Medianoche. 16 de junio
No vuelvo a las letras, que duelen como una
catástrofe. No escribo más. No milito más.
Estoy en medio de la escena, entre quien adoro y
quien me adora. Desde aquí del medio siento la cara
abrasada, mano fría, ardor en la garganta. La
jauría de Londres caza mi maldad pueril,
cándida seducción que da y toma y luego exige
respeto, madame jabalí. No soporto los perfumes.
Hurgo con la nariz el traje de él. Aire de Mia
Farrow, traslúcida. El horror de los perfumes, de los
celos y del zapato
que era gemela perfecta de los
negros celos brillando en la garganta. Las novias que
preparé, amadas, blancas. Hijas del horror de la
noche, estallando de tan nuevas, tontas de bouquets. Tan
tristes cuando extermina, dulce, insomne, mi
amor.
***
Imaginé un truco barato que casi
resulta. Tengo corresponsales en cuatro capitales
del mundo. Piensan en mí intensamente
e intercambiamos postales y novedades. Cuando no
llegan cartas planeo arrancar el calendario de la
pared, en la sesión de dolor. Creo viborillas que son
crías de rabia — rabietas que suben en
grupo por la mesa y cubren el calendario de la pared
sin parar de moverse. Fui yo la que inventó esos
planes y trucos en el tren. ‘¿El tren
que atraviesa el caos?’ — mira tú. Llega una
carta desde la capital de Brasil que dice: ‘¡Todo! Todo
menos la verdad’. ‘Los personajes usan
disfraces, capas, rostros enmascarados; todos
mienten y quieren ser burlados. Quieren
desesperadamente’. Al contrario, era un tren
que atravesaba el countryside de la civilización. Era
un tren atrasado, parador, que se metía en
túneles y a esas horas yo planeaba más lejos
todavía, planeaba levantar una cortina de humo
y abandonar a mis corresponsales uno por uno.
Porque hago viajes movidos por el odio. Más
resumidamente en busca de bliss.
Por eso tomo los trenes quince minutos
antes de la partida. Sweetheart, cleptomaniac
sweetheart. You know what lies are for. Dulce
corazón cleptómano.
Poniendo de soslayo en la maleta sobras de comida,
gatos y bebés enfermos.
Aliento de gato. Gato viejo parado hace horas
frente a la puerta del frente.
Y qué. El corazón en la maleta. Pon el corazón
en la maleta. Ponlo en la maleta.
Ana Cristina Cesar, fue una poeta y traductora nacida en Río de Janeiro, Brasil, en 1952. Considerada uno de los nombres más importantes en la Generación del mimeógrafo. Vinculada también con el movimiento de la Poesía Marginal. En 1969, a los 17 años, viaja por primera vez a Inglaterra. Se graduó como Master of Arts en la Universidad de Essex, Inglaterra. Tradujo a Katherine Mansfield y Emily Dickinson entre otras. Fue a partir de los años setenta cuando empezó a desarrollar su obra poética, durante la última dictadura militar brasileña (1964-1985). En 1983, al final de un curso sobre literatura de mujeres en Brasil, entra en una fase depresiva profunda. Después de un intento de suicidio en la playa, permanece ingresada durante algunas semanas en un psiquiátrico. El 29 de octubre regresa a casa de sus padres, en Copacabana, donde, con solo 31 años, se suicidó saltando al vacío desde una terraza en presencia de su familia. Publicó Escenas de Abril (1978), Correspondencia completa (1978), Guantes de gamuza (1980) y A tus pies (1982). Póstumamente, se publicarían los libros Inéditos e dispersos (1985), Novas seletas y Poética (2015). Presentamos una selección de poemas con traducción de Teresa Arijón y Bárbara Belloc.

