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Román Ibarra: Atropello a la razón

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Haciendo abstracción de quien se trate, la intención de perpetuarse en el poder no es buena consejera. No importa si se trata de alguien que ha hecho a juicio de la mayoría un buen gobierno, o si por el contrario, tratándose de quien lo ha hecho mal, aspira quedarse para imponer su forma de gobernar por la fuerza.

Una de las razones más importantes de la democracia para diferenciarse de la autocracia; la dictadura, y el absolutismo, es precisamente la alternabilidad como principio, lo cual, implica el relevo periódico; mediante mecanismos legales de aceptación general y pacífica, y a través de elecciones, la sustitución de los gobernantes en el poder, garantizando la transición pacífica y evitando la perpetuación en el poder de cualquier persona o grupo.

La aceptación de la democracia como mecanismo de convivencia social, y pacífica está vinculada con otros principios, como son: la renovación; la responsabilidad; la legitimidad, y la estabilidad política.

La renovación estimula –entre otras cosas- la necesidad del estudio y formación permanentes para la generación de nuevas ideas que impidan el estancamiento en el ejercicio del gobierno.

La responsabilidad supone en los gobernantes la conciencia de que deben y pueden ser reemplazados, lo cual, impone la rendición de cuentas para evitar el incumplimiento de las expectativas generadas ante la ciudadanía.

La legitimidad deviene de la realización periódica de elecciones reconocidas por las autoridades respectivas, con sujeción plena a la voluntad general del pueblo en ejercicio soberano del voto, con lo cual, se garantiza la estabilidad del sistema político y la confianza ciudadana en sus instituciones.

La estabilidad política comporta la reducción de la conflictividad mediante la transición pacífica, y la garantía de la paz social. Se trata entonces, no solo del cambio de partidos, o grupos políticos, sino también de personas de distintos orígenes; experiencias, y comprensión de los fenómenos sociopolíticos que puedan eventualmente acceder al poder. De ahí que de manera natural se realicen elecciones primarias en el seno de los partidos democráticos para escoger la representación más idónea de esa agrupación de cara a la celebración de cada nueva elección (Presidentes; Gobernadores, y Alcaldes por ejemplo).

No importa entonces si se trata de izquierda, o derecha, se trata simplemente de que la intención de perpetuidad en el ejercicio del poder es en sí misma, una fuente de corrupción inaceptable.

John Emerich Dalberg-Acton (1834 Italia, Reino de las dos Sicilias-1902, Imperio Alemán) político; historiador; pedagogo; escritor; profesor universitario; periodista; filósofo británico; católico, y  liberal, más conocido como Lord Acton, sentenció: ¨El poder tiende a corromper, y el poder absoluto corrompe absolutamente¨!

En 2007 los venezolanos fuimos capaces de derrotar electoralmente la propuesta de Chávez, en sus designios totalitarios, de reformar la Constitución con la intención de perpetuarse en el poder de manera indefinida. Su intención caudillesca fue derrotada por el carácter democrático y unitario que logramos concitar para frenar ese acto bárbaro.

Hoy, pero en El Salvador, la historia se repite. Bukele con muy amplia aceptación popular, gracias a que logró controlar y someter a la justicia a las bandas criminales que por décadas azotaron la vida y la economía de todo el país, forzando la diáspora de sus ciudadanos, se le metió en la cabeza la idea de la reelección presidencial indefinida, lo cual, logró mediante la aprobación legislativa, gracias al control que tiene de esa instancia institucional.

Eso ha concitado discusiones intensas entre quienes lo apoyan, y quienes se oponen a esa intención. Los que lo apoyan esgrimen toda clase de argumentos para justificar semejante propuesta. Alegan que gracias a su gestión ha sido posible lo que nadie hizo antes, y la tranquilidad de los ciudadanos justifica todo cuanto se ha hecho en contra de los mafiosos pandilleros.

Aceptar esa argumentación supone la justificación del caudillismo en la modernidad, y destruye la idea del desarrollo institucional con base en la Constitución, y las leyes. Esto es, que los hombres ¨providenciales¨ pueden y de hecho están por encima de toda legalidad. Eso es una aberración que desconoce y entierra  todo el desarrollo de la historia política; las ciencias sociales, y la democracia como valor supremo. Es inaceptable, llámese Bukele; Hitler; Chávez; Maduro; Putin, y cualquier otro autócrata disfrazado de demócrata.

Sin alternabilidad no hay democracia, y en consecuencia, los defensores de la libertad estamos en la obligación de oponernos a esas intenciones, sin importar de quien se trate. Es un error que con el tiempo se paga muy caro. Hoy la justificación pasa por la destrucción y el sometimiento de las bandas criminales, pero que pasará  cuando no haya más criminales del hampa común sueltos? Contra quienes dirigirá sus esfuerzos? Será contra los adversarios políticos convertidos por el extremismo en enemigos? Será contra la Iglesia cuando intente defender los DDHH de los perseguidos? Son preguntas lógicas que hoy no tienen respuestas.

Lo cierto es que mantenerse indefinidamente en el poder, producirá inevitablemente abusos, y desafueros, porque no acepta la disidencia del pensamiento y la acción contraria a designios autocráticos que justifica en la aceptación popular. A ese respecto, es bueno recordar que Hitler también ganó las elecciones, y a su manera también Putin. Por ahí no es, se trata de la sujeción a reglas Constitucionales, y leyes, y no a la interpretación particular que cualquiera se haga de ellas.

Así como hemos rechazado la idea de la perpetuación en el poder en el caso de Venezuela, lo rechazamos igualmente en Rusia y en todos los regímenes republicanos y presidencialistas como  El Salvador.

Pareciera que con la aprobación legislativa ya es un hecho consumado, que solo podrá ser revertido con la votación popular, habida cuenta de que el poder judicial de esa nación centroamericana también está controlado por el poder ejecutivo. He ahí la importancia de los contrapoderes como el poder legislativo para controlar y evitar el abuso, así como la construcción de un poder judicial, profesional; autónomo e independiente.

Todo el poder en una misma persona, o grupo, es antidemocrático por antonomasia. Muy lamentable.

@romanibarra

 

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