asedio de la posverdad. Solo así podremos transitar de la simple opinión al conocimiento real de nuestro porvenir.

Sociólogo de la Universidad de Carabobo. Director de Relaciones Interinstitucionales de la Universidad de Carabobo.

 

Traducción »