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Román Ibarra: Rematar la faena

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Es justo reconocer el esfuerzo y liderazgo conquistado a pulso por María Corina Machado, luego de marchas y contramarchas en la cotidianidad, como le ha ocurrido a tantos, excepto a los perfectos (que no existen).

Sería lamentable no hacerlo, habida cuenta de que –como pocos- ha sido víctima de los más  fieros ataques; humillaciones, y maledicencias, de parte de un despropósito que se conforma a partir de la idea totalitaria de la fusión de Estado-Gobierno-Partido, que atropella y destruye todo aquello que le adversa, y además impone reglas que luego no cumple.

Volver a la idea aristotélica, según la cual, la política es el arte de lo posible; comporta la necesidad de extremar buenas intenciones, y juntar todas las alianzas para llevar adelante la necesidad de vencer de manera definitiva, sin que ello suponga desconocer riesgos, ni los tropiezos que obliga la sinrazón de los dictadores.

La prueba contundente de lo que más daño le hace a los autoritarios; dictadores, y totalitarios, es el voto. Ellos recurren a esta instancia para fingir actitudes democráticas; cuando controlan de manera absoluta las instituciones, o cuando están absolutamente seguros de que van a ganar porque cancelan partidos; inhabilitan líderes; actúan con ventajismo, y hasta encarcelan arbitrariamente a sus adversarios a quienes tratan como enemigos en su manera salvaje de hacer política.

Eso se demuestra con el hecho de que la oposición venezolana ha exhibido sus grandes avances solo cuando decide unirse para votar, como en 2007; 2015, y el 28 de Julio de 2025, por ejemplo. Cuando se ha abstenido, se desfigura, languidece, se divide, se fatiga, y casi desaparece.

Es comprensible la molestia de asistir como víctima a un atropello vil como el descaro de pretender robarse las elecciones, y que algunos interesada o ingenuamente –difícil de creer- sugieran dejar las cosas así, o pasar la página como advierten otros.

Para nosotros, visto el efecto poderoso que produce la participación, nos invita a continuar en ese camino, y rogamos a Dios para que quienes ejercen el liderazgo en estas horas oscuras, mantengan la serenidad y retomen la vía electoral sin olvidar que todos los días debe seguir la lucha sin descanso por hacer respetar el resultado obtenido el 28 de Julio, como el evento más portentoso alcanzado; en medio de tanto ventajismo; abuso; corrupción, y terrorismo de estado.

Se puede y se debe luchar nacional, e internacionalmente por el reconocimiento del triunfo de Edmundo González Urrutia, y simultáneamente armar alianzas; equipos y recursos para enfrentar todas y cada una de las elecciones que el gobierno va a llevar a cabo.

No participar significa volver a regalar los espacios de la Asamblea Nacional, desde donde se escogen instituciones tan importantes como el Tribunal Supremo de Justicia, la Contraloría General de la República; la Fiscalía General de la República; la Defensoría del Pueblo, y el Consejo Nacional Electoral, hoy en manos de militantes del partido de gobierno, obedientes y dependientes de la idea dictatorial.

Además de que desde la Asamblea Nacional habrá que consensuar los acuerdos más amplios posibles para llevar a cabo las reformas constitucionales que el país necesita para blindar la democracia representativa. Tales como la no reelección presidencial absoluta; volver a la bicameralidad; darle fuerza real a la descentralización y el estado federal; la representación proporcional de las minorías, así como eliminar ciertas rémoras que impiden la estabilidad y desarrollo del sistema político.

Tampoco se puede regalar con la abstención 23 gobernaciones, y 335 Alcaldías, con sus respectivos Consejos Legislativos Regionales, y Concejos Municipales, respectivamente. Gobernadores y Alcaldes deben ser verdaderamente autónomos, y no mendigos del poder central, con absoluto respeto y desarrollo de la Ley del Situado Constitucional, y de Descentralización.

Estamos convencidos de que se puede recurrir a mecanismos constitucionales vigentes para hacer valer la voluntad libérrima del pueblo venezolano que se expresó de manera contundente el 28 de julio de 2025; con mediación interna e internacional; en paz, y en medio de negociaciones que permitan alejar conflictos y actitudes extremas.

La transición es no solo necesaria, sino posible, y para ello debe primar la idea de llegar a acuerdos, no siempre fáciles es verdad, pero que con algún pellizco se pueden lograr.

Es insostenible desde todo punto de vista pretender gobernar por la fuerza, sobre la base de una mentira que no se creen ni en casa, y encima continuar el maltrato a una sociedad que de manera abrumadoramente mayoritaria decidió cambiar para progresar.

Según la idea de Platón: ¨Los políticos no solo deben convencer, sino forzar a sus ciudadanos a ser mejores¨! En cuanto al gobierno venezolano, es obvio que ni una cosa, ni la otra, pues no convencen a nadie, ni han logrado mejores ciudadanos. Por el contrario, hoy Venezuela en sus manos y por más de 26 años, es considerado como el país con el peor desempeño socioeconómico, y además aterrorizado.

Seguimos aferrados a la Constitución vigente, y con ella todo; fuera de ella, nada.

Después del titánico esfuerzo político electoral, no queda más remedio que rematar la faena. Merecemos el rabo y las dos orejas. ¡Olé!

 

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