Propuesta a la encargada de la Presidencia
El Esequibo no es solo una extensión de 159.452 km², ni se defiende con slogans publicitarios, porque es una cuestión de soberanía, seguridad e integridad territorial. Los sucesos del pasado 3 de enero representan una oportunidad muy particular para dar un giro estratégico a la reclamación del Esequibo y hacer uso del petróleo como una herramienta de presión y negociación trilateral en esta centenaria disputa territorial. Ningún gerente, negociador o Estado Mayor se casa con una estrategia que ha venido fracasando y no logra los objetivos meta. Ante estas circunstancias, es hora de abandonar la tesis de la “comparecencia ante la Corte Internacional de Justicia bajo protesta; descartar la cuasi doctrina del no reconocimiento de la jurisdicción de la CIJ y buscar por el contrario una solución dentro de la Corte como lo plantea Guyana, incluso podría ser por la vía de una “Conciliación Arbitral” al ser una de las herramientas más prácticas para resolver conflictos hoy en día; prevista en el artículo 33 de la Carta de las Naciones Unidas (mediación, facilitación o conciliación).
¿Por qué no pensar en el Sr. Trump como parte interesada en una conciliación, tercería o los buenos oficios del Tratado Americano de Soluciones Pacíficas (30/04/1948), conocido también como Pacto de Bogotá?
A la luz de estas consideraciones, la señora Delcy Rodríguez como encargada de la Presidencia de la República y responsable de la conducción de la política exterior, si logra un arreglo satisfactorio para ambas partes, lograría lo que 9 presidentes no lograron en 60 años.
Un arreglo práctico y satisfactorio, coordinado por el señor Trump como conciliador, se basaría en las asimetrías entre Venezuela y Guyana: Venezuela tiene más de un siglo de tradición petrolera, mientras que Guyana carece de experiencia, se encuentra en una transición rápida de una economía agrícola a una petrolera, caracterizada por su vulnerabilidad técnica y contractual ante las transnacionales, lo cual se refleja en contratos (como el PSA con ExxonMobil) considerados poco beneficiosos para su pueblo.
Es importante señalar que esta tesis plantea la intervención de Donald Trump como tercero interesado. Desde la visión geopolítica de Mr. Trump, su objetivo es garantizarse a largo plazo la seguridad energética de Estados Unidos; para ello, el control de las reservas petroleras de Venezuela, las mayores del mundo estimadas en 303 mmbbp; de Guyana, calculadas en 11.000 millones de barriles, sumados a los 83.700 mmbbp de su país; sustentado en el fracking, le garantizan que Estados Unidos no tendrá problemas de seguridad energética a muy largo plazo.
La tercera pieza de esta propuesta es el presidente de Guyana, Mohamed Irfaan Ali, quien pareciera haber previsto esta tercería al declarar en varias oportunidades y medios que la «estabilidad regional» no significa una «negociación de soberanía» y que los bloques petroleros no están sujetos a explotación conjunta, ni aceptará ninguna solución fuera de la CIJ o explotación conjunta y menos del Sr Tump; Parodiando el dicho venezolano “una cosa es lo que piense Mohamed Irfaan Ali y otra lo que piensa y quiere Trump, el presidente de la potencia economía y militar más poderosa del mundo. Pero el peso de la mayor potencia militar y económica del mundo podría redefinir la dinámica del conflicto.
Esta tesis busca superar el statu quo actual de confrontación, transformándolo en una relación «ganar-ganar» basada en la complementariedad de recursos entre Venezuela y Guyana bajo la conciliación del presidente Trump
La señora Rodríguez como encargada de la Presidencia, tiene una gran oportunidad para pasar a la historia, si logra convencer al presidente de Estados Unidos de lograr una solución práctica y satisfactoria, vía una negociación trilateral (ganar-ganar), entre las partes para la solución del centenario reclamo territorial.

