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Alfredo Serrano Mancilla: América Latina como reserva ideológica

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El “mantra” de que la ultraderecha avanza no se cumple en América Latina.

Hay dos maneras de decirlo. Una, el mandatario de Argentina, Javier Milei, tiene pocos amigos presidentes en América Latina. Dos, la mayoría de países en la región no eligen a candidatos de ultraderecha.

El año 2024 culmina con la derrota de la coalición neoliberal en Uruguay. Se juntaron todos los conservadores en la segunda vuelta y perdieron frente al bloque progresista. El Frente Amplio ganó las elecciones.

En este mismo año, en México, otro cambalache de siglas unidas por la doctrina neoliberal (PRI-PAN-PRD) sufrió una severa derrota a manos de una propuesta claramente de izquierdas, que ya llevaba gobernando seis años.

Este caso fue muy significativo, porque la victoria de Morena fue por más de 30 puntos de diferencia. Andrés Manuel López Obrador salió con un altísimo respaldo y Claudia Sheinbaum llega con millones de votos. La mayoría de los mitos hegemónicos se desvanecieron. No ocurrió eso de que “el oficialismo siempre pierde”. Y se ganó a pesar del Poder Judicial, los medios de comunicación y el poder económico en contra. Nada de ello pudo con las convicciones, con las ideas, con la gestión, con la valentía. Las redes sociales, tampoco.

También es interesante el caso de Colombia, que después de décadas de gobiernos conservadores, la victoria de Gustavo Petro representa un notable cambio en lo ideológico en un enclave geopolítico fundamental para el Norte. El conjunto de reformas contraneoliberales que están en marcha (salud, tierra, educación, trabajo, impuestos y pensiones) fueron planteadas desde la campaña y una amplia mayoría las avaló.

Si calculásemos el índice de cuántos gobiernos están en manos de la izquierda, América Latina va a contracorriente de lo que pasa en otras latitudes del mundo. El 58 por ciento corresponde a presidentes que ganaron gracias a proponer ideas abiertamente de izquierdas, revolucionarias, progresistas, socialdemócratas o pertenecientes al campo nacional-popular. En resumen, son todos proyectos no neoliberales de origen, aunque luego algunos, en la praxis, hayan coqueteado demasiado con las ideas del adversario (véase el ejemplo peruano: el fujimorismo perdió en las urnas y ahora gobierna).

También podemos tener este índice en clave poblacional. Y, así, el dato impacta aún más: el 79% de la ciudadanía latinoamericana está en manos de gobiernos de izquierdas (o al menos fueron votados por estas ideas).

 

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