El bienestar psicológico, considerado el «motor invisible» de la actividad académica, se encuentra en niveles críticos dentro de las universidades venezolanas. El Observatorio de Universidades (OBU) ha hecho públicos, a través de su cuenta en Instagram, resultados alarmantes que describen una realidad de agotamiento, desesperanza y cuadros clínicos no atendidos que afectan la productividad y la vida de quienes integran el sector.
Las cifras discriminadas muestran un panorama desolador. En el caso de los profesores, el 61% manifiesta tener tres o más síntomas de depresión, mientras que un 31% padece ansiedad persistente. Además, el 38% de los docentes ha perdido el interés por realizar actividades cotidianas, un indicador clave del desgaste profesional y personal derivado de la crisis multidimensional que atraviesa el país.

La situación de los estudiantes es aún más acuciante: el 69% presenta tres o más síntomas depresivos y más de la mitad (51%) reporta ansiedad persistente. Para el Observatorio, no es posible proyectar un futuro académico sólido si se ignora el presente emocional de sus protagonistas. El organismo exige la implementación de políticas urgentes que reconozcan la crisis como un problema de salud pública dentro de los campus, garantizando apoyo psicológico y condiciones mínimas de estabilidad para la comunidad universitaria.
JoséMa Escalona – El Impulso

