Eso de medir las épocas y contar el tiempo siempre ha estado ligado a grandes hombres y grandes acontecimientos de la historia, desde la determinación de los tiempos bíblicos del calendario judío que hoy nos sitúa en el año 5786 o el musulmán basado en la Hégira (migración) de Mahoma desde la Meca a Medina en el año 622, lo cual lo coloca en el equivalente a 1403; o el calendario Juliano promulgado por el emperador romano Julio César o el gregoriano instituido por el papa Gregorio XIII en 1582 (vigente hoy para nosotros) o el impuesto por la gesta bolchevique en Rusia que sitúa la Revolución en Octubre de 1917, pero se celebra el 7 de noviembre con motivo del ajuste de los calendarios oriental y occidental; o el de la Revolución francesa con los ciclos agrícolas que para este mes nos coloca en Brumario).
En todo caso, entre nosotros los judeo-cristianos (un tercio de la humanidad) la fiesta central es el nacimiento de Nuestro Señor Jesucristo que celebramos el 25 de diciembre, que -de paso- marca las crucial bisagra entre eras: antes de Cristo y después de Cristo.
Pero en nuestra Venezuela destinada a grandes acontecimientos y pintorescos caudillos, el “mandamás” de la avenida Urdaneta ha decretado que la fecha de la Natividad ha de celebrarse en forma extendida a partir del 1º de octubre con Cruz del Ávila encendida y todo. Tal capricho no es la primera vez que se impone. Tiene precedentes en los años 2024, 2021, 2020 y 2013, siempre al amparo de la “revolución bolivariana”. No faltaba más…
Madre arrechera cogió el Paladín del Sur Global cuando se enteró de que la hora universal (GMT) se contaba a partir del meridiano 0 situado en Greenwich, cerca de Londres. Tal abuso imperial fue “corregido” en 2007 en muestra de “soberanía”, cuando ordenó que la hora oficial de Venezuela fuera -4.30 hs de GMT en lugar de las -4, que era lo correcto por nuestra posición geográfica.
No se había enterado el Titán de Sabaneta de que la hora universal se contaba a partir de Greenwich y de que todos los países así lo aceptaban a través del Tratado de la Unión Internacional de Telecomunicaciones, ni que el reloj patrón mundial es el que está ubicado hoy en Boulder, Colorado, Estados Unidos (si usted tiene un reloj con GPS, este se sincroniza automáticamente con Boulder, sea el dueño chavista o no).
Ante tal desaguisado Venezuela quedó “como pajarito en grama”, diferente a todos los horarios del mundo, al punto de que el líder tuvo que echar para atrás la decisión y reconocer que los meridianos geográficos son herramientas técnicas, no políticas.
Así pues, casi tan original como su onmisapiente mentor, Nicolás decretó que el adelanto de la Navidad tenía por objeto “defender el derecho a la felicidad” y que es “la mejor vacuna que han descubierto contra los amargados, los fascistas y los violentos”. Y agregó que así Venezuela “se inmuniza con una gran dosis de amor, vida y esperanza” (TodoJujuy Venezuela).
Lo que no quedó muy claro es si San Nicolás (no el de Miraflores) entregará los regalos en la Nochebuena o si cambiará para el 24 de julio, que coincide no solo con el aniversario de Carabobo sino con la fecha natalicia del prócer juramentado ante el Samán de Güere camino de Maracay.
Naturalmente, se trata de una treta destinada a aprovechar la circunstancia hoy para sacarle rentabilidad política a corto plazo, dando por sentado que el buen pueblo venezolano no tendrá mucha o ninguna objeción en sustituir la natividad de Nuestro Señor en aras del éxito de la “revolución”. Todos contentos por la canonización de los dos compatriotas de cuyas simpatías chavistas no hay testimonio alguno ni en vida ni de que desde el cielo lo hayan manifestado.
En Roma decenas de miles de compatriotas venezolanos y latinoamericanos pudieron escuchar las muy claras y prudentes palabras del papa León XIV en perfecto español y las de su secretario de Estado, cardenal Pietro Parolin, ex nuncio apostólico en Venezuela, que se despachó por toda la calle del medio conectando las virtudes de los nuevos santos con el ejemplo que Venezuela tanto necesita hoy. Recordemos la célebre frase del héroe del Cuartel de la Montaña: “Lleva el diablo debajo de la sotana”, refiriéndose al cardenal Porras, que en abril de 2002 lo llevó bajo su protección para rendirse en el mismísimo Fuerte Tiuna. Y después…
Por último, si se trata de invocar a los nuevos santos y pedirles un milagro, ese sería su intercesión ante el Padre Eterno para que no se demore mucho en darnos la oportunidad a todos nosotros de reconstruir la nueva Venezuela.
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