Pacífico Sánchez entrevista para el Impulso al sociólogo Daniel Azuaje
¿Cómo se siente la mayoría de la población de nuestro país, en estos precisos instantes, ante un dólar demoledor que agrava su pobreza ocasionada por sus ingresos económicos extremadamente bajos, impotente frente a la precariedad de los servicios públicos más elementales e impasible al no poder hacer nada con casi cuatro millones de niños y jóvenes fuera del sistema educativo, mientras se acrecienta la confusión con los anuncios oficiales de preparativos militares por una presunta amenaza de guerra?
Las interrogantes son formuladas al sociólogo Daniel Azuaje, estudioso profesional e investigador larense, quien expresa a El Impulso que, como todos sabemos, desde hace mucho tiempo no hay cifras oficiales sobre la situación de pobreza y las que existen son las que arroja cada año la Encuesta Nacional de Condiciones de Vida (Encovi), realizada por la Universidad Católica Andrés Bello.
Dificultades de la gente
La gran mayoría de la población, dice, sí está en condiciones de pobreza, aunque el término de pobreza debe ser clarificado porque tenemos el concepto de lo que se llama la pobreza de ingresos, la pobreza estructural y la pobreza multifactorial.
Queremos que nos concretemos a la pobreza de ingresos, la cual, según Encovi, afecta al 73 por ciento de la población.
Esa es la que corresponde a gente que tiene ingresos por debajo de los estándares internacionales para poder abastecerse de los alimentos y servicios públicos básicos. Hay personas que, además de tener ingresos muy bajos, son la mayoría de la población. También tiene condiciones de vida muy precarias por habitar en barrios con estructuras de servicio sumamente deterioradas. Entre ellos es donde se concentra, por ejemplo, la cantidad de niños y jóvenes fuera del sistema educativo, mayor dificultad a los servicios elementales, así como a la salud, transporte, recreación, Internet que es un servicio básico; pero, ¿quién puede pagar las tarifas de este servicio que es hoy un derecho humano?
Desesperanza aprendida
El doctor Daniel Azuaje se pregunta: ¿En qué situación nos coloca ese cuadro de dificultades?, Seguidamente añade: Todo eso nos está colocando en una población que tiene expectativas de vida sumamente precarias, en las cuales las expectativas de que las cosas cambien son muy bajas y vive en lo que se llama desesperanza aprendida.
¿Cuáles son las personas con desesperanza aprendida?
Son las personas que se ven con debilidad ante la inmediatez del futuro, ven el porvenir con mucha desesperanza porque sienten que no hay expectativas de esperanza, ninguna posibilidad de cambio y lo más grave es que no se sienten con capacidad de cambiar sus condiciones de existencia. Se postran esperando que alguien las haga por ellas. Hay una sensación de estar inerme frente a la realidad y de cara al porvenir que se les avecina. Me refiero a la gente que aprendió a no tener esperanza.
¿Cómo se ha llegado a ese extremo?
Esa situación se da cuando hay una frustración continua: Comienza a buscar trabajo y no encuentra; buscar una bolsa de comida, pero no se la dan; exige un cupo en la escuela para sus hijos y no lo consigue; va al hospital en busca de una cama para una intervención que requiere su enfermedad, pero no la obtiene; busca por todas partes ayuda, pero nadie la atiende. Frente a esa frustración en todos los órdenes de la vida, la persona aprende entonces a no esperar que nada bueno ocurra. Cuando una persona aprende que no va a ocurrir nada bueno, haga lo que haga, se mueva o no se mueva, el resultado es el mismo, entonces, ¿qué puedes esperar? Sólo frustración. La desesperanza aprendida conduce a una inamovilidad frustrada y lo único que puede pensar es que alguien algún día, sin fijarse el tiempo, haga algo como si se tratara de un milagro.
Consecuencias de la migración
¿Es la condición que tuvieron los millones de venezolanos que se fueron del país?
No. Ellos se fueron porque consideraron que aquí no podían conseguir nada. Pero, tuvieron la esperanza de que en otro lugar sí la iban a conseguir. Ellos no estaban con desesperanza aprendida. Lo que vieron fue el cierre de las posibilidades en Venezuela; pero, se vieron a sí mismos con posibilidades en otro lugar.
¿Cuán grave es que se haya ido la tercera parte de la población?
Ha originado varias consecuencias, la primera de las cuales es que se ha registrado una descapitalización del talento humano venezolano, porque otros países se están aprovechando de los profesionales y técnicos formados durante muchos años en Venezuela: educadores, médicos, ingenieros, arquitectos, economistas y así otros profesionales. La segunda es la fragmentación de la familia, porque unos miembros se fueron y otros se han quedado. ¿Cuántos padres hay que tienen años que no ven a sus hijos o no conocen a sus nietos? La tercera consecuencia, ocasionada por la anterior, es que tenemos una población de abuelos que han quedado en estado de soledad, muchas veces con dificultades para establecer vínculos sociales porque sus amigos se fueron, sus hijos se fueron, los amigos de sus hijos se fueron, y esa soledad mata. Las consecuencias psicológicas y de salud, tanto físicas como mentales, son muy extendidas. Todos conocemos de gente que ha muerto sumida en depresión.
Analfabetas funcionales
¿Dentro de ese problema también se encuentra el de niños y jóvenes fuera del sistema educativo?
Esta es una situación muy seria, que presenta varios problemas, el primero de los cuales son personas que van a tener dificultades para establecer y consolidar relaciones sociales; es decir, van a tener dificultades para relacionarse con otras personas, para respetar los límites de otros, que van a tener dificultades para aceptar las normas sociales porque no han tenido ese entrenamiento que da la familia, la escuela, los compañeritos de juego. El segundo es que vamos a tener una población de analfabetas funcionales, que no se va a poder articular a una sociedad cada vez más compleja porque van a tener una mentalidad de piedra en una era de la Inteligencia Artificial. Habrá un abismo muy grande para integrar a esa gente a la sociedad y se va a generar un peligro muy grande de desadaptación social y será una carga extremadamente pesada para las generaciones que vienen. Y lo más grave es la habilidades de ellos en el futuro, ¿por qué van a quedar ellos? Para cargar basura, atender estaciones de servicio, hacer mensajerías, barrer las calles, funciones éstas que desarrollarán dentro de pocos años los robots. Evidentemente, no van a tener cualidades para insertarse en el mercado laboral. No tendrán oportunidad con la Inteligencia Artificial.
Desnutrición y pérdida de talla
Cuando se habla de pobreza por ingresos, ¿cómo se pueden ver las consecuencia de un dólar que a comienzos de enero estaba en 52 bolívares y ya está en 280 bolívares?
Esa pregunta que me haces resume lo que hemos venido hablando. Porque cuando se tienen pocos ingresos las consecuencias son indetenibles e inmediatas: el venezolano hoy día está altamente desnutrido y la nutricionista e investigadora Susana Raffalli Arismendi ha precisado en sus estudios que el venezolano ha descendido tres centímetros en su talla en el promedio de altura, lo que indica que las nuevas generaciones son más pequeñas, pesan menos y están desnutridas. De esos niños y jóvenes fuera del sistema educativo también están desnutridos. La desnutrición genera daños cerebrales, muchos de ellos, irreversibles y aunque sean bien alimentados después van a tener retardo muchos de ellos. Santo Dios, me conmueve decirlo, van a quedar como desechos sociales. Eso es terrible.
Fe y esperanza
¿Qué se puede esperar en lo inmediato cuando persisten los problemas ya mencionados en medio de una crisis económica y política que, aparentemente, no tiene salida?
En este momento el futuro inmediato es absolutamente por las circunstancias que tenemos. Decir cómo va a ser la próxima semana o dentro de un mes es imposible saberlo porque la situación es de incertidumbre, la cual genera ansiedad o temor, y a veces las dos cosas a la vez. La gente ve con dificultad programar cosas a futuro porque no se sabe qué va a ocurrir, lo que queda es como va pasando, vamos viendo. En los estudios que estamos haciendo se ve una inseguridad muy grande.
¿Al final nos está diciendo que lo que tenemos en la población es desesperanza aprendida e incertidumbre?
Hay un detalle interesante con el cual yo quiero terminar esta entrevista. Los datos de Encovi y los estudios que nosotros, los sociólogos, estamos haciendo arrojan un resultado muy importante: más de la mitad de la población quiere sentirse útil. La fe en que las cosas sean mejores y podamos contribuir con los demás no se ha perdido. Y ese es el punto más alto de esperanza.

