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¿Cómo está la citricultura en Carabobo y Yaracuy?

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Hace más de 10 años la tragedia golpeó a la citricultura en Carabobo y Yaracuy. Hoy hay una luz de esperanza, pero la inconsciencia puede dañar los planes. Maigualida Cabrera, productora de cítricos en Montalbán.

La citricultura en Carabobo y Yaracuy, entre la esperanza y el riesgo de repetir una tragedia.

Fue una tragedia para muchos, hubo quienes se quedaron en el camino, otros cambiaron de rubro, pero algunos mantuvieron la esperanza. Volver a vestir de naranja y verde las productivas tierras de los valles altos carabobeños y de Yaracuy es la meta. Lamentablemente, se enfrenta a la falta de conciencia de quienes aún no entienden que el riesgo de repetir la pandemia vegetal está latente.

Fue una crisis que dio sus primeros alertas en 1999 y que en 2008 y 2009 ya avizoraba un futuro complicado. El Dragón Amarillo, nombre que se dio a la enfermedad Huanglongbing (HLB), ocupó titulares en la prensa y fue tema de conversación en la mesa de muchas casas, algunas hasta ese momento dedicadas al cultivo de los cítricos.

Lamentablemente, aunque la gravedad era evidente, y alcanzó su punto culminante en 2014, no fue sino hasta 2017 cuando se declaró la epidemia. Comenzaron las declaraciones, el movimiento. Incluso, hasta se elaboró una gaceta oficial con importantes acuerdos logrados en mesas de trabajo en las que participaron el gobierno, los productores, las universidades. El panorama no cambió.

La citricultura en Carabobo y Yaracuy

La Diaphorina Citri, el insecto transmisor (vector) del HLB o Dragón Amarillo, fue detectada por primera vez en abril de 1999 en la Península de Paraguaná. Hubo un alerta, seguimiento y control. El Servicio Autónomo de Sanidad Agropecuaria (SASA ) ponía trampas en las siembras y si detectaba el insecto no emitía el certificado que permitía el traslado de las plantas ni el de los cítricos a los mercados. Aún así hubo quienes burlaban los controles, se presume que fueron productores inconscientes quienes diseminaron la enfermedad con el traslado de matas enfermas por todo el país.

Hasta 2007 se hicieron estudios. Con el cambio del SASA al Insai, en 2009, toda esa data desapareció.

La contención de la enfermedad ya no era posible. Hubo demasiada indiferencia gubernamental. El Dragón Amarillo, o HLB, había ganado la batalla. Antes de la epidema, a nivel nacional se estimaban 35 mil hectáreas sembradas con unas 400 matas de cítricos en cada una, para un total de 18 millones de plantas en todo el país. En Carabobo se perdió un 95% de las matas, un 5% se salvó porque estaban en sitios más altos y se hicieron resistentes.

Solo en Carabobo y Yaracuy unos 7.5 millones de matas debieron ser destruidas. No había otra opción, ya eran irrecuperables. Producían naranjas duras, sin jugo, muy ácidas. Los limones corrieron la misma suerte, las mandarinas también. Se perdieron los empleos en las fincas, pero también en las industrias, que pasaron de seis a solo dos en la actualidad, Cotoperí, en Bejuma: y Multifruit en Yaracuy.

Fue un desastre social. Juan González, presidente de la Federación Nacional de Fruticultores (Fudenafrut), recordó que solo en Temerla, en el estado Yaracuy, había mil 500 hectáreas sembrada. “Se cosechaban más de 10 millones de kilos de naranja, el 90% de la gente vivía cómodamente de esa actividad, dependían de ella. Tras la epidemia, los productores que sobrevivieron debieron rergresar a los cultivos tradicionales, como ñame y ocumo, y otros de corto plazo. Hubo hambre, migración y aumento de la inseguridad“.

El Huanglongbing (HLB), cuyo nombre chino se traduce como “enfermedad del brote amarillo”, se denominó Dragón Amarillo. Es actualmente la enfermedad más devastadora de los cítricos a nivel mundial y Venezuela no es la excepción.

Una consulta breve a la Inteligencia Artificial arrojó el siguiente resultado. Es una enfermedad de origen bacteriano causada por bacterias del género Candidatus Liberibacter. Hay tres especies asociadas, la Candidatus Liberibacter asiaticus (CLas), la más extendida, que se encuentra en América, incluyendo Venezuela: y la Candidatus Liberibacter americanus (CLam), detectada en Brasil. Ambas están asociadas a climas cálidos. La tercera, Candidatus Liberibacter africanus (CLaf), como su nombre lo indica, está presente en Africa y se asocia con climas más frescos.

Se conocen como bacterias fastidiosas del floema, lo que significa que viven y se reproducen exclusivamente en el floema, o tejido conductor de azúcares y nutrientes de la planta. No se pueden cultivar en medios de laboratorio estándar, lo que dificulta su estudio y manejo.

El principal y más eficiente vector del HLB en América es el psílido asiático de los cítricos. La Diaphorina citri se alimenta de una planta cítrica enferma e ingiere la bacteria Candidatus Liberibacter asiaticus. Luego, al alimentarse de una planta sana, inyecta la bacteria en el floema y le transmite el HLB o enfermedad del Dragón Amarillo.

Por fortuna, estas bacterias no afectan al ser humano ni a ningún ser vivo. Una persona encontrará una naranja o un limón de corteza gruesa y con imperfecciones, ácida, amarga, con poco o nada de jugo, pero no se enfermará. El afectado es el productor, pues el vector perjudica la estructura de la planta.

¿Al ataque?

En el año 2009 el Instituto Nacional de Salud Agrícola Integral (Insai) sustituyó al SASA. Salvo la pérdida de la información obtenida hasta ese momento, no se conocieron más aportes de este organismo en el combate del HLB o Dragón Amarillo. Al menos no hasta el 2017, cuando se elaboró la providencia administrativa Insai No. 46, fechada el 13 de septiembre de 2017 y contenida en la Gaceta oficial No. 41.248 del 2 de octubre de 2017, la cual esboza la solución.

En su artículo 1 establece las medidas y procedimientos fitosanitarios para la detección, prevención, manejo, control y erradicación de la enfermedad, a través de la aprobación y aplicación del “Programa para detección, prevención, manejo y control de Huanglongbing (HLB) de los cítricos…”.

Curiosamente, la misma gaceta reconoce que la enfermedad ya se venía desarrollando en otros países, muchos cercanos, como Brasil (2004), Estados Unidos (2005) y Colombia (2015). Era una alerta, pero…

La providencia señala que el Insai aplicará medidas como:

*Establecer el “Programa para detección, prevención, manejo y control de Huanglongbing (HLB)”.

*Establecer bajo régimen de cuarentena fitosanitaria las áreas diagnosticadas.

*Prohibir la movilización de material de propagación de cítrico en las áreas diagnosticadas positivas (Artículo 3, capítulo 4).

Se crea la Comisión Nacional para Prevención, Control y Contención del Huanglongbing (HLB) y su vector Diaphorina citri, integrada por representantes del ministerio, Insai, universidades, productores y procesadoras.  Esta comisión tendría las atribuciones de coordinar, asesorar y fiscalizar las acciones, y elaborar el Plan Nacional de Prevención y Control.

Como la mayoría de las gacetas, esta también demostró que el papel aguanta todo. Su ejecución, ocho años después de emitida, sigue en entredicho.

Una familia, una historia

En la familia de Maigualida Cabrera todos eran citricultores. Siete hermanos siguieron el ejemplo de su papá. Sembraban naranjas y limones, era tan exitoso el trabajo que, incluso, crearon una empresa procesadora de frutas, donde elaboraban jugos de naranja al 100% y al 70%, también jugo de limón. La familia tenía, además, la distribución a supermercados y restaurantes, a los que enviaban jugos en envases igualmente elaborados por ellos.

A Maigualida se le siente la nostalgia cuando habla del tema. Eran siete fincas en la familia que producían naranjas y todo ese material se iba a la procesadora, lo que quedaba iba a las industrias. El HLB lo cambió todo. Las fincas perdieron las plantas, las empresas cerraron. Ocho años después, sólo una de ellas está en pie, pero no con las 35 hectáreas iniciales. Hoy son solo tres en el sector Obispo de Montalbán.

Volver a empezar, con determinación

Decidió emprender nuevamente el camino y volver a sembrar. Pero esta vez tomó previsiones. Empeñada en lograrlo, hizo una importante inversión en la adquisición de plántulas certificadas que son, al menos, tolerantes al HLB. No es fácil, ni barato, pero confía en que una vez que tenga sus plantas en producción podrá retomar el camino emprendido hace más de dos décadas por su familia. Fue una promesa que le hizo a su madre.

En cada una de las tres hectáreas sembró 700 plantas con distintos patrones de naranjas. Es parte de una prueba piloto en la que participan la empresa Superplántulas, el Insai y dos productores en Carabobo y Yaracuyella y Martín Cabrera, empeñados en vencer al HLB y volver a pintar de naranja las hermosas, y productivas, tierras de los valles altos carabobeños y del estado vecino.

Como parte de la prueba piloto, Cabrera recibió 500 plantas aportadas por Superplántulas. Ella costeó las restantes, adquiridas hace nueve meses, para totalizar las 2.100 necesarias para sus tres hectáreas, a razón de 4,50$ por planta.

A ese gasto hay que sumar sacos de abono, cada uno por 44$, pero si es abono foliar el precio puede llegar hasta los 100 dólares. Magnesio, manganesio y cobre se usan para evitar los hongos. Un insecticida para el gusano minador, un problema de los cítricos, cuesta 20 dólares la bolsita para preparar una pimpina de 250 litros. Se echan dos bolsitas cada 15 día y hay que variar el insecticida para que los hongos no se hagan resistentes.

El gasto de gasoil, del que solo surten 200 litros al mes, las reparaciones de los tractores y otros equipos necesarios para la siembra, así como la nómina de trabajadores, evidencian que no es fácil. Son gastos que deberá mantener por, al menos, año y medio más, con su propio esfuerzo. Los productores no cuentan con financiamiento, ni del gobierno, ni de la banca.

¿Cómo aguantan el año y medio sin producción?

一Trabajando en otra parte, yo soy ingeniero.

Es un proyecto riguroso. Según explicó, cada planta tiene su “cédula de identidad” y permanentemente se le hacen estudios microbiológicos para acompañar el progreso. Superplántulas hace pruebas de clorofila, conductividad y PH, después que Cabrera y su personal se encargaran del calamiento y de colocar los nutrientes.

En la finca de Maigualida no está presente el HLB, las pruebas lo determinan y las trampas para monitorear el vector hacen lo suyo. También apoyan los insectos como la Tamarixia radiata, que mata las ninfas de la Diaphorina Citri, pero no hay tantas.

En las tierras de Maigualida hay cuatro patrones que se sembraron para ver cuál se desarrolla mejor. Todos son con patrón Trifoliar S2, S3, S4. Están sembradas a distancias de 4 a 4.5 metros. Supuestamente estos patrones tienen que dar una producción de 70 mil kilos en su vida útil, que es de 20 años.

Una semilla certificada

Llevar esas plántulas a las tierras de Maigualida Cabrera y de Martín Cabrera, en Montalbán y Nirgua, implica un proceso que inicia varios meses antes. Aurelio Sánchez, gerente de Agropecuaria Superplantulas, lo explica.

Agropecuaria Superplántulas es una empresa del sector agrícola, con 30 años de trayectoria, que funciona principalmente como un vivero especializado de alta tecnología en Turmero, estado Aragua. Se ha convertido en un actor clave en el intento de recuperación de la citricultura en la región central del país, tras la devastación causada por el Dragón Amarillo (HLB).

Aunque atienden otros rubros, su enfoque principal es la producción masiva de plantas jóvenes (plántulas) de cítricos, especialmente naranjas, limones y mandarinas. Lo hacen en un sistema de ambiente protegido, como invernaderos o casas de cultivo cubiertas con mallas anti-áfidos/anti-psílidos.

La empresa trabaja en este tema desde hace, al menos, 8 años.  Fue la primera en el país en obtener la certificación de Patrón de Propagación Certificado (PSP) tras un proceso de cuarentena vegetal, en el que la Dirección de Salud Vegetal Integral del Insai y de la Comisión Nacional de Semillas (CONASEM), garantizaron que cumplían la normativa para ser un productor de planta certificada.

Pruebas piloto en Montalbán y Nirgua

Desde hace cerca de año y medio adelanta una prueba piloto en dos fincas, la de Maigualida Cabrera en Montalbán; y la de Martín Rodríguez, en Nirgua, ubicadas a distintas alturas. Según explicó, la idea es definir cuál patrón, de los cuatro sembrados, podría llegar a ser resistente al HLB. “En el campo tienes que ver suelos, agua, sol, idiosincracia de productor, manejo de nuevos insumos, fertilizantes. Hay mucha variables y tu buscas como el patrón se adapta a esas variables”.

El proceso inicia con la adquisidición, en bancos de Germoplasma Certificados, en Estados Unidos , de semillas de variedades específicas para patrón y varetas porta yemas. Estas son pequeñas ramas que contienen puntos de crecimiento de las variedades deseadas. Ellas llegan al país con un certificado fitosanitario de exportación y aquí el Insai hace otras pruebas. Se trabaja con patrones resistentes al HLB.

“Nosotros colocamos la semilla en un sustrato, se siembra con maquinas para tocarlas lo menos posible y evitar transmitir cualquier enfermedad o problemas que pudiera tener el operador en sus dedos o mediante el sudor. Ahí comenzamos a activarla y la convertimos en una planta”, explicó Sánchez. Es un proceso que se hace en un invernadero, como una casa de cultivo, donde se le dan todas las condiciones necesarias para que crezca lo más limpia posible.

“En ese proceso agregamos una serie de elementos como agroquimicos, controladores biológicos, de producción nacional o importada”. Añadió que una vez que la plántula está en condiciones se le injerta la yema que dará paso al patrón deseado, lo que se conoce como esqueje. En un plazo máximo de 9 ses llega al productor para la siembra. “Cada esqueje es un patrón. Si un productor quiere limón, le insertamos la yema que le llevará a limón. Si es naranja, o naranja valencia, le injertamos ese material”.

En Superplántulas seleccionaron patrones con características diferentes. Uno es una planta enana, de poco follaje, que produce igual que una de tamaño normal, pero permite hasta mil plantas por hectáreas, cada una con capacidad para producir hasta 14 mil kilos durante su vida útil. Otras son de porte medio y permiten 700 matas por hectàreas. Otro, de corte más alto, permite reducir su follaje bajo un esquema de manejo.

Según Sánchez, los cítricos son plantas de ciclos medianos a largos. La primera cosecha se obtiene a los dos años, pero el mejor momento se ubica entre los cinco y seis años. “Cada año aumentan su capacidad”.

El Instituto Nacional de Salud Agrícola Integral (Insai) acompaña el proceso. Ellos toman muestras y vigilan que el proceso se haga en el mejor de los términos, sin anomalías. El producto lo llevan a un laboratorio, lo revisan para ver si hay un hongo, una bacteria, un virus. Se trata de una metodología que te acompaña para ver que en un proceso de trazabilidad todo vaya bien.

¿Es un proceso que corre por cuenta del productor?

一Aquí todo lo cobran, tu pagas impuestos parafiscales. Se supone que el Estado venezolano debería pagar esas cosas, pero no ocurre. Si el Insai toma una muestra, tu tienes que pagar el laboratorio que hará el análisis. Llevar al funcionario también corre por parte del productor.

Tolerancia, no resistencia

En el caso de HLB no se puede hablar de resistencia todavía, porque enfentar la enfermedad es un proceso completo. A la fecha, se ha logrado un material tolerante.

¿Que sean tolerantes qué garantía aporta al productor?

La ventaja de Maigualida Cabrera es que ella tiene más tiempo de maniobra, mientras se consigue la solución al HLB, y más posibilidades de llegar a la etapa de producción. En un escenario hipotético de que ella tuviera, en el terreno de al lado, una siembra de naranjas con semillas no certificadas y plantas infectadas, sus probabilidades se incrementan. Su vecino tendría que gastar más para tratar de salvarlas y, probablemente, los costos superen las ganancias, que fue lo que ocurrió hace 10 años.

Sánchez es optimista. El espera que para el año que viene ya se tengan unas plantas con mayor nivel de tolerancia. “Son estudios que se están haciendo fuera del país porque la inversión es alta. EE.UU. acaba de aprobar 200 millones de dólares para resolver un problema en California y en Florida, lo que beneficiará a los países que trabajan en este tema”.

El ingeniero enfatiza en la necesaria colaboración entre países de la región, como Colombia, Venezuela y Brasil, todos afectados por el HLB. “Si no blindamos nuestras fronteras no podremos avanzar. Brasil puede tener un buen control, pero si Venezuela no lo tiene es un foco y cada contaminación aporta más resistencia al HLB. América Latina tiene que salir de este problema, porque es la que tiene más capacidad de abastecer el mercado mundial de naranjas, que requiere una producción alta”

¿El gobierno ha mostrado interés en apoyar?

一Con el gobierno no hemos conseguido el apoyo que hemos querido para el área de cítricos, si lo comparas con café, cacao, arroz, maiz. Pareciera que la citricultura no les importara.

Sánchez resiente el hecho de que las instituciones no apoyen. Le han pedido al gobierno que aumente la producción de la avispa Maritza, que se posiciona en los árboles y reduce el problema de la transmisión del HLB, pero nada. “Con ella y las plantas certificadas se pudiera garantizar más productividad por más tiempo. Es un clamor de los productores y empresas hacia el gobierno”.

Un riesgo latente

El riesgo siempre está latente. Un productor inconsciente y un Estado poco protector colocan en el tapete la posibilidad de que se repita la epidemia vegetal. Juan González, presidente de la Federación Nacional de Fruticultores, capítulo Carabobo, tiene temores

El también director de Frutales de la Confederación de Asociaciones de Productores Agropecuarios de Venezuela (Fedeagro), está preocupado. “La gaceta que crea la Comisión Nacional para Prevención, Control y Contención del Huanglongbing (HLB) de los cítricos y su vector Diaphorina citrí es la segunda biblia, provoca prenderle una vela. Pero de allí no se cumple nada, cuando mucho un 5%”.

González prosigue: En su artículo 3, aparte 4, dice que está prohibido el traslado de material de cítrico por todo el territorio nacional, con excepción del certificado por el Insai. “Pero usted ve en cualquier puesto de carretreras la venta de naranjas y también camiones cargados de plantas de naranja. Esto es una falta de los productores, poco conscientes del riesgo de trabajar con material potencialmente peligroso y de control por parte del Estado”.

El dirigente gremial explicó que el Insai pone sello por la movilización de otros rubros, pero hay gente que camufla los cítricos en matas, como mango y aguacate, y pasan. Además, transitan por las alcabalas camiones con matas de cítricos que muestran la guía de movilización, no la certificación. Con la guía pasan y eso no debe ocurrir.

Sin apoyo ni financiamiento

En los años 80 se registró el virus de la tristeza, que atacaba un patrón específico de cítricos, recordó el gremialista. Ese patrón se erradicó, se sembró otro, y no hubo problema, gracias a que el Estado y la banca privada y pública apoyaron 100% al productor. “Prácticamente eso fue arrancar y sembrar y se superó el problema”.

25 años después, cuando empezó a hablarse del Dragón Amarillo, la situación no fue la misma. En 2014 cuando el HLB acabó con las plantas, se frenó también el financiamiento, al punto que hoy, según González, practiamente no existe. “Los bancos que lo ofrecen es en dólares, a 6 meses y en ese lapso hay que pagar la totalidad de la deuda. Pero una cosecha tarda unos tres años en lograrse, así que es imposible”.

Otro grave problema es el envejecimiento de la maquinaria agrícola, que González calificó de terrible. “Tractores de 20 a 40 años, que aunque están funcionando necesitan reparaciones y mantenimiento. Un productor debe hacer frente a sistemas de riego, fertilización, sistema fitosanitario, obreros, maquinarias, es difìcil llegar a término”

¿Una segunda epidemia vegetal?

Gonzalez no quiere entrar en detalles sobre la falta de control por parte del Estado, pero expuso el caso de un productor que compró unas matas tolerantes al HLB, a un precio superior a los 3.5 dólares. Su vecino las adquirió en 0,80, lo cual arroja dudas sobre la certificación de este planta y el riesgo en el que se coloca él mismo y a los demás. Lo ve como una evidente falta de control fitosanitario. “Las plántulas no son resistentes ni inmunes, por lo tanto al tener plantas contaminadas cerca se mantiene el riesgo. Las tolerantes puedan durar un poco más, pero finalmente también se afectarán si la epidemia se presenta”.

Aquí hay gente haciendo lo que quiere, algunos productores dicen que el HLB pasó y eso no es cierto, criticó. ¿Hay menos insectos? Si, al no haber tantas plantas, va a haber menos insectos, pero yo le estimo un plazo de 4 a 5 años para que, si no hay un real control fitosanitario del Estado ni se logra crear conciencia en el productor, que debe crear sus propios controles adicionales al Estado, podemos tener una segunda epidemia vegetal.

González denunció el caso de unos viveristas de Turmero, que van a una siembra en Yumare a tomar los injertos de esas plantas, que no tienen ninguna garantía fitosanitaria.”Hay muchas plantaciones nuevas, no autorizadas, que ponen en riesgo todo el trabajo que se ha venido realizando”.

Hace seis meses alguien con alta capacidad de compra adquirió 15 mil matas a $1,20 en un vivero en Guayabita, estado Aragua. Pasaron por todas las alcabalas y hoy están sembradas en el estado Miranda. En Trujillo hay siembra de matas no certificadas también. El insai lo sabe, pero no van y revisan. “Esto es más grave de lo que se cree. El Insai sabe que esto ocurre. Si no hay un cambio profundo de las instituciones no habrá solución”.

González advierte la importancia de que se concientice a la población y a los propios viveristas. “Pero se vuelve al punto de la providencia administrativa, que prometió a los viveristas apoyo financiero para tener sus casas de cultivo con ambiente controlado y asesoramiento. “Eso no ocurrió, quedó en letra muerta”.

Le animan las pruebas piloto de Superplántulas en tierras de Montalbán y Nirgua. “Aquí el control lo tiene el productor,que hizo su inversión sin apoyo del Estado, el Insai y la empresa. En los otros casos no hay supervisión del Insai”.

¿Cómo surge el mercado negro, sale del gobierno?

一No, es de los mismos viveristas. Si usted va a Turmero va a ver que al lado de Superplántulas, que es una industria bien formada con computadoras para hacer mediciones fitosaniarias, hay un vivero a campo abierto. Allí están sembradas plantas que sobrevivieron a la primera pandemia, que dan muchos esquejes, y las semillas no vienen del exterior. Esto tiene implícito el riesgo de reproducir la enfermedad pues no son, ni siquiera, tolerantes. El control fitosanitario es prácticamente inexistente. Son viveros que nunca se pararon, siguieron trabajando y la posibilidad de que reproduzcan la enfermedad se ubica, para González, en un 90%.

Es un escenario que González no quiere que se repita. El perdió 20 hectáreas de siembra de cítrico en menos de 3 meses. Quedaron en la calle, porque eran mono productores. Ahora entendieron que se deben tener varias opciones, una alternativa.

Para González, el panorama está claro y las reglas del juego escritas en la providencia. Lamentablemente lo que se prometió no se ha cumplido. “Se puede recuperar siempre que se respeten las reglas del juego,con un financiamiento serio a los productores, seguimiento y control a quienes trabajan por su cuenta, sin supervisión. Sólo así la fruticultura arrancará en unos 10 a 15 años”.

Según González, las reuniones con el Insai se mantienen. Hace seis semanas hubo la última, para analizar una publicidad en redes de una venta de naranjas y limón persa, que dicen que están certificadas por el Insai, lo cual no es cierto.

¿Hicieron algo?

一Espero que sí.

¿En el Insai y en el ministerio están conscientes de la posibilidad de que se pueda repetir la pandemia digital?

一Yo creo que sí. En el Insai hay mucha gente profesional, que están limitados por temas de logística para desplazarse. El productor debe movilizarlos, pero es un tema de ganar ganar. La continuidad de las autoridades y la falta de personal también afecta.

Maigualida interviene para señalar que el ministro debería pronunciarse. El sabe que hay una gente que quiere hacer las cosas bien en la parte de cítricos, pero sin apoyo del gobierno es difìcil. El ministro siempre está en Guárico y en Barinas, en Apure, pero los cítricos en este país están en Carabobo y Yaracuy. ¿Por qué no viene?, Aunque sea que mande a otra persona a ver lo que estamos haciendo. El gobierno tiene que intervenir y apoyar a los pocos agricultores de cítricos que aún quedamos.

Un productor que cree

Fernado Bellera sembró 600 matas de limones en cada una de las cuatro hectáreas que dispuso en su finca. Las 2 mil 400 plántulas están certificadas. “Otra cosa sería un suicidio”.

Bellera tiene, al menos, dos ventajas: Su finca está a 1.300 metros de altura y no tiene productores a su lado. Esta es, en parte, la razón de su optimismo. El quiere crecer a un promedio de cinco a seis mil plantas por año.

Una plántula de limón le cuesta alrededor de tres dólares. Sacando el costo inicial de los orificios, manejo de suelo, mano de obra, y plántulas, una hectárea debe costar unos cinco mil dólares en mantenimiento y mano de obra al año.

Es una inversión alta por la que hace un llamado al gobierno. “Los organismos competentes, regionales y nacionales, deben declarar ilegales, suspender o cerrar, a los viveros que no tengan normas sanitarias ni patrones tolerantes. De lo contrario estaríamos haciendo una renovación del problema, colocando plantas con patrones que ya fueron eliminados y que son vulnerables a la enfermedad”.

Pero Bellera sabe que eso no está pasando y advierte. “Si se permite el traslado de plántulas no certificadas sólo iremos a una renovación de un drama económico y social como el que ya vivimos”.

El está conscente el reisgo, pero entusiasmado con la posiblidad de contribuir con la reactivación de la producción de citricos en el estado. Sabe que las plántulas se pueden enfermar, pero también sabe que con un buen manejo seguirán produciendo.

Se apoya en el hecho de que es más difícil que el Diaforini Citri llegue a sus tierras por su altura. Pero, además, en su finca se practica la agricultura sintrópica, que es el equiibro ecológico entre las partes del ecosistema para darle más resiliencia al cultivo. “Son varios cultivos mezclados, no se usan agroquímicos para que se replique el bosque ancestral, donde los insectos se comen unos a otros, están en equilibro, y las plantas serán más resistentes si llegara la Diaphorini Citri. Yo no uso químicos, uso hongos e insectos, que se coman unos a otros”.

Bellera no formó parte de las pruebas piloto de Superplántulas, pero cuando conoció el proyecto decidió invertir. Hoy tiene plántulas de limon persa injertadas en patrón tolerantes a la enfermedad HLB. Al terreno se le hicieron estudios para darle los nutrientes y llevarlo a condiciones más óptimas. “El cultivo de limón es la incertidumbre, pero la esperanza de los cítricos en Carabobo”.

Una apuesta a la esperanza

La de Bellera es una finca grande, una buena parte en cerro y está dispuesto a hacerlo fértil. Su visión es saldar la deuda que tiene como ciudadano con el pueblo que vivía de la citricultura, restaurar el bosque, los ríos y hacer que retornen los animales. “Ya están llegando los venados, la fauna, la vida”

¿Cómo enfrenta la competencia desleal, sumada a las importaciones en detrimento de la producción nacional. Sigue privando la esperanza?

一Si mi producto está enfrentandose a una competencia desleal, siempre queda la opción de exportar.

¿Están dadas las condicones en el país para exportar?

一Hay gente que exporta.

Pero tienen vínculos

一Exportar en el país tiene unas condiciones particulares, pero le apuesto a las relaciones que he logrado establecer dentro del gremio en el que me desenvuelvo, la Cámara de Comercio de Valencia. “Es una posibilidad”.

Bellera, además, cree en el producto. “Muy poca gente en Venezuela siembra limón, no se por qué porque es más rentable y se mantiene el precio durante el año”.

Está convencido de que si siembra limón con todos los riesgos, cuando el mercado reaccione el estará 10 años adelante

¿Eso en Venezuela es una posibilidad?

一Eso en cualquier parte del mundo es una posibilida

Bellera tiene esperanzas. Maigualida Cabrera también. Ella, no obstante, tiene una petición al gobierno. “Si ya tenemos la experiencia y las plantas sembradas, hablemos, veamos qué necesitamos para seguir porque la citricultura genera mucho trabajo. Los que estamos en el plan piloto somos los que siempre creímos en esto. Los adicionales, que están comprando matas, es porque están viendo que va a funcionar”.

Ella espera que el gobierno arranque, que despierte. “Esto genera mucho empleo. Están todos en el país pensando que esto puede arrancar, apostando a ganador”

*El Carabobeño intentó conversar con personal del Insai y del ministerio para incluir su versión en este reportaje, pero no fue posible. Como siempre, la respuesta fue “no estamos autorizados para declarar”.

¿Cómo está la citricultura en Carabobo y Yaracuy?

Hace más de 10 años la tragedia golpeó a la citricultura en Carabobo y Yaracuy. Hoy hay una luz de esperanza, pero la inconsciencia puede dañar los planes. Maigualida Cabrera, productora de cítricos en Montalbán.

La citricultura en Carabobo y Yaracuy, entre la esperanza y el riesgo de repetir una tragedia

Carolina González – El Carabobeño

 

 

 

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