Se acaba el año 2025, y el balance es catastrófico por donde se le mire. En lo económico, la inflación –según cálculos de prestigiosos economistas- supera los 500 puntos porcentuales. En lo social, y como consecuencia de la debacle económica, la depauperación de nuestros ciudadanos es casi haitiana, una absoluta vergüenza.
En cuanto a la política se refiere, no podía ser peor, habida cuenta de que aun no se resuelve el conflicto generado por la visión totalitaria, y absurda de desconocer el resultado de las elecciones del 28J/2024, convirtiendo a un gobierno que ya era muy autoritario, y abusivo, ahora sí, en una dictadura abierta, y sin atenuantes.
Dentro de lo negativo que ello supone, también tiene –paradójicamente- un rasgo positivo, y es que ya la gente no se come el cuento del ¨carácter democrático¨ de quienes hoy ejercen el gobierno de facto, con la consecuencia de que el electorado les pierda la confianza; el respeto; el afecto que una vez les tuvo, y el sentimiento que ahora abriga la mayoría, es opuesto.
Hoy, el abuso; la corrupción; el ventajismo; la violación sistemática de los DDHH; el terrorismo de Estado; el secuestro; la desaparición forzada; el atropello judicial mediante la utilización de jueces mediocres, y adocenados, encargados de producir por instrucciones político partidistas, sentencias verdaderamente aberrantes; utilizando como patrón de conducta, actitudes que se corresponden con una factoría de embutidos (todas idénticas), y no con la visión científica de juristas respetuosos de la Constitución, y el Estado de Derecho que ya no existe.
El haber cedido a las apetencias de los totalitarios, y negarse a promover acuerdos para garantizar una transición democrática y pacífica, hace que buena parte de sus propios correligionarios les abandonen, con lo cual, pierden potencialidad para convertirse en fuerza alternativa hacia el futuro. Jugaron al todo, o nada; y si bien todavía disfrutan por la fuerza del todo, es muy probable que en breve dejen de hacerlo, y en consecuencia, queden muy desconectados del afecto popular.
Los asesores, y la sala situacional que les acompaña, parecen haber perdido la brújula, y en vez de hacerles entender que en política se gana, y se pierde, sin que ello signifique el final de la vida, optaron por la violencia institucional, y la represión, produciendo graves daños al país todo, pero especialmente a la ciudadanía, que hoy desde su silencio obligado por las amenazas, y el terror, solo siente desprecio y los repudia enormemente.
Con el final del año, y presionados en distintos frentes, hacen el aguaje de presentarse como ¨magnánimos¨ con la liberación de un conjunto de presos políticos, que según ellos, alcanza la cifra de 99, pero que ninguna organización defensora de derechos humanos seria, ha podido confirmar.
Claro que se alegra uno por los liberados, y sus familiares, habida cuenta de que todos son seres humanos respetables, pero es inaceptable que sigan usando como moneda de canje a otros presos emblemáticos, nacionales y extranjeros. Es una completa grosería que ciudadanos como Rocío San Miguel; Enrique Márquez; Perkins Rocha; Carlos Julio Rojas; Juan Pablo Guanipa; José Elías Torres; los policías metropolitanos; los militares; los profesores universitarios; los estudiantes; las mujeres; los menores de edad, en fin, todos sigan injustamente presos.
No podrán usar como argumento, aunque lo intenten, el hecho de que la amenaza militar de los Estados Unidos y sus aliados en la lucha contra el narcotráfico, es la causa de la crisis. No, porque tienen 26 años de gobierno ininterrumpido, y antes no hubo amenaza parecida. Como ya hemos dicho, si no son culpables de lo que se les acusa en materia de tráfico de drogas, deberían sumarse al esfuerzo conjunto, y estimular la erradicación de tan peligrosa actividad.
En vez de la ridiculez de utilizar a la Sociedad Bolivariana para autopremiarse como ¨Arquitecto de la Paz¨, debería promover varias actividades que el mundo entero les reconocería, tales como aliarse con los Estados Unidos en la lucha anti tráfico de drogas y su eliminación en nuestro territorio; negociar la transición democrática reconociendo el triunfo de Edmundo González Urrutia; la participación de la FANB en la expulsión de las guerrillas colombianas de nuestra geografía; el desmantelamiento de los colectivos paramilitares, y la lucha frontal y efectiva contra la corrupción en el seno del gobierno.
Esas son obras concretas, y no la necedad de impostar conductas que a la postre son, no solo engañosas, sino contrarias al interés general.
Los distintos procesos electorales recientes en nuestro Continente, dan cuenta del giro hacia democracias liberales, y contrarios a lo que venía siendo un bastión de la izquierda. La victoria de Trump en Estados Unidos; El triunfo arrollador de Kast en Chile; la Presidencia de Milei en Argentina; el triunfo del Presidente Paz en Bolivia; el triunfo en Honduras de Nasry Asfura, contra el intento de fraude de los Zelaya (empleados de Chávez y Maduro); el triunfo (escamoteado) de Edmundo González Urrutia en Venezuela, y el muy cómodo de Bukele en El Salvador, le dan una nueva orientación a la política, que no puede dejarse de lado.
Y si a ese cuadro de cambios significativos, se le suma el mega enredo de corrupción que azota al gobierno de España, y sus vínculos con el gobierno de facto venezolano, dentro del cual, están presuntamente involucrados el ex presidente Rodríguez Zapatero; la esposa de Pedro Sánchez; el hermano; los ex ministros Abalos; Torres; el otro ex secretario de organización del Psoe, Santos Cerdán, así como buena parte del tren ministerial del gobierno, y del partido socialista obrero español, estamos frente a las puertas de un escándalo que se puede convertir en la tumba política de unos cuantos.
Ojalá haya gente en esas altas esferas que priorice la importancia de las instituciones, y le devuelva el sentido a la política como instrumento de gobierno para la consecución del bien común, y la felicidad de los ciudadanos, en vez de continuar profundizando su destrucción.
Que estos días y horas finales del año 2025 sirvan para reflexionar acerca de lo trascendente que sería dejar a las próximas generaciones un país ordenado, cuyo esfuerzo construya la prosperidad que todos merecemos, y los recursos del país pueden garantizar. Bienvenido 2026.
@romanibarra

