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Rafael Gallegos: Mundo repartido

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Petróleo sin Reservas.

Nos han dicho que Caín mató a su hermano Abel por envidia. Tal vez sea más geopolítico plantear que lo hizo por quedarse con el rebaño de ovejas de Abel, que había sido más exitoso que su negocio de agricultura. Desde aquellos lejanos años los vencedores se repartían las propiedades de los vencidos. Por cierto, el asesinato fue con una quijada de burro, que se convirtió en la primera arma de destrucción masiva, ya que el mundo entonces tenía apenas cuatro habitantes (Adán, Eva, Caín y Abel). O sea que la quijada mató al 25 % de la humanidad.

La historia nos enseña que los vencedores tomaban las propiedades de los vencidos y de paso los esclavizaban. Siempre las guerras, a veces con grandes excusas, como el rescate del Santo Sepulcro en las Cruzadas, donde realmente lo que se buscaba era liberar la ruta de las especies para Europa. Luego Colón quiso buscar la vía alterna para éstas, y se le atravesó lo que después se denominó América.

En la primera guerra mundial, los ingleses y los franceses lograron el apoyo de los árabes – entonces bajo la tutela del imperio otomano- al prometerles la libertad y la unidad de su mundo. Pero al ser derrotados los otomanos, los europeos no cumplieron y por el contrario se repartieron entre ellos el mundo árabe – que ya olía a petróleo – y trazaron los límites sobre los mapas, hasta con reglas.

En la reunión de Yalta a finales de la segunda guerra mundial, se repartieron el mundo. El “aliado” Stalin les impuso a Roosevelt y a Churchill que colocaría a media Europa bajo su tutela. Así nació la bautizada por el genial Churchill “cortina de hierro”. El planeta Tierra quedaba dividido entre comunistas y capitalistas. La bomba atómica generó la “guerra fría”, ya que las potencias no se enfrentaban directamente por el peligro de extinción nuclear, sino indirectamente en guerras lejanas como Corea, Vietnam, Irán- Iraq, etc.

El mundo estaba repartido, pero lo único eterno es que nada es eterno. Las caídas del Muro de Berlín y de la Unión Soviética en la última década del siglo XX, desequilibraron el reparto. Y este desequilibrio ha durado lo que va de siglo XXI.

USA, Rusia Y China

Ahora las potencias son tres, y cada una pide su espacio. Rusia invade Georgia en 2008 y le toma territorios, luego se anexa Crimea en 2014. Y ahora intenta lo mismo con Ucrania. Putin requiere – a lo Hitler – su espacio vital. Trump, pensando en sus “repartos”, luce complaciente y de paso, intenta debilitar a Europa.

Complaciente porque los norteamericanos necesitan limpiar el Caribe de la presencia China, Rusia, e Iraní y recuperar su influencia en la zona. Por otra parte, su esquema de seguridad requiere de Groenlandia, una masa de hielo noruega, pero mucho más cercana a América que a Europa, y con una posición estratégica que se incrementa por el mundo económico que crea el deshielo en la zona Ártica.

Y China necesita recuperar Taiwán, la isla (ex Formosa), a donde huyó de Mao el derrotado Chiang Kai- shek cuando China se hizo comunista. Pero la isla es la gran productora de microchips chips (90 % del mundo), por lo que Estados Unidos se opone radicalmente.

El Reparto

Cual barajitas, las potencias conversan sobre sus nuevas áreas de influencia. En el mejor de los casos Ucrania perderá territorio. Te cambio Ucrania por el Caribe, pareciera decirle Trump a Putin. Y Cuba, otrora intocable por el acuerdo Kennedy – Krucheff en 1962 cuando los misiles, pierde su importancia estratégica, le interesa menos a los rusos. Por eso Trump amenaza a la isla. Sabe que ya no es fundamental para Rusia, y que no habrá consecuencias.

Por su parte China insiste con Taiwán, pero no con tanta fuerza porque sabe que su economía tiene como principal mercado a Estados Unidos. Y se hace fuerte en Irán, país que dota a los chinos de petróleo, de drones, y se muestra como un gran mercado. De hecho, cuando el bombardeo norteamericano a Irán, los ayatolas amenazaron con tomar el Estrecho de Ormuz y Estados Unidos con acabarlos; pero China los salvó de abandonar el poder. Exigió a su protegido Irán en el reparto del mundo que se hacen las potencias. Y USA, se echó para atrás. De paso, los rusos los apoyaron porque China les compra mucho petróleo.

Así, se forja un equilibrio de las potencias en el siglo XXI. Repartiendo tierras, que hoy llaman áreas de influencia. Lo hacen con delicadeza, sin caer en guerras directas, porque los tres tienen armas atómicas, las nuevas armas de destrucción masiva, que cual la lejana quijada de burro pueden destruir la cuarta parte de la humanidad… o más.

Venezuela

Nuestro país entra en el reparto, ahora con el método Trump – Rubio tipo lema de aquella línea aérea Panamerican: tutele ahora y democratice después. ¿Qué tan largo me lo fiais? … habría que parafrasear al teatro español.

Comienza manejando el petróleo venezolano para incorporarlo a su sistema energético; pero más allá de la energía – fundamental- Estados Unidos busca volver a hacer del Caribe su área de influencia, tal como sucedió a comienzos del siglo XX luego de las acciones en Puerto Rico, Cuba, los países bananeros y la construcción del Canal de Panamá. Claro que hoy hay diferencias; pero el fin es el mismo.

Historias que se repiten desde Adán, o desde las cruzadas. El rol de los venezolanos es insertarnos nuevamente en el mundo occidental, pero manejando nuestros propios recursos. Tenemos el deber imprescindible de ser soberanos y democráticos, que es lo mismo.

Es la hora de aprender a jugar – y ganar – en el tablero.

 

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