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Omar González Moreno: Aumenta la presión

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La fragata HNLMS Van Amstel (F831), joya de la Armada Real de los Países Bajos, avanza implacable hacia el sur del Mar Caribe, a apenas 20 millas de las playas venezolanas.

No es un crucero de placer; es un puño de hierro envuelto en diplomacia, un recordatorio contundente de que el mundo ya no mira de reojo el drama de un pueblo venezolano asfixiado por el régimen narcoterrorista de Nicolás Maduro y sus cómplices.

Es una moderna fragata que viene en defensa de las miles de madres en las colas del hambre, de los niños que sueñan con pan en lugar de falsas consignas revolucionarias, y en contra de un régimen que ahoga la voz de la libertad a punta de represión.

Maduro y su corte de verdugos han convertido Venezuela en un barco fantasma, naufragado en la corrupción y la miseria, mientras el tráfico de drogas, petróleo y oro de sangre engorda bolsillos ajenos.

Pero hoy, esa fragata holandesa tampoco patrulla por deporte o entrenamiento.

Es la encarnación de la presión internacional que crece como una marea imparable.

Es parte de las fuerzas aliadas del pueblo venezolano en el Caribe, en representación de las potencias europeas que respaldan los vientos de cambio que soplan desde Washington, donde buques yankis ya acechan para cortar las venas del narcotráfico que alimenta al monstruo chavista.

¡Basta ya de impunidad! Cada milla que recorre la Van Amstel es un latido de solidaridad con los valientes que marchan en las calles de Caracas, en los barrios de la Venezuela adentro,  con los presos políticos que claman justicia desde las inmundas celdas húmedas, con los millones que huyeron dejando atrás la patria destrozada.

Esta no es una invasión; Es el rugido de la conciencia global, un faro que ilumina la oscuridad del chavismo agonizante.

Países Bajos, con su historia de resistencia contra tiranos, envía no solo un buque, sino un mensaje: el aislamiento del régimen se cierra como una tenaza.

Maduro y sus marionetas pueden ladrar, pero el mar -libre y vasto- responde con la verdad de la fuerza justa.

Venezuela, mi Venezuela herida, siente el pulso de esta patrulla en tus venas.

Es el preludio de la redención, el juramento de que no estás sola.

Levántate, pueblo inmortal, que la fragata, destructores, submarinos y aviones avanzan, y con ellos, el pueblo venezolano sin distingos de ninguna naturaleza que ya siente el amanecer de la libertad.

¡El fin del oprobio está cerca, y nada lo detendrá!

 

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