¿Quién fue ese papa?
Entre los años de 1922 hasta 1939, preludio de la segunda guerra mundial, la Iglesia Católica, tuvo como máximo pontífice al italiano Achille Damiano Ambrogio Ratti, quien escogió para el ejercicio de su papado el nombre de “Pio XI”, correspondiéndole actuar en tiempos en los cuales emergieron totalitarismos gubernativos, como el comunismo en Rusia, el fascismo en Italia y el nazismo en Alemania, a los cuales dedicó de manera crítica trascendentales encíclicas, dado que también fue un connotado intelectual, que escribió para la historia católica de la humanidad, más de treinta cartas de esa naturaleza.

Primera Encíclica contra el comunismo
En la carta papal *“Divini Redemptoris”*, cuestionó al _comunismo_, considerando que esta doctrina planteaba una lucha entre el bien y el mal, al existir gobernantes con deseos de dominar e imponerse a sus semejantes, valiéndose para ello del engaño, basado en falaces promesas, también en las persecuciones y la violencia aún contra la misma iglesia. Advertía que, con su implementación, pueblos enteros estaban en el peligro de caer nuevamente en una barbarie, peor que la existente en los primeros siglos de la humanidad, ante lo cual la Iglesia Católica no podía callar, como en efecto no calló.
Con esta valiente declaración el pontífice romano salía al encuentro del comunismo estalinista, dado que consideraba que, *“era misión de la iglesia la defensa de la verdad, de la justicia y de todos aquellos bienes eternos que el comunismo rechazaba y combatía”*. De allí que, se puede inferir que la iglesia católica incluida la venezolana, siempre ha tenido una posición crítica frente a los totalitarismos opresores, que, a pesar de querer reducirla a una labor meramente espiritual, no han podido silenciarla o apartarla de su papel de ser voz social, cuando las circunstancias políticas, pretenden oprimir la dignidad del hombre.
Sostuvo el pontífice en aquellos años que, la política o la conducción de un Estado, no podía liberarse de conductas morales o espirituales, dadas las creencias que al respecto tienen las sociedades, que hacen que no obstante ser la actividad política un oficio hecho por hombres en la búsqueda del poder, no hay que desvincularse de aquellas prácticas, así opinen en su contra connotados intelectuales, casi siempre practicantes del ateísmo, que no miden las consecuencias de sus opiniones en cuanto a los resultados que las mismas ocasionan en el rendimiento de las instituciones del Estado.
Descripción papal
Citando a su predecesor Pío X (1846), en la mencionada encíclica, reflejó sus consideraciones sobre el comunismo de la siguiente manera: “doctrina, totalmente contraria al derecho natural que, si se admitiera, llevaría a la radical subversión de los derechos, bienes y propiedades de todos y aun de la misma sociedad humana”. Más tarde, citó al papa León XIII que, en la encíclica _Quod Apostolici numeris_, definió el comunismo como “una mortal enfermedad que, se infiltraba por las articulaciones más íntimas de la sociedad humana, poniéndola en peligro de muerte”.
El comunismo escribió, despoja al hombre de su libertad, que es un principio directivo de su conducta moral, que suprime en la persona humana, toda dignidad y todo freno moral eficaz, contra el asalto de los estímulos ciegos. “Al ser la persona humana, en el comunismo, una simple ruedecilla del engranaje total, niegan al individuo todos los derechos naturales propios de la personalidad humana, para atribuirlos a la colectividad o masa,”. En las relaciones sociales de los hombres, afirman el principio de la absoluta igualdad descendente, rechazando toda autoridad jerárquica establecida por Dios, incluso la de los padres.
Segunda Enciclica contra el Fascismo
En la encíclica _“non abbiamo bisogno”_, que significa *“no lo necesitamos”*, construida contra el *fascismo*, denunció una campaña falsa e injusta contra las Asociaciones Católicas Juveniles, que condujo a la disolución de estas agrupaciones que cumplían labores laicas en la Italia de aquellos años, a pesar de estar compuestas de jóvenes y niños, que fueron criminalizados con prácticas poco apegadas al derecho y a la razón, además fueron víctimas de brutalidades y violencia, que llegaron hasta la sangre, todo lo cual llevó a Pío XI a defender en esta encíclica la conducta y trayectoria de esos jóvenes.
El fascismo denunciado, había realizado un conjunto de irreverencias y de vías de hecho que eran avaladas por los miembros del partido gobernante que, usaban sus insignias como símbolo de poder en la Italia de Mussolini, de todo lo cual el alto Gobierno y sus fuerzas de seguridad se desentendían, favoreciendo la impunidad, faltándose de esta manera a la verdad y a la justicia, al predominar las calumnias y las mentiras esparcidas por una prensa abyecta al régimen y al partido, acostumbrada a eso, pero que carecían de credibilidad entre la población, que percibía que se trataba de invenciones.
Protestó Pío XI en varias ocasiones contra los intentos del Gobierno fascista de equiparar esas Asociaciones Católicas Juveniles, con un partido político, lo que contradijo en esa encíclica al aclarar que, las mismas colaboraban con las autoridades católicas en la difusión de sus postulados y prescripciones, las que estaban por encima de cualquier tendencia partidista. Eran esas unas irrespetuosas acusaciones, por demás falsas y ligeras, que rayaban en lo ridículo, por lo lamentables. Al parecer esta práctica de atribuir a instituciones o personas ciertos calificativos, no ha pasado de moda.
Tercera Encíclica Contra el nazismo
Denominada *“ardiente preocupación”* dirigida contra el *nazismo* hitlerista, fue traducida en muchas partes del mundo; en su momento fue introducida en Alemania en el año 1937 por vía diplomática, de manera subrepticia, para que no fuese decomisada por la *GESTAPO*, fue leída un domingo de ramos en todos los templos católicos de aquel país, lo que significó un reto abierto del catolicismo a la autoridad nazista. _La crítica gruesa consistió en condenar la pretensión de ellos de reemplazar el cristianismo con un culto a la raza aria al que calificó como una ruptura con el catolicismo._
Pío XI condenó en esta encíclica, tanto el antisemitismo, como la afirmación de que existía una raza aria superior y aclaró que, solo existía una raza humana. El documento constituyó una advertencia al observar la predisposición y odio del régimen hitlerista contra la raza judía, cuyos resultados dejaron millones de víctimas en el fracaso de la humanidad llamado “Holocausto”. Consideraba que el nazismo era una ideología *“neopagana”*, que buscaba respuestas de su historia y cultura en el pasado, como si fuese un movimiento religioso que trataba de reivindicar prácticas y oficios políticos, con ese mantra.
Final de la opinión
A lo largo de la historia de la humanidad, los pontífices romanos han enfrentado delicadas y complejas situaciones políticas y militares, que trataron escribiendo inmortales documentos que, sin dudas, incomodaron tiranías, por advertir de los peligros y daños que las sociedades podían sufrir, cuando eran víctimas de las doctrinas totalitarias cuestionadas que, privilegian la posición del Estado frente al individuo, el cual siempre es tenido como un instrumento, para la consecución de los fines del poder, lo que en su momento, fue denunciado por Pío XI y otros pontífices en épocas diferentes, con el propósito de defender la fe y la dignidad humana, frente a la estadolatría pagana que cada una de ellas representa.

