El Premio Nobel de la Paz 2025 ha sido atribuido a María Corina Machado “por su incansable labor en la promoción de los derechos democráticos del pueblo venezolano y por su lucha por lograr una transición justa y pacífica de la dictadura a la democracia”, anunció en Oslo (10/10/2025) el presidente del Comité Noruego del Nobel, Jørgen Watne Frydnes. El fallo afirma que se otorgó a “una valiente y comprometida defensora de la paz, a una mujer que mantiene viva la llama de la democracia en medio de una creciente oscuridad”. Es, agrega, un ejemplo extraordinario de “valentía civil” en América Latina.
Ilustración de Juan Diego Avendaño.
En un libro reciente (La lucha por la democracia en Venezuela, 2025) recordé a grandes rasgos la dura, pero lograda trayectoria de María Corina Machado, entre las mujeres “de terquedad infinita” aludidas por Gabriel García Márquez en su discurso de Estocolmo (1982). Con tenacidad empleó tiempo en formar un equipo para tratar de realizar las aspiraciones del pueblo venezolano (el establecimiento de una democracia con libertad y justicia). Y luego llamó a enfrentar el proyecto destructor de Hugo Chávez. Ante el asombro de todos el 13 de enero de 2012, se levantó de su asiento en la Asamblea Nacional para interpelarlo directamente: (Su) “tiempo se le acabó; es el tiempo de una nueva Venezuela”. En pocas palabras le mostró su fracaso: Ud. describe un país “muy distante del que sentimos las madres venezolanas”; “se ha dedicado a expropiar, que es robar”. Aquella tarde de osadía le puso cara y nombre al futuro.
Estaba ya preparada para la misión que le correspondía en la historia. Con raíces en familias de vieja tradición unidas a otra llegada desde Portugal a Guayana, sus padres le proporcionaron buena educación, tanto en Venezuela como en Estados Unidos, y le inculcaron principios a los que mostraría indoblegable lealtad. Graduada de ingeniero en la UCAB, con especialización en Finanzas en el IESA, pronto sintió el llamado de la vocación social: pero no se acercó temprano a la actividad política, sino que trató de “servir a los demás” (lema de su escuela caraqueña) en instituciones privadas dedicadas al cuidado de niños en situación de vulnerabilidad. Su preocupación por los pequeños se ha mantenido durante toda su vida. Tal vez se haya acrecentado durante la última campaña electoral. En uno de los pueblos que visitó uno de aquellos le pidió: “¡Devuélveme a mis padres!” Se habían ido al exterior para sobrevivir.
A comienzos del siglo la vida de María Corina Machado se vio sacudida, como la de millones, por “el huracán” que desató Hugo Chávez cuando pretendió limitar la libertad de los ciudadanos y modificar, mediante decretos contrarios a la Constitución, las bases sociales y económicas del país. Su vida dio un vuelco: se dedicó a fortalecer las fuerzas democráticas. Lo hizo, a pesar de ciertos vínculos familiares existentes, sin adherir a los partidos tradicionales, cuyas últimas actuaciones criticaba. En 2002 fundó junto con Alejandro Platz la organización Súmate, destinada a promover la participación ciudadana y preparar técnicamente activistas voluntarios para las tareas políticas. Coordinó exitosamente, superando las trabas puestas por los órganos estatales, la recolección de firmas (3.448.747) para obligar a convocar un referéndum revocatorio en 2004. Por eso, se intentó enjuiciar a sus directivos en 2006, aunque se alegó entonces haber recibido recursos de una institución norteamericana (NED).
Después de su elección a la Asamblea Nacional en 2010 (¡la más alta votación nacional!) fundó en 2012 Vente Venezuela, partido liberal de centro (“el único no socialista”, afirma) que propone libre mercado y capitalismo popular. La sensibilidad social de su lideresa lo distancia de los conservadores, mientras denuncia la persistencia de algunas tendencias: estatismo, populismo, rentismo, militarismo. Aunque se negó su reconocimiento oficial, ella dedicó los años siguientes a extender su estructura y preparar sus cuadros dirigentes. Por su oposición radical al régimen, sin concesiones al pasado, ganó las primarias de 2022 (2.253.825 votos, 92,35%) Cuando se rechazó su postulación, contra los convenios suscritos, presentó una nueva alternativa unitaria (Edmundo González Urrutia). Luego de una campaña que venció todos los obstáculos que le opuso el régimen, condujo a los sectores democráticos a un triunfo enorme (al menos 7.303.408 votos, 67,1%). Enseguida denunció el fraude, casi unánimemente condenado en el mundo.
El otorgamiento del premio Nobel a María Corina Machado alienta las luchas de los venezolanos. Frente al poder armado, han expresado en forma reiterada (en todos los ámbitos) su vocación democrática mediante métodos pacíficos. Han rechazado la violencia. Han mantenido esa actitud, a pesar de la brutalidad (intensa y sin límites) de la dictadura (en realidad, una tiranía). Tal comportamiento ha tenido el reconocimiento mayoritario de la comunidad internacional, que da al régimen tratamiento de paria. Pero, el premio tiene otra connotación que trasciende nuestras fronteras: la conducta de los venezolanos sirve de inspiración a muchos pueblos. Ocurre precisamente cuando (afirma el Comité noruego), en el mundo la democracia parece “en retirada” (con más regímenes que desafían el derecho y recurren a la violencia). Algunas “tendencias se observan globalmente”: la militarización, la violación de las normas por quienes mandan, los medios libres silenciados, los críticos encarcelados y las sociedades empujadas al autoritarismo.
El Comité noruego del premio Nobel ha recordado que en su historia “ha honrado a mujeres y hombres valientes” que se han levantado contra la represión, que han llevado esperanza a las prisiones, las calles y las plazas públicas, que han mostrado “que la resistencia pacífica puede cambiar el mundo”. Es el caso de María Corina Machado: su decisión de mantenerse en el país, apuntó, “a pesar de serias amenazas contra su vida … ha inspirado a millones”. La distinción, sin duda, la fortalece. Desde un punto de vista personal la hace “intocable”, al abrigo de cualquier proyecto imaginado para “neutralizar” su presencia, como ocurrió en Cuba (2012) con Oswaldo Payá y en Rusia (2024) con Aleksei Navalny. Pero, además, da bríos a millones de seguidores y respaldo a sus tesis: su escogencia supone una especie de legitimación de su acción. Sigue al reconocimiento de su liderazgo nacional por muchos gobiernos.
La figura de María Corina Machado alcanza ahora nivel universal. No puede gustar a los jerarcas del régimen venezolano ni a sus valedores. Por eso, no debe esperarse opinión positiva de parte de sus representantes. El tirano la llamó “bruja demoníaca”; y preguntada sobre el tema la presidente de México respondió: “Sin comentarios”. Poco generosa: fue miembro de un panel (600 académicos) de la ONU, que ganó la distinción (2007). Recibir el premio, que muchos codician, hace del escogido (además de una “estrella” mundial), un personaje respetado (aún por sus adversarios), y cuya opinión se escucha con atención. Entre ellos se cuentan Martin Luther King Jr., Nelson Mandela o la Madre Teresa. Pero, también algunos políticos de mucho prestigio: Woodrow Wilson, Dag Hammarskjöld o Jimmy Carter. Y otros muy discutidos: Theodore Roosevelt, Henry Kissinger o Yasser Arafat. No extraña, por tanto, que Donald Trump lo ambicione… ¡y lo diga!
No son muchos los premiados en América Latina. Apenas 18 en las 5 categorías: 5 en las científicas (entre ellos el venezolano Baruj Benacerraf (Medicina, 1980), 6 en literatura y 7 en la búsqueda de la paz. Sólo 3 mujeres: además de MCM, Gabriela Mistral (Literatura, 1945) y Rigoberta Menchú (Paz, 1990). No es poco, pues, el honor recibido. Ellos, como quienes lo lograron en otros países, constituyen parte del patrimonio cultural mundial; y son instrumentos para el cambio, el progreso y el bienestar de la humanidad. Son una fuerza poderosísima, superior a cualquier ejército u arma. Que lo digan Albert Einstein, Marie Curie o Alexander Fleming. Y lo atestiguan Lech Walesa (en Polonia), Nelson Mandela (en Suráfrica), Aleksandr Solzhenitsyn o Andréi Sájarov (en Rusia), Muhammad Yunus (en Bangladesh) y Malala Yousafzay (en Pakistán). No lo entienden algunos: sólo miden los efectos de la fuerza bruta. Ignoran que las del espíritu se imponen finalmente.
María Corina Machado es un símbolo de la Venezuela que renace, depurada y animosa, luego de un paréntesis de barbarie. Curiosamente hace casi cien años (1929) Rómulo Gallegos, un escritor que mereció aquel galardón, hizo de otra mujer, la doña de “El Miedo”, la imagen de aquel país, atrasado y violento, que debía superarse. El mensaje es el mismo. “La democracia depende de la gente que quiere vencer el silencio, que se atreve a dar un paso al frente, a pesar de grandes riesgos”. Ahora ella encabeza esa actitud de todo el pueblo que marcha decidido a conquistar sus libertades y esperanzas.
Profesor titular de la Universidad de los Andes (Venezuela) – X: @JesusRondonN

