(…) Por lo tanto, este es el momento de garantizar que las reformas sean sostenibles y que no se arraigue una versión actualizada del mismo régimen fallido.
Atlantic Council / Memorándum Recomendaciones Venezuela/Recibido por el correo de Mercedes Vivas Orts, 09-02-2026.
Toca asumir el riesgo de aceptar que las cosas en política de Estado no son como quisiéramos a los efectos de recuperarnos de los perjuicios de una revolución fallida. No lo son, sobre todo, cuando asistimos a la necesidad de aceptar que el cambio del autoritarismo dictatorial a la democracia de inspiración parlamentaria, depende de una intervención extranjera. Intervención que impuso una hoja de ruta que si bien no es lo que quisiéramos cuando soñamos el país que queremos, pero que objetivamente ofrece opciones viables para concretar los propósitos de reforma que nos saquen del colapso institucional generalizado.
La abundancia de energía transable en el ávido mercado internacional hace posible que la idea de democracia no sea una quimera. Todo lo contrario, si aprovechamos oportunamente lo que natura nos ofrece generosamente, podremos administrar los desafíos de una reforma general del Estado que haga viable el desarrollo económico y el cumplimiento de los compromisos de justicia social que encarna la democracia. Aun después de 27 años de demolición sistemática de las bases físicas y espirituales que sustentan la institucionalidad democrática. Hay oportunidad, valoremos los riesgos y desafíos que supone el avanzar democráticamente desde el atraso histórico al siglo XXI.
Oportunidades tenemos, sin duda alguna, pero que obligan a comprender una situación política que se presenta como una rueda de molino que hay que tragarse, porque siempre habrá quien diga “te lo dije que las cosas no salieron como se creía inocentemente”, o peor aún se tilde a esa aceptación de riesgos como comportamiento político de “oportunismo de alacranes traidores a la causa popular”. Ello a propósito de aceptar que la connivencia de extremos como son Trump-Rubio y Delcy y Jorge Rodríguez, pueda ser punto de partida para una transición electoralmente orientada, si lo hacemos bien. Cosa que reclama mucho trabajo… y tolerancia de ideas y comportamientos en contrario a nuestras convicciones más íntimas. También que dejemos de seguir demoliendo al liderazgo nacional y extranjero en beneficio de una religión política de perfección inhumana. Tenemos que sumar no restar apoyos porque la popularidad puede ser como pluma al viento.
Tampoco las cosas son como quisiéramos que fueran en educación, cuando toca aceptar la urgente reforma educativa en tiempos de una transición, en la cual tendrá espacio un liderazgo pedagógico causante en buena medida de la emergencia humanitaria compleja que afecta el desempeño educativo del país. Hablamos de parte de la alta burocracia que ha protagonizado desde el 2002 una gestión y política pública inspiradas sustantivamente en lo que fue la vanguardia autoritaria y militarista de la educación en el siglo XIX, principios del XX. Todo sea por priorizar la restauración de una institucionalidad educativa que administre con determinación los retos y desafíos que tenemos aquí, ahora, para de ahí avanzar con determinación a la educación del siglo XXI en términos de cantidad y calidad. Construcción de institucionalidad que pasará por ajustes a lo que hoy todavía resta, entre otras cosas porque una reforma a fondo no es todavía financiable desde la abyecta precariedad que nos dejaron. Tenemos que avanzar desde la recuperación de la educación para todos a la de educación calidad para todos y eso es muy, pero muy caro, en términos de tiempo y dinero.
Revista N° 1.058 Memoria Educativa Venezolana, paso a paso

