La poesía tiende a ser más libre que filosofía y la ficción. La poesía es la culminación de la literatura imaginativa, de un mundo abstracto, el poema atrapa y mantiene a la perfección el acento tardío en lo que percibimos, es una lírica generalmente amorosa , la especie más triste: La que recuerda sueños juveniles con frecuencia visionaria y por “visionario” entiendo un modo de percepción por el cual objetos, personas y acontecimientos son vistos con una intensidad amplificada con dejos proféticos, la poesía intenta domesticar al lector para yevarlo a un mundo donde todo lo que mira tiene un aura trascendental. Eya nos ayuda a comunicarnos con los otros; pensar lo contrario es beyo idealismo. La marca más frecuente de nuestra condición es la soledad ¿cómo poblaremos esa soledad, entonces? Los poemas pueden ayudarnos a hablar más plena y claramente con nosotros mismos. Y lo hacemos con una otredad que hay en nosotros. Leemos y escuchamos poesía para encontrarnos plenamente y con más sorpresas de la que habíamos esperado. Un contemporáneo de Tenyson, el filósofo John Stuart Mill, en su ensayo “¿Qué es poesía? (1833), dice de un aria de Mozart “la imaginamos oída al pasar”. También la poesía, da a entender Mill, es algo que se oye como de pasada, o más que el sentido habitual de oír. Para muestra leamos a uno de los padres de la iglesia San Agustín en sus Confesiones y su salmo abecedario isosilábico, la prosa rimada que influencio significativamente en la literatura y en la música medieval, hay que leer a Whitman y a su mentor Emerson que innovó sobre todo en la forma y la actitud poética. Como Shakespeare y William Blake, igual que Emily Dickinson con el que hay que estar preparado para luchar con su originalidad cognitiva, nos educa para pensar con más sutileza y con más conciencia sobre lo difícil que es romper con las respuestas convencionales que nos han inculcado, de los sonetos que son a su vez autobiográficos y universales, personales e impersonales, irónicos, apasionados, bisexuales y heterosexuales, íntegros escindidos y heridos; Walt Whitman nos ofrece tres metáforas de su ser: yo, mi alma y el yo real o mí mismo. En los sonetos hay casi tantas metáforas del ser de Shakespeare. ¿Qué es lo que es su sustancia? ¿De qué estás tu hecho que mil sombras se te trasparecen? Porque la diferencia esencial entre el poeta y el filósofo no está, como se ha creído hasta ahora, en el que el poeta hable con verbo rítmico, cristalino y musical, y el filósofo con palabras abstrusas, opacas y doctorales, sino en que el filósofo cree en la razón y el poeta en la locura.
El tiempo pasa y el segundero avanza decapitando esperanzas.
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