Los hallazgos de la Encuesta Nacional de Consumo Cultural 2025 del Instituto de Investigaciones de la Información y la Comunicación (Idici) de la UCAB, dan cuenta de una transformación profunda en cómo los venezolanos acceden a la lectura y la cultura.
Estos son los puntos clave:
Casi la mitad de la población venezolana (45,9%) consumió al menos una obra literaria. Esta tendencia da cuenta de una marcada diferencia de género, pues las mujeres presentan un índice de lectura de 50,9%, superando notablemente el 41,0% registrado por los hombres.
Educación y nivel socioeconómico influyen directamente en los hábitos de lectura. El porcentaje de lectores crece de 37,3% en quienes solo cursaron primaria hasta 54,7% entre universitarios, mientras que en el estrato E alcanza apenas 34,8%, frente a 49,1% en los estratos A-B-C.
Las mujeres prefieren cuentos y novelas, autoayuda y temas de salud, a diferencia de los hombres que se inclinan por la lectura de textos de historia y técnicos, reflejando patrones de socialización y oportunidades educativas diferenciadas.
El estrato socioeconómico resulta determinante para comprender los hábitos lectores. Mientras los sectores de clase media y media-baja presentan tasas cercanas a 50%, en los estratos más vulnerables la cifra cae a 34,8%. Esta disparidad trasunta no solo la desigualdad en el acceso material al libro, sino también las brechas en el bagaje cultural y el entorno educativo del núcleo familiar.
Preferencias de lectura: Religión y educación
La literatura religiosa lidera los índices de lectura con 35,0%, posicionándose por encima de la narrativa (27,0%), la historia (24,0%) y textos escolares (19,1%). Esta tendencia pone en evidencia que los lectores con menor formación académica encuentran en la fe su principal incentivo para leer, quienes poseen estudios superiores optan por temáticas variadas y laicas. Asimismo, el estudio resalta la influencia de los líderes espirituales, responsables de que 10,4% de los participantes seleccionara su lectura más reciente. Este impacto es especialmente notable en comunidades vulnerables, lo que confirma que las organizaciones religiosas operan como agentes fundamentales en el fomento del hábito lector en sectores populares.
El papel y la pantalla coexisten
Aunque la digitalización es una realidad incuestionable, el libro físico sigue siendo popular, especialmente entre los mayores y los menos educados. 52,9% de los lectores utiliza el formato impreso, predominando en adultos mayores y personas con educación primaria.
El celular se ha consolidado como el dispositivo de lectura por excelencia para los jóvenes de 25 a 34 años (72,5%). Ya no se lee en e-readers especializados (Kindle) o tabletas (solo 20,2%), sino en la pantalla que ya está en la mano. Sin embargo, la lectura digital parece ser más fragmentada o utilitaria: solo 14,7% lee digitalmente todos los días.
El entretenimiento es la principal motivación para leer (64,0%), seguido por el estudio (47,1%). Sin embargo, las razones varían según el grupo poblacional. Las mujeres leen más por estudio y recomendaciones religiosas, mientras que los hombres lo hacen por capacitación independiente. El nivel educativo también influye: los universitarios leen mayoritariamente por entretenimiento, mientras que en primaria, la lectura está más vinculada a obligaciones o influencias religiosas.
Por qué no se lee: Desinterés y falta de tiempo
El 54,1% de la población venezolana en 2025 no leyó un solo libro: El desinterés o aburrimiento encabeza la lista con 40,9%, una cifra que se dispara a 66,7% entre los jóvenes de 18 a 24 años, revelando una brecha generacional significativa en la relación con los libros. Le sigue la ausencia de hábito lector (27,1%) como la causa de su alejamiento de la lectura. La falta de tiempo, ese recurso cada vez más escaso, es mencionada por 20,2% como barrera. Llama la atención que el factor económico, a menudo señalado como principal obstáculo cultural, apenas representa 0,9% entre quienes no leen, lo que sugiere que el problema no es tanto el precio de los libros como la desconexión actitudinal con ellos.
De todos los resultados de esta encuesta sobre hábitos de lectura del venezolano, resulta pertinente recordar la dimensión ritual que imponía la cultura del libro impreso: una liturgia corporal que exigía la inmovilidad física como condición necesaria para la movilización del espíritu. McLuhan ya anticipaba que las transformaciones en el soporte material de la información conllevan mutaciones profundas en los procesos cognitivos.
Siguiendo esta línea interpretativa, podemos establecer un contraste fundamental entre dos modelos de gestión atencional: por un lado, el que imponía la cultura impresa, caracterizado por una introspección disciplinada de carácter secuencial; por otro, la lógica operativa de plataformas contemporáneas como TikTok e Instagram, que estructuran la experiencia en torno a lo que podríamos denominar un mosaico cultural inmediato. Esta dinámica se materializa en el scroll digital —ese desplazamiento continuo sobre las pantallas—, cuya estética fragmentaria remite al videoclip, género musical que anticipó en el siglo XX el concepto del montaje acelerado y la asociación libre de imágenes.
Este nuevo contexto configura lo que cabe conceptualizar como un régimen ciber-escópico, entendido como el conjunto de prácticas visuales dominantes en la sociedad red. En él, la lectura lineal del mundo —esa progresión ordenada de izquierda a derecha, de principio a fin—, ha sido progresivamente sustituida por un escaneo fragmentario y vertiginoso.
La profundidad interpretativa que otorgaba la pausa reflexiva, asociada a la lectura de libros físicos, cede terreno ante la inmediatez del consumo acelerado. Vale la pena destacar que, en este ecosistema, predominan los formatos breves y autónomos —un video de quince segundos, un titular, un meme— que raramente desarrollan ideas completas, argumentadas o complejas, privilegiando la estimulación sensorial inmediata sobre la elaboración sostenida del pensamiento.
En suma, la práctica de la lectura en Venezuela se mantiene limitada: menos de 50% de los ciudadanos leyó al menos un libro en 2025. Según las cifras, el desinterés y la falta de hábito superan al costo como principal barrera, afectando a 68% de quienes no leen. Por otro lado, en cuanto a soportes, el teléfono móvil ya compite con el papel; esto ha impulsado entre los jóvenes una modalidad multimedia que combina texto y audiovisual, redefiniendo así el concepto tradicional de lectura.

