Jesús de Nazareth, hace XXI siglos, planteó la necesidad de amor y el perdón. Dio su vida por el profundo amor que sentía por la creación humana. Predicó y enseñó una maravillosa doctrina donde el amor y el perdón son el fundamento principal de la misma. Una porción numerosa de la población mundial seguimos la doctrina cristiana. Con defectos y fallas humanas, practicamos el perdón, nos comprometemos con el amor, y a diario luchamos contra nosotros mismos, para ser cada día mejores personas. En la juventud, se cometen errores. Sirve el dicho:” Errar de humanos es, rectificar de sabios”. Algunos cometemos errores más graves que otros. ¡Gracias a Dios! En mi caso, tomé consciencia y me arrepentí. He narrado en otras oportunidades cómo fue posible, que se diera esa profunda transformación en mí persona y dejara de creer en el marxismo-leninismo-maoísmo para siempre. Cada vez que recuerdo esa “locura” doy gracias a Dios, Nuestro Señor: al darme cuenta de mi error y salirme de ese “embrollo mental”, que no dudo, se trató de una manera “enajenada” para pensar y actuar en la vida.
Poco a poco fui entendiendo muchos aspectos qué en la vida cotidiana, me atrapaban y mortificaban. Al saber que: “Dios es el camino y la vida”, al metabolizar esa frase logré calmar, la sensación de culpa. Lo que me atormentó por años. ¿Por qué yo, creyente de la paz y armonía, había transitado por esos caminos de agresión y violencia? Tuve que hacer terapia para encontrar una salida sana a mi situación.
Por otra parte, quizás, no lo saben los jóvenes, mi “locura” revolucionaria fue castigada. ¿La sanción? la expulsión de la UCV; cuando regresé a la vida universitaria, después de la suspensión, era otra. Aquel movimiento universitario: la renovación pasó a ser recuerdo, con logros y también terminó.
Se hicieron reformas importantes: el co-gobierno se instauró en todos los niveles de la vida universitaria. Se crearon los Consejos de Escuela, se amplió la representación estudiantil. Se suspendieron las “tomas”. Se eligieron nuevas autoridades rectorales, y ellos, nos reincorporaron a los cargos: la calma y la cordura se impuso. Empezamos a reflexionar. Ya no éramos unos “muchachos, jóvenes y rebeldes”. Teníamos 30 años.
A mi edad, pienso, éramos jóvenes todavía. Sin embargo, 30 años marcan un momento definitivo entre la situación juvenil y la verdadera adultez.
Ser joven se puede constituir en una excusa permanente, para explicar esos dislates cometidos. Especialmente, en la Venezuela de esos años, con mayoría de jóvenes por todo el país. Decía Sir Winston Churchill: “Quien no es de izquierda joven, es insensible; quien sigue siéndolo a los 40 es imbécil”. Sin duda, cometemos toda clase de equivocaciones en nuestra juventud. No obstante, debemos saberlo, hay errores y errores. Algunos cuestan la vida, la libertad o, el buen nombre, son aquellos que no se deben cometer. Otros, los más, por fortuna son una escuela, una enseñanza para no volverlos a cometer y para aprender de ellos, denominados “maestros negativos”, por los chinos. Esta escuela de vida es fuerte y compleja, más para quienes como yo, “empujamos el pedal a fondo” y vivimos con intensidad.
Creo necesario explicar, algunas cuestiones. Después de revisar mi juventud, transcurrida en la época, de Pérez Jiménez, llegué a la conclusión: PJ fue un dictador, sin dudas, más no un destructor del país. Esa la gran diferencia, con esta gente. Terminado su período de gobierno dictatorial, el año de 1958, se pudo en menos de un año, reorganizar la democracia y echar a andar, con tropiezos y dificultades, pero en Libertad y construyendo la democracia. Las situaciones fueron diferentes, quienes lo vivimos, lo sabemos. Dios nos proteja y ampare, nos de la certeza de lo que se debe hacer para reconstruirnos y perdonar. Implica que se haga justica. Sin duda, torturadores, esbirros y violadores de los derechos humanos, no quedaran sin juicio. Distinto es que nuestras vidas queden pegadas por siempre al rencor y al resentimiento.
Convencida de que, uno de los primeros pasos que tendremos que dar, implica quitarnos el rencor, el resentimiento, el deseo de revancha contra quienes maltrataron, mortificaron, robaron y violentaron, nuestro país por más de 28 años. En efecto la tarea de perdonar, no es fácil. Pretendo haber pasado la prueba, logrando perdonar daños y agresiones; decía la Madre Teresa de Calcuta: “Perdonar requiere valor, olvidar es un acto de amor.” Logré perdonar. ¿Olvidar? Conseguido para algunos sucesos, imposible decir que he olvidado, en ciertos casos. Es como si te pica una culebra, y sanas; no obstante, sabes que te puede volver a picar, hay que tener cuidado. Una sensación desagradable, de desconfianza, si vuelves a ver una culebra. No tengo la menor duda de las dificultades para perdonar. Un complejo y difícil camino que se debe recorrer; lo he hecho. En oportunidades, lo más fuerte: perdonarme a mí misma. Se trata de un momento fundamental, dejar de sentir culpa, aceptar los errores, también los fracasos que acompañan a los errores; admitir para sí misma las equivocaciones. Dejar de preguntarse: ¿por qué hice eso? ¿qué pasó conmigo? ¿ahora qué hago? Una problemática difícil de manejar. Con sabiduría, confianza, decisión e inteligencia, se alcanza la serenidad y la paz, para llegar al auto perdón. Después que, una se perdona así misma, los siguientes pasos, con Fe y confianza, determinan el camino correcto y nos ayudan mucho en la compleja vida que enfrentamos. Tarea ruda, que tenemos los venezolanos de bien, por delante. Nada que ver con las monsergas y mentiras que hacen desde el gobierno para distraernos. Insistentemente, recuerdo: no somos, tampoco queremos ser como ellos. Trabajaremos duro hasta salir del atolladero en el que estamos, saldremos adelante. Con Paz y amor todo se alcanza. Con la guía de Nuestro Señor la Cruz es más liviana, y nuestro objetivo la victoria sobre el mal, será nuestro galardón.

