Que dulce sería este mundo si al manto de ozono fresco le remendaran la vida con hilos de caramelo. Que linda sería la tierra si la tierra tierra fuera con su fauna piel de monte y una flor en la conciencia. Que linda sería la tierra si la tierra tierra fuera. Y que libres los turpiales si sus vuelos consiguieran el camino limpiecito barrido por las estrellas. Que linda sería la tierra… Y que libre el ser humano si el latido regresara al pecho de los cocuyos y al canto de las cigarras. Que linda sería la tierra… Que puro sería el planeta si los ríos le regalaran un océano azul cielo donde lavarse la cara. Que linda sería la tierra… Que niño será este globo si los sueños permitieran que haya un Dios de comiquitas entreabriéndole la puerta.

Guillermo de León Calles.
Estos versos del querido poeta y amigo reflejan la delicadeza de su alma, la ternura y la fe profunda que acompañaron a Guillermo de León Calles a lo largo de toda su vida. Tuve la dicha de conocerlo y entablar amistad sincera gracias a los encuentros de la Asociación de Cronistas y en otras ocasiones en las que compartimos fraternalmente que me sirvieron para valorar y admirar la profundidad de su espiritualidad, la alegría con la que vivió sin complejos sus deficiencias visuales y la claridad de visión de la sociedad, del país y de la Iglesia.
En más de una ocasión hablamos de la necesidad de recoger su obra literaria, sobre todo su poesía de altos calibres que merece ser conocida y divulgada pues considero, sin ser especialista en la materia que estamos ante uno de los más altos exponentes del arte literario venezolano del presente. Su ausencia física deja un hondo vacío en su familia, en su querencia paraguanera, en la Asociación de Cronistas de Venezuela y en su activa participación como creyente practicante en la Iglesia católica falconiana.
Nacido en la legendaria villa de Pedregal el 17 de septiembre de 1943, falleció el 1 de febrero 2026 en manos de sus seres más cercanos. Recibió de su pueblo perenne reconocimiento en el que tuve ocasión de compartir con él y con su paisano Mons. Ulises Gutiérrez, arzobispo de Ciudad Bolívar, momentos muy gratos que recibió con la humildad característica de los grandes hombres.
Merecidos títulos adornaron su existencia y varias instituciones llevan su nombre. Pero no hay que echar al olvido su legado para que siga siendo luz y prez en estos momentos del país. Descanse en paz, querido Guillermo de León y canta con tu fino verso a la Virgen ante el trono del Altí

