Las agresiones de los grandes tecno-oligarcas contra la democracia, las libertades y el Estado de Bienestar en Europa viene de tiempo atrás. La novedad radica ahora en que prescinden de sus terminales políticas ultraderechistas. Los Musk y los Durov han decidido encabezar en primera persona las agresiones liberticidas.
Estos personajes multimillonarios han creído siempre que el dinero ha de mandar, y que los votos y las instituciones deben doblegarse y ponerse al servicio del dinero. En realidad, lo suyo no es una tecnocracia moderna, ni tan siquiera una renovada aristocracia tecnológica, sino la simple plutocracia de siempre, el poder de los que tienen más dinero.
Durante un tiempo, estos personajes adinerados guardaron ciertas formas, utilizando a los Trump, los Bolsonaro, los Millei, los Frarage, los Le Pen, los Ayuso y los Abascal para hacer el trabajo sucio desde la legitimidad de los gobiernos democráticos, aunque surgieran de procesos adulterados por sus manipulaciones en las redes. Ahora han decidido que no es necesario esconderse o disimular.
La polarización forzada, la promoción del odio y la desinformación masiva han llegado a tal nivel en nuestras sociedades, que estos tecno-oligarcas contemplan el escenario suficientemente maduro para pasar por encima de quienes se resistan a sus desmanes, en primera persona y sin caretas.
Su objetivo es acumular dinero y poder sin límites, a costa de los derechos y el bienestar de las mayorías. Para cumplirlo necesitan de administraciones alineadas con sus intereses y adocenadas ante sus abusos. Requieren de gobiernos que renuncien a regular sus negocios haciendo prevalecer el interés general. Demandan gobernantes que no les cobren impuestos con los que financiar el Estado de Bienestar para asegurar una vida digna a las mayorías.
Atacan a Pedro Sánchez porque les ha plantado cara.
Sánchez ha anunciado que en España se regularán los negocios de la tecnocasta, asegurando la prevalencia del interés general, del derecho a la información veraz, del combate a los bulos, de los derechos de los trabajadores y del cobro de impuestos suficientes y progresivos.
Y para el que no cumpla con la ley, habrá prohibiciones, infracciones, sanciones y acción de la Justicia.
Esto no va contra la libertad, sino contra los liberticidas de la tecnocasta.
Se acabará la impunidad y los dueños de las redes sociales serán responsables de los delitos que se cometan en sus negocios. Se penalizará la manipulación de algoritmos para favorecer intereses políticos o económicos espúreos. Se prohibirá el uso de redes sociales por menores de 16 años, para defender sus derechos y protegerles de aquellas manipulaciones. Se seguirán las huellas de los promotores de odios y desinformaciones. Y la fiscalía actuará contra los responsables de todas estas tropelías.
España se convierte así en referente internacional de la resistencia contra los abusos de la tecnocasta, en defensa de la democracia, las libertades, el Estado de Bienestar y los intereses de la mayoría social.
La tecnocasta tiene dos terminales políticas en España. Abascal y los suyos no esconden su vasallaje ante Trump, Musk y demás extranjeros multimillonarios, a pesar de que se llaman a sí mismos patriotas y presumen de pulseritas rojigualdas. Feijóo sigue en esto también la estrategia de copiar a Vox, siempre un poco más tarde, siempre un paso por detrás.
Tienen dinero y tienen poder, sí. Pero si creen que eso será suficiente para doblegar a la sociedad española y a su gobierno, es que nos conocen poco.

