Es sábado 3 de enero, pasadas las 4 de la tarde. Luego de la asonada de los bombardeos en la madrugada en Caracas, el sol reverberante reinaba en la capital de Apure. Pero a diferencia de cualquier otro fin de semana, con rumbas y bullicios por todos lados, este parecía más bien uno representativo del viernes santo, de silencio, de espera y tranquilidad total.
Los vehículos haciendo cola en las 3 estaciones de servicio que funcionaban en San Fernando eran más numerosos que las personas que acudían a las calles o a algún establecimiento comercial para realizar unas compras, sobre todo de víveres y otros alimentos, con los churupos que aún quedaban en los bolsillos desinflados.
Pese a las filas en las gasolineras los conductores se mostraban confiados y tranquilos en que sí iban a abastecer sus carros. Extrañamente no se generaron aquellas situaciones de angustia y desespero que en otrora se presentaron en esta tierra llanera por el tema del combustible. Todos andaban en una especie de pausa de año nuevo, aceptada, asimilada.
Eso sí. Nada de transporte masivo. Ni una buseta, bambucha o carrito por puesto. Lo más que se veían para prestar un servicio de traslado eran los afamados moto taxistas. Estaban atentos por casi toda la ciudad ofreciendo sus motocicletas para cualquier destino, a dólar BCV, por pago móvil o en efectivo.
Las farmacias y un trío de panaderías seguían operando con suma normalidad. Los compradores optaban por llevarse unos antigripales, hay muchos cuadros virales, y unas bolsas de pan para asegurar una comida rápida para resolver el día.
En el principal mercado popular de la ciudad el panorama también era el rutinario de todos los días. Todavía había uno que otro vendedor ofreciendo, a precios de remate, unos panes de jamón que le quedaron del 31 de diciembre. Pero la gente estaba más pendiente de unos topochos o plátanos para llevar a la casa. A las carnicerías ni volteaban a verlas. El kilo de esta proteína amaneció en 15 dólares. Aumentaron sin avisar.
Las pocas licorerías abiertas estaban vacías. Las tiendas de teléfonos estaban cerradas. Algunos comerciantes de este renglón de tecnología consultados comentaron que depende de cómo sigan las cosas abrirían entre el lunes 5 y el miércoles 7 de enero.
En San Fernando de Apure se impone la tranquilidad, un silencio expectante y un deseo inmenso que este 2026 sea lo más beneficioso para todos.
Alexander Medina – Fe y Alegría Noticias

