La vida y obra de Rafael Antonio Sanabria Díaz es ejemplo de venezolanidad en el que han de inspirarse las nuevas generaciones. Su vocación de maestro y su excelente espíritu emprendedor son cualidades que han contribuido a aumentar un ganado prestigio de quien consagró su vida al servicio de la educación.
Su conducta siempre ceñida por caminos de rectitud moral, y la conquista de la gloria con su humilde y fructífera actuación profesional, hacen de su figura un hombre de aquilatados e indiscutibles méritos.
Referirse a Rafael Antonio Sanabria Díaz es hablar de un ejemplo de superación, de vida, de sencillez, humildad, de bien, de honor y disciplina. Inculca a todos con su actuar que el más alto valor y dignidad del hombre dependen del mejor desempeño de las funciones que le hayan sido encomendadas y del mejor servicio social prestado .
Nunca la cuna, la posición social o económica dan altura espiritual, moral o intelectual. Solo el estudio tesonero produce saber y comprensión. Nace Rafael Antonio Sanabria Díaz en la población de El Consejo, según acta Nº 127 del Registro Civil del municipio Revenga el 2 de enero de 1930 a las 4:00 a.m., traído al mundo por María Victoria Villegas. Era hijo de María Rafaela Sanabria Díaz, nacida en El Consejo el 24 de octubre de 1907 y de Asención Alberto Díaz Padrón. Cabe destacar que fue presentado en el registro civil por segunda vez el 1ero de febrero de 1931, pero ahora con el nombre de José Rafael (acta anulada).
Rafael Antonio Sanabria corrió con el infortunio de la vida de quedar huérfano de madre el 13 de mayo de 1931, con apenas un año y cuatro meses de edad. Su crianza y formación recaería en las manos de su tía mayor Amalia María Sanabria Díaz, quien fue la única madre que conoció.
Su infancia transcurre en su pueblo natal, haciendo de mandadero en las pulperías del pueblo y de las hacedoras de dulces y de la venta del tere tere de Antonio Alfonzo Moreno para ayudar al sustento del hogar. Entre una u otra pulpería alguna ñapa recibía.
Así transcurre su infancia entre aquellas calles polvorientas de El Consejo.
Recibe sus primeros conocimientos de manos de la recordada maestra Socorro Acosta Hernández de Sánchez, en la escuelita de primeras letras de la calle Sucre. Posteriormente ingresa a la Escuela Federal Juan Úslar, donde obtiene el certificado de instrucción primaria superior en julio de 1944 (quinta promoción), bajo la dirección del bachiller Carlos Barrios Padilla. En 1945 labora de operario para la hacienda Santa Teresa, específicamente en Tovar.
En 1946 ingresa a la Escuela Normal Rural El Mácaro, en Turmero estado Aragua, egresando en 1950 en la Promoción Martín J. Sanabria con el título de Maestro Normalista Rural. Inició su carrera profesional como maestro de la Escuela Federal Ricaurte y Centro de Cultura Popular Miguel José Sanz, de San Mateo. estado Aragua (1950-1951), maestro de la Escuela Federal Juan Úslar de El Consejo (1951). Director de la Escuela Cacique Paisana de Cogollal, municipio San Casimiro (1951 – 1953). Maestro de la Escuela Experimental Rural El Mácaro. Turmero (1953-1956). Director del Grupo Escolar José Ramón Yepez, Boca de Aroa, estado Falcón (1956 – 1958). Maestro del Grupo Escolar Agustín Aveledo, Caracas (1958 – 1961). Director Fundador de la Escuela Granja Sosa, El Sombrero, estado Guárico (1961 – 1964). Director del Grupo Escolar Nº 86 Taborda, estado Carabobo (1964 – 1965). Director del Núcleo Escolar Nº 4 Trapiche del Medio, (1966 – 1979). Supervisor de Educación Primaria Rural. Zona Educativa del Estado Aragua. Maracay (1979–1982).
Realizó otros estudios: Curso de renovación para directores de Escuelas Primarias. Caracas (1959). Primer curso para Directores de Núcleos Escolares Rurales y maestros demostradores. El Mácaro (1960) primera promoción. Primer curso básico de nivel superior en desarrollo de la comunidad. Universidad de Oriente (UDO) Jusepin (1967). Donde realiza su trabajo final titulado:”El Núcleo Escolar y el Director como agente del desarrollo”, y la ficha organizativa de los Núcleos Escolares, que por su importancia fue reproducida en los talleres de producción de materiales educativos del Centro de Capacitación Docente El Mácaro, para su utilización en los centro docentes rurales del país.
En 1977, en comisión del Ministerio de Educación, formó parte de la delegación de educadores venezolanos que asistió a la República Dominicana para dictar cursos de entrenamiento técnico a directores de núcleos de dicha república.
El 4 de enero de 1956 contrae matrimonio civil con la educadora Olga Margarita Salazar Briceño y el 28 de enero de 1956 contrae bodas eclesiásticas.
Fundaron un hogar de cuatro hijos: Luis Rafael (ingeniero eléctrico), Francisco José (ingeniero mecánico), María Carolina (ingeniero metalmecánico) y Olga Cristina Sanabria Salazar (educadora).
Recibió múltiples condecoraciones, pero consideraba que su mayor galardón es el que recibía a diario mediante demostraciones de cariño, agradecimiento, comentarios reconfortantes y recuerdos bonitos de un gran número de maestros que compartieron con él períodos hermosos, en pro de hacer de la escuela rural un centro de atención para los niños de las comunidades rurales.
Rafael Antonio Sanabria demostró en grado sumo, con su actuar, la devoción por la enseñanza. Consagró su vida a la formación de juventudes en varias partes de Venezuela. Fue educador esforzado de positiva proyección social que es permanente ejemplo. Ejerció una indiscutible influencia humanística en las generaciones que le correspondió forjar.
Fue un hombre dotado de claro talento, poseedor de una memoria prodigiosa, en ansiosa y continua búsqueda del saber. Poseía extraordinarias cualidades de bondad y honestidad profesional. Otras de sus facetas es que desde muy joven fue cultor espontáneo de la poesía y del humorismo. Entre sus obras literarias está: “A la madre” (1969) y en humorismo “La historia del tacón” (1972). Siempre fue un ávido lector.
El tío Rafael Antonio sigue representó en la familia Sanabria Díaz el arquetipo de hombre preocupado por la familia, por la solución de los problemas, por ser el orientador, el hombre de opiniones preclara. El bastón de la abuela Amalia María.
Rafael Antonio Sanabria Díaz como hombre, como profesor, como padre, como esposo, como funcionario, como escritor, como hermano, como tío, estuvo definido por su responsabilidad y extraordinaria cordialidad, ciudadano revestido de gran dignidad, reveladora de la nobleza que lo distingue.
Franco, rectilíneo y siempre hidalgo. Bondad y justicia en todo momento fueron las guías de su vida. Generosidad a toda prueba. Cualidad sobresaliente en él fue su modestia, la que ha demostró en varias de las ocasiones brillantes de sus triunfos personales.
Este noble maestro héroe de la educación rural de Venezuela, surcó caminos para arrancar la ignorancia del niño campesino y sembrar conocimientos académicos y culturales en la conciencia de una población rural, agobiada por las penurias y el olvido de los conductores sociales del país.
Se marchó el 12 de agosto de 2021 con sus 91 años de edad y con él su afán de educar a sus semejantes con su paciencia y probidad ciudadana.
Rafael Antonio Sanabria… Héroe de la Educación Rural.

