El 10 de enero se consumó lo que el mundo civilizado denomina un golpe de estado. Cuando el autoritarismo se hizo dictadura. El estatus quo se aísla de la dinámica civilizada del mundo, quebrantando la Constitución de 1999. Se abre una época donde la disputa por la democracia será la clave para entender comportamiento general de la sociedad y de la eterna lucha nacional por el derecho humano a una educación de calidad para todos.
Ya estamos en el 2025, pendientes del porvenir, pero todavía empantanados en la absurda pretensión de una élite de poder al querer gobernar para siempre. Que sin mérito alguno busque gobernar para siempre, lesionando las posibilidades de una transición que avance en la cantidad y calidad del progreso en la satisfacción las necesidades de las mayorías. Sobre todo las de educación que a nuestro ver es un crisol donde se sintetizan la mayoría de las necesidades de los pueblos y las esperanzas de resolverlas decentemente, aquí en la tierra.
La patria se mueve en aguas cenagosas, las más turbias que conocemos desde 1958, cuando el gobierno persigue, secuestra a quienes ganaron las elecciones del 28j-2024, se roba esa elección popular y escala de autoritarismo desbocado a dictadura con todas sus letras. Lo que podría haber sido ventana generosa a una transición democrática, se convierte en un pantano político, que resulta de un ciclo electoral marcado por la derrota de la soberbia autoritaria y el ulterior desconocimiento de la voluntad popular expresada en las elecciones del 28 de julio 2024, con imposición por la fuerza el 10 de enero 2025 del candidato derrotado. Ante el estupor y desconocimiento de las sociedades emblemáticas del mundo democrático.
Revista 1.030 Memoria Educativa, paso a paso

