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Genaro Mosquera: La necesaria reinvención de los partidos políticos

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Basados en el análisis realizado por un grupo de personalidades expertas en ciencias políticas, hemos identificado la incapacidad demostrada por los partidos políticos en Venezuela para enfrentar su progresivo deterioro. Sus estructuras fundamentales se encuentran afectadas por la pérdida de respaldo ciudadano y debilitadas por las actuaciones de una dirigencia cuyas acciones condujeron al abandono de la militancia, así como por factores políticos que contribuyeron a su fragmentación en diversos segmentos. Estos elementos provocaron un divorcio con la representación de las bases y con los fundamentos filosóficos de su misión y visión.

Como consecuencia, se generaron micropartidos con severas limitaciones estructurales, jurídicamente írritos, que incluso asumieron acciones señaladas como colaboracionismo con el régimen. Esto constituye una de las causas centrales de la crisis democrática y del “suicidio” de su legado histórico frente al ataque institucional promovido por un gobierno ilegítimo. Ante este panorama, y como contribución a la estabilización y recuperación de la democracia, surge la necesidad impostergable de reinventarse como partidos modernos, actualizados y funcionales, capaces de proyectarse en beneficio de la democracia, de la comunidad venezolana y de sus instituciones.

La reinvención no es una opción, sino una condición de supervivencia para preservar la democracia, la misión original de los partidos y el desarrollo del país, que aspira a constituirse como la base de una democracia estable y funcional. Esta propuesta condensa las opiniones de los autores en tres ejes fundamentales de acción:

1. Recuperación de la doctrina y la democracia interna

La crisis de credibilidad comienza dentro de las propias organizaciones. La reinvención exige un retorno a la transparencia y a la adhesión irrestricta a los principios democráticos, respetando escrupulosamente los derechos fundamentales de militantes y simpatizantes, y estableciendo procedimientos democráticos internos, con elecciones primarias innegociables. A tal efecto, es necesario instaurar, con carácter vinculante, primarias abiertas y transparentes para la elección de todos los cargos de dirección, así como para la selección de candidatos a cargos públicos.

2. Ética y servicio

El poder recibido y delegado a los dirigentes debe ejercerse exclusivamente para servir al pueblo, administrar con transparencia y equidad, y rechazar prácticas que generen odio o socaven la democracia. Se debe adoptar un Código de Ética que incluya mecanismos de rendición de cuentas —financieras y de gestión—, sea incompatible con la corrupción y el caudillismo, y sancione la reelección indefinida en los cargos de dirección.

3. Formación ideológica y participación ciudadana

Es indispensable recuperar el norte perdido, comprendiendo la obra democratizadora histórica de los partidos y su papel en el siglo XXI. Ello implica revisar y actualizar la plataforma ideológica, definiendo posturas claras frente a los desafíos contemporáneos —digitalización, sostenibilidad, crisis migratoria— y trascendiendo la mera oposición.
La desconexión entre la cúpula partidista y la base social ha permitido que las redes sociales y la sociedad civil ocupen espacios tradicionalmente reservados a los partidos democráticos. La nueva democracia debe ser participativa. En consecuencia, resulta necesario implementar un sistema permanente de asambleas y consultas con las bases y con la sociedad civil (gremios, universidades, ONG), transformando al partido en un canal de comunicación de doble vía. La democracia no se agota en las elecciones, sino que requiere participación popular constante. Nada debe hacerse “sobre los ciudadanos, sin los ciudadanos”.

Tomando como referencia estos ejes, deben estructurarse líneas de acción sustentadas en elementos fundamentales como:

Liderazgo adaptativo: promover activamente el ingreso —previa formación política y gerencial— y el ascenso de jóvenes y nuevos liderazgos formados en la visión de servicio público y en la realidad digital, facilitando la alternabilidad generacional. Los líderes deben comprender, formarse y manejar la influencia de las nuevas tecnologías.

Financiamiento y ética: transitar hacia un equilibrio entre financiamiento público y privado, procurando que este último provenga predominantemente de la militancia. Asimismo, se deben publicar semestralmente los estados financieros y el origen de los ingresos, manteniendo la privacidad de los donantes individuales y garantizando que el financiamiento provenga exclusivamente de la militancia, con apego estricto a principios éticos.

En el contexto de la demolición institucional que ha afectado a los partidos políticos venezolanos, su rol estratégico debe centrarse en la reinvención y en la defensa y reconstrucción del Estado de Derecho. En este sentido, el diseño de un pacto democrático resulta esencial para que los partidos sean capaces de concertar acuerdos en defensa de la democracia construida. La renuncia al pacto condujo al “suicidio” político en Venezuela. Por ello, es imprescindible priorizar un gran acuerdo nacional para la defensa y reconstrucción de la institucionalidad democrática, por encima de cualquier interés partidista particular, manteniendo una oposición lúcida y dialogante, actuando por vías institucionales y mediante medios pacíficos, con un compromiso inquebrantable de someterse a la ley y a los procedimientos democráticos en todas sus etapas, y rechazando cualquier forma de violencia o atajo inconstitucional para acceder o mantenerse en el poder.

Como partido político, ya sea en el gobierno o en la oposición, es fundamental comprender que la democracia requiere una oposición lúcida y dialogante. Para ello, se deben articular propuestas de políticas públicas creíbles y detalladas, acompañadas de programas de formación política y de liderazgo que demuestren y fortalezcan la capacidad de gobernanza, en lugar de limitarse a la propaganda, la denuncia o el arribismo. Esta preparación es esencial para la transición hacia los nuevos tiempos de un gobierno democráticamente electo.

La reinvención de los partidos en nuestra nación exige una transformación moral, ética y funcional de su diseño, de modo que vuelvan a ser organizaciones de ciudadanos y no estructuras de poder oligárquico. La tragedia institucional de Venezuela debe servir como espejo en el cual los partidos se miren para no perder nuevamente el rumbo. Resulta evidente la necesidad de revisar su misión en asambleas ciudadanas, alineándose con los partidos democráticos y adaptándose a la mutación necesaria de los nuevos tiempos, integrando una organización cuyas bases, desarrolladas por sus fundadores, se traduzcan en estrategias de representación popular y participación ciudadana en los asuntos públicos, contribuyendo así a la definición de objetivos, especialmente en materia de políticas públicas.

Los tiempos modernos han modificado la apreciación inicial de los elementos conceptuales de la misión original de los partidos. Es necesario revisar la tesis fundamental de estos conceptos, hoy modernizados, y actualizarlos frente a la globalización, sin abandonar los principios policlasistas ni los objetivos transformadores de la democracia en el país. Por tanto, los partidos deben orientar sus principios hacia una apertura ideológica y política, desprendiéndose de un nacionalismo mal concebido, revisando a fondo su tesis doctrinaria y promoviendo la instauración de una democracia con justicia social, así como la exclusión de los militares del manejo de los cargos públicos y del gobierno civil.

En resumen, la reinvención de los partidos implica hacer un llamado a simpatizantes, exmilitantes y militantes para organizar la fuerza local de su entorno, elegir a sus líderes y convocar la revisión de su tesis política. Asimismo, deben actualizar su postura como partidos democráticos conforme a la Constitución y las leyes, elegir a sus dirigentes y participar activamente en la vida pública, colaborando con un gobierno de transición para canalizar las políticas públicas hacia el desarrollo y la consolidación de una estructura democrática firme, consistente con los nuevos tiempos, y contribuir de manera decidida al desarrollo del país y al bienestar de los venezolanos.

 

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