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Comer con lo que hay en el momento, es lo que la crisis alimentaria obliga hacer a los venezolanos

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La supervivencia de los venezolanos los lleva a pedir en la calle o endeudarse para poder comer, según un informe de Cáritas Venezuela, en el que revelan que el país mantiene las cifras de desnutrición infantil de 2016: 29.5 % de los niños evaluados está en desnutrición aguda o riesgo de tenerla. Neveras vacias.

Bajo un techo de zinc y el calor de una cocina armada con bloques, Carmen Herrera, madre de tres hijos, pela una auyama mientras hierve agua con sal. «Hoy toca crema de auyama con un poquito de arroz. Eso llena el estómago», dice con una sonrisa resignada.

Como ella, millones de venezolanos han tenido que reinventar su manera de alimentarse ante la inflación y el colapso del poder adquisitivo. En medio de este contexto, se obligan a buscar opciones como una herramienta de supervivencia.

En los barrios populares de Maracaibo (Zulia), Petare y los Valles del Tuy (Miranda), así como en Caracas, las familias han aprendido a sustituir ingredientes tradicionales por lo que esté disponible en casa o por el que sea más barato. Harina de maíz por yuca rallada; carne por sardinas o riñonada y leche por agua de arroz son algunas de las opciones.

Hacemos arepas con plátano verde o con auyama. A veces mezclamos lo que queda de varias harinas para que rinda. Josefina Chávez, ama de casa.

«Hacemos arepas con plátano verde o con auyama. A veces mezclamos lo que queda de varias harinas para que rinda», cuenta Josefina Chávez, un ama de casa de 52 años que vive en una zona rural de los Valles del Tuy.

En su comunidad, la solidaridad es prácticamente una consigna. «Aquí nadie tiene todo, pero entre todos nos ayudamos», dice.

El peligro de comer

Los venezolanos buscan las opciones más económicas y rendidoras para comer, aunque ello signifique un problema a largo plazo para su salud, alertó la presidenta del Colegio de Nutricionistas del estado Zulia, Yelitza González.

«Hay un alto índice de obesidad y de pacientes diabéticos producto de la inadecuada alimentación con el aumento de carbohidratos y la disminución de proteína animal debido a su alto costo», aseguró la especialista en entrevista telefónica.

Al consultorio de González llegan pacientes que preparan sólo arroz con un poco de azúcar para la cena, pasta sola, yuca, algunos tubérculos o incluso animales no aptos para el consumo humano.

«Escuchaba a un paciente que dijo: ‘cocino arroz, le agregó un poco de azúcar y eso es lo que le doy a los niños de cena’. Otro paciente, que vive en una zona rural, me dijo: ‘agarré un rabipelado, lo maté y lo comí. El venezolano se las inventa, pero está en riesgo la salud», advirtió.

Agregó que tampoco hay un alto consumo de vegetales y frutas, debido a los elevados precios. «Terminan minimizando la ingesta de vegetales, frutas y proteínas y la reemplazan por más carbohidrato, porque da saciedad y alcanza para todos», lamentó.

La especialista aconseja a los consumidores sustituir la proteína animal por la vegetal, como los granos, que son rendidores y sirven para elaborar distintas recetas. En la parte láctea sugiere usar ricota o requesón y recomienda no olvidarse de los huevos, aunque también resultan costosos.

Tengo familias que compran tres huevos para comer todos. Los baten y los mezclan con el arroz, contó con preocupación.

Hay un alto índice de obesidad y de pacientes diabéticos producto de la inadecuada alimentación con el aumento de carbohidratos. Yelitza González, presidenta del Colegio de Nutricionistas del estado Zulia

Hasta abril de 2025, el precio de la Canasta Alimentaria Familiar era de 503,73 dólares, según documentó el Centro de Documentación y Análisis Social de la Federación Venezolana de Maestros (Cendas‑FVM), organización que no ha publicado nuevas actualizaciones por temor a la represión.

Ese monto contrasta con un salario mínimo que se ubica en 130 bolívares y que representa menos de 1 dólar.

Esta desigualdad revela el desequilibrio entre los ingresos de la población y el costo real de la alimentación básica, y que se combina con una devaluación diaria de la moneda, que vacía aún más los bolsillos de los venezolanos.

Cifras dolorosas

Cáritas de Venezuela registró en una encuesta familiar sobre seguridad alimentaria -elaborada en 13.305 hogares en 8 estados del país- las estrategias que usa el venezolano para comer.

El estudio reveló que 32% ha tenido que pedir o comer en servicios de alimentación fuera de casa, 54% ha tenido que endeudarse o pedir ayuda para poder comer, 59% ha pasado por privación de alimentos en cantidad y calidad, y 76% ha liquidado sus ahorros.

Esa supervivencia conlleva a cifras más alarmantes. La organización elaboró un monitoreo en agosto de este 2025 del estado nutricional de 2.502 niños y niñas de hasta 5 años en las 28 diócesis que tienen en 56 municipios de 20 estados del país. El resultado: 29.5% de los niños evaluados está en desnutrición aguda o riesgo de tenerla.

El informe precisa que 9,1% de los niños evaluados padece Desnutrición Aguda Global (moderada y severa) y 20,4% está en riesgo de desnutrición.

«La comparación en la frecuencia de desnutrición entre el 2016 y el 2025, muestra períodos variables: un incremento considerable entre el 2017 y 2018, durante el pico de la crisis económica, política y social y coincidiendo con la apertura del mecanismo de respuesta humanitaria; un segundo empeoramiento al inicio de la pandemia por Covid-19 y el empeoramiento actual sostenido desde el 2023», explica Cáritas en el informe.

Los niveles de desnutrición que registra Cáritas en 2025 son similares a los encontrados en 2026, cuando iniciaron sus programas de respuesta humanitaria en el país.

Estiman que el escalamiento sostenido de la desnutrición en los últimos 2 años ocurre en un momento en el que confluyen varios factores que agravan la situación humanitaria: el aumento de las necesidades, la reducción de los fondos de cooperación y la reducción de las organizaciones dando respuesta.

El ingenio para alimentarse

A pesar de las dificultades, el espíritu de resistencia se mantiene. «No es fácil, pero uno se las ingenia. Lo importante es que mis hijos coman algo cada día», dice Carmen, residente de los Valles del Tuy.

Ella prepara arepas sin harina. Usa plátano verde rallado, ocumo o yuca para hacerle frente a la crisis.

Cerca de su casa había un comedor popular del Gobierno, pero cerró hace al menos tres años. «Allí almorzábamos toda la semana, pero un día dejó de funcionar. Era de gran ayuda para adultos y niños», señaló a El Pitazo el 5 de noviembre.

Carmen optó por hacer un huerto para cultivar cilantro, auyama y plátano, entre otros. Al igual que muchos comedores populares del Gobierno, aquellos que mantenían algunas organizaciones no gubernamentales fueron clausurados.

En mayo de 2025, la fundación Alimenta la Solidaridad informó el cierre de sus comedores en Venezuela, que atendía a 12.000 niños cada día. El motivo: la falta de garantías de seguridad para su personal voluntario y la creciente represión gubernamental.

«Esta pausa responde a una razón fundamental: proteger la seguridad de nuestros beneficiarios, líderes comunitarios y equipo de trabajo. La nueva Ley de Fiscalización, Regularización, Actuación y Financiamiento de las ONG impone condiciones y riesgos que hacen inviable nuestra labor», argumentó la fundación en un comunicado emitido en esa fecha.

Este proyecto inició en 2016. Hasta el día de su cierre, la ONG había servido 24.000.000 de platos de comida en 15 estados del país.

La mayoría de estos proyectos quedaron en el recuerdo. En su lugar, han surgido iniciativas individuales como la de Carmen, que cultiva en su patio lo que puede para garantizar al menos una comida diaria.

Escuchaba a un paciente que dijo: ‘cocino arroz, le agregó un poco de azúcar y eso es lo que le doy a los niños de cena

Yelitza González, presidenta del Colegio de Nutricionistas del estado Zulia

La situación de Carmen la viven cientos de venezolanos, quienes buscan alternativas para alimentarse. Ante los altos precios de la carne de res, cuyo kilo se vende entre 10 y 15 dólares, ya habían optado por comprar carapacho de pollo o vísceras, según ciudadanos consultados por El Pitazo en un trabajo publicado el 1 de noviembre.

Las reacciones de los usuarios en las redes sociales coincidieron en que los altos precios de los alimentos los llevan a cambiar su alimentación. «Comer sano, hacer dieta, cuidar la salud con buena alimentación se ha hecho un lujo», dijo María Fernanda Varillas.

«Yo compro ovejo, está en 3.5 dólares el kilo, y las chuletas de ovejo en 6$. Es mucho más saludable. Antes me daba el lujo de comprar carne de res, ahora no puedo, en mi hogar de tres comidas pasamos a hacer 2. Cero salida, cero ropa, calzado, cero diversión», escribió un seguidor de El Pitazo.

El huerto de Carmen no solo representa una fuente de alimentos, sino también un símbolo de resistencia silenciosa. En medio de la crítica situación económica que afecta al país, la subsistencia se convierte en un acto cotidiano de dignidad.

El Pitazo

 

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