No van a creerlo. Nuestra Venezuela está de moda en el mundo entero. Nos recuerda aquella famosa marca “Graffiti” que se ancló con fuerza en las más concurridas tiendas de la 4 de mayo de Margarita. Eran tiempos de bonanza económica, cuando éramos felices y no lo sabíamos.
Sí, estamos de moda en el planeta. Pero no por cosas buenas, sino por indicadores que a cualquier gobierno le pondría los pelos de punta: flujos de migrantes a granel, fraude electoral, presos políticos, represión policial, corrupción monstruosa en PDVSA, censura periodística, intoxicaciones de estudiantes en liceos, entre otros.
Son hechos alarmantes que abrazan al venezolano y se sabe de ellos por las redes sociales y, especialmente, el Tik Tok, una atractiva plataforma que nos devora y es “Made in China”. Ella es culpable de todos esos males, seguirá diciendo Miraflores como si estuviéramos leyendo de nuevo “¿Quién se llevó mi queso?”. Así cualquiera gobierna hasta la eternidad.
El Tik Tok está en todas partes. Atrapa a las diversas edades en sus poderosos tentáculos con retos muy osados. Es la magia china que lo invade todo, desde atractivos juegos de fortuna hasta amplios centros comerciales para vender baratillas de cualquier especie. El país está invadido de esos seres amarillos con ojos ovalados y parece un fenómeno indetenible, paradójicamente, bajo el manto protector de los que nos gobiernan todavía.
Realidad y ficción nos envuelve Tik Tok y desde palaciegas se vuelve a fustigar contra tan fascinante plataforma. La gente toma un selfie, se ríe fingídamente para olvidar un momento sus penurias diarias, producto de una revolución que brota de los labios de la autocracia. La Venezuela Tik Tok está allí condenada, aunque suela hacer amagos y se torne vacilante por momentos. Va rumbo a su epitafio en medio de la vorágine política.
¡Qué triste realidad para la cuna de Bolívar!

