Qué difícil y angustiosa es la situación del ciudadano venezolano en medio de una prolongada crisis creada por la ineptitud; indolencia, y crueldad que genera una gestión gubernamental ininterrumpida de 26 años, a pesar de haber dispuesto de la mayor riqueza material de toda nuestra historia republicana.
Es increíble que, tras un discurso pretendidamente ¨redentor¨, se haya optado por el uso indebido, y degenerado de los recursos del Estado, para que en lugar de promover el desarrollo general del país, y las condiciones para la felicidad y sustento de las familias, se haya destinado para todo lo contrario. Es decir, a lo largo de esta ¨revolución¨, la destrucción material de todos los servicios, así como el derrumbe institucional, son los platos principales de este desgraciado menú.
No hay una sola obra, de la cual, la sociedad pueda sentirse orgullosa. Por el contrario, sobran las promesas incumplidas; proyectos monumentales nunca realizados, pero si cancelados puntual e interesadamente.
Si a todo ello le sumamos la corrupción galopante que ha convertido en archimillonarios a un sinfín de enchufados; testaferros, y lavadores de divisas, el desenlace es dramático y catastrófico. Ello explica, al menos como uno de los elementos importantes, y a juicio de los expertos nacionales e internacionales, el surgimiento de la inmensa diáspora de venezolanos que hoy hacen vida en más de 75 países del mundo.
Es la segunda diáspora más grande del mundo, luego de la de Siria (en medio de una guerra brutal), frente a lo que los organismos internacionales hacen, poco o nada.
Estamos a merced de la ineficacia; improductividad, e indolencia de las instancias internacionales, que deberían estar al servicio de la recuperación institucional de países como el nuestro, que lo ha dado todo en cuanto a la lucha cívica por el respeto a su derecho a ser libres, y democráticos; luchando contra una tiranía que miente deliberadamente cuando ¨acepta¨ acuerdos para la celebración de elecciones libres, pero hace todo lo contrario en la práctica, impidiendo no solo el libre desempeño de partidos políticos, y líderes sociales, sino que se roba descaradamente el resultado, a pesar de su derrota aplastante.
Los organismos internacionales en vez de estar impulsando el respeto irrestricto por las democracias, y sus instituciones, andan enredados en la estafa del calentamiento global; el financiamiento de la invasión del extremismo musulmán en Europa y América; la agenda woke; y por si fuera poco, de esa inmundicia que significa el lenguaje inclusivo, con el dinero de los contribuyentes.
Esa inoperancia de las instancias internacionales que deberían hacer respetar las decisiones soberanas de los pueblos, permite que se instauren gobiernos de facto, que transitan –sin rubor- del autoritarismo, a dictaduras con absoluta tranquilidad, y sin consecuencias.
Por su parte, y como la otra cara de la moneda, la oposición, cada día luce más fragmentada y hasta ahora, sin acuerdos unitarios a la vista, luego del descarado robo electoral del 28J.
En la oposición mayoritaria hay divisiones importantes entre quienes sostienen la necesidad de dar simultáneamente la lucha por el respeto al resultado electoral presidencial del 28J/24, y la participación en esta convocatoria adelantada y nuevamente abusiva y ventajista que ha hecho el gobierno de facto, para renovar la Asamblea Nacional, así como las Gobernaciones y sus respectivos cuerpos legislativos regionales, y quienes se niegan rotundamente a participar en cualquier convocatoria hasta que se reconozca el triunfo de las presidenciales.
Nos contamos entre quienes sostienen la necesidad de participar, y derrotar otra vez a la dictadura, y aprovechar cada rendija; cada nueva oportunidad, y no dejarles el camino libre para seguir cometiendo todo tipo de atropellos, y usurpaciones.
Hay que insistir en esa posibilidad y extremar argumentos y esfuerzos para convencer a todo el liderazgo, acerca de la necesidad de participar y no desaparecer del escenario parlamentario, desde el cual, se deciden otros organismos esenciales del Estado, como el TSJ; la Fiscalía General; el CNE; La Contraloría, y la Defensoría del Pueblo.
Redoblar los esfuerzos por la organización de los equipos y los mejores candidatos posibles para representarnos en esas instancias, así como presionar internacionalmente, para que a su vez ayuden a la consolidación de un escenario en el que la decisión de la voluntad del ciudadano se respete y acate.
No participar es un error, como se ha demostrado las veces en que se ha llamado a la abstención, con el consecuente lamento y mutuas acusaciones. No hay tiempo para más equivocaciones, pues el adversario ya tiene claro su plan e incluso quienes, a pesar de calificarse de ¨opositores¨ es harto conocido que han sido cooptados por quienes usurpan el poder.
La opinión de factores internacionales y la presión que puedan ejercer, ayuda; pero depende de nuestra capacidad de organización, y sobre todo de la decisión de participar para que pueda haber resultados positivos, y cada vez más contundentes sin que haya dudas acerca de la voluntad de la ciudadanía, y su derecho irreversible a ser reconocido y libre.
No más divisiones, renuncias o abstenciones. Que no nos pongan entre la espada y la pared. Hay que votar y derrotarlos.
@romanibarra

