Orchis purpúrea
Irresistible lenta, se acaricia
hasta el rigor tensada.
Trasoñar de la carne, ansiosa limitando
su tesoro lunar,
devorador del espejismo la pupila.
Por la pradera inmensa
se deslizan los dedos lentamente,
ofrendadas la cera y la penumbra.
Desfallecida sed, como si un ojo,
toda la magma espera
la fundación veraz bajo su tacto,
la estilizada forma
después de que su boca la vacíe.
Y la mano vacila. Pero solo los ojos
se derraman temblando
blandamente en la herida.
Anaranjada y nácar, la masa de la carne
como un rayo fulgura.
Invisibles lebreles
el aliento se espían en el aire.
Llamándola, la doble llamarada
de los muslos de plata, la garganta,
el cristal de los senos como un lirio,
la lánguida planicie de su vientre
y la confusa orquídea despeinada.
Ella, por siempre Ella,
la Gran Narcisia blanca
amándose en la luz, idólatra
su mano, prensadora y ardiente.
Imantada la abeja, circular
en gozo y en lascivia,
tejedora en la flor,
eterna boca.
Juana Castro (Villanueva de Córdoba, 1945) es una poeta española. Ha obtenido, entre otros, los premios Juan Alcaide 1983 por Paranoia en otoño, Juan Ramón Jiménez 1989 por Arte de cetrería, Bahía 1991 por Regreso a Géminis (posteriormente Fisterra), Carmen Conde 1994 por No temerás, San Juan de la Cruz 2000 por El extranjero, Jaén 2005 por Los cuerpos oscuros, el Premio Nacional de la Crítica 2010 por Heredad seguido de Cartas de enero, Fundación José Manuel Lara, Sevilla 2010, el Premio Nacional Imagen de la Mujer en los Medios de Comunicación, Instituto de la Mujer (Ministerio de Cultura) en 1984 y ha sido distinguida en el año 2007 con la Medalla de Andalucía.

