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Iván Freites: El colapso del gigante Amuay, otra obra del Socialismo del Siglo XXI

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Difícil de creer, pero más difícil de entender el colapso de la refinería más grande de Venezuela. Amuay, que una vez fue la tacita de plata de la industria petrolera venezolana y la segunda mayor refinería del mundo con sus 645.000 barriles diarios de capacidad, hoy está convertida en chatarra, bajo la mirada indiferente de funcionarios y políticos profesionales.

Pocos alzamos nuestra voz para alertar sobre la destrucción sistemática de Amuay, cuya máxima expresión fue en agosto de 2012 con una tragedia, con decenas de muertos y heridos, sin precedentes en la historia industrial del país. Cara hemos pagado nuestra osadía de denunciar la destrucción. Guillermo Zárraga pagó con cárcel y destierro; otros compañeros sindicalistas y trabajadores con el exilio; mi persona con el despido injustificado de PDVSA ordenado por Rafael Ramírez, una demanda en los tribunales de Falcón y el exilio forzado.

Con más de 75 años operando y sin mantenimiento en los últimos 26 años del chavismo madurismo, la refinería Amuay y su vecina Cardón, la segunda más grande de Venezuela, están a punto de colapsar. No somos capaces de la refinería de Bajo Grande porque está muerta desde hace años.

La condición de ambas refinerías es tan frágil que fue suficiente una pequeña tormenta eléctrica el pasado jueves para que una falla general de electricidad en el estado Falcón, las dejara fuera de servicio. Cardón, a duras penas, mantuvo operaciones a un tercio de su capacidad. Sin embargo, Amuay sigue fuera de servicio hasta el momento de escribir este texto, ya no debido a la momentánea falla eléctrica, sino por la desidia y la falta de mantenimiento de las instalaciones básicas como las tuberías de enfriamiento. Estas tuberías, por donde circula agua salada, están demasiado corroídas, se abren por todos lados como una galleta crujiente. Imposible reiniciar operaciones sin el sistema de enfriamiento.

Sin duda, la PDVSA malandra pondrá remiendos y parches a los tubos para tratar de evitar la crisis de abastecimiento de combustible que se les viene encima, ya que la poca cantidad de gasolina y diesel que se distribuye en el país se produce en Amuay y Cardón.

La tragedia del pueblo venezolano continúa, y no es culpa de las sanciones, ni de Trump ni de Elon ni de los aranceles, es culpa de un gobierno delincuente, ladrón, indolente que lo único que ha cumplido es su promesa de destruir al país hasta que no queda sino piedra sobre piedra. En PDVSA la situación es “roja rojita”… Agárrense que vamos en bajada.

Secretario General del SUTPGEF – Secretario de profesionales y técnicos FUTPV

 

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