Hoy tengo el privilegio de arribar a 25 años como docente de la Universidad de Oriente. El tiempo ha corrido velozmente desde aquel día en que di mi primera clase ante inquietantes alumnos de la escuela de Administración del núcleo de Sucre en esa importante casa de estudios. Recuerdo con gran melancolía aquel salón que me dio la bienvenida, ubicado en el piso 1 del edificio de Cursos Básicos, lugar impregnado de mucho movimiento estudiantil y venta de artículos escolares de todo tipo con los célebres “agachaditos”.
Precisamente ese 16 de septiembre de 1999 había sido contratado, mediante credenciales, para dictar la asignatura Administración Pública. El director de la Escuela para esa época era el profesor Juan Carlos Mota y la jefe del Departamento de Administración era la profesora Rosa Guzmán. Ambos eran afables y me brindaron el apoyo que necesitaba para enfrentar esa nueva responsabilidad en mi vida. Pues, era mi primera experiencia con la academia y era natural sentirme un poco nervioso. Pero, la sensación se esfumó a los breves minutos y adquirí una gran seguridad que llevo hasta el presente.
En estos largos años con la academia he recibido gran satisfacción, más allá de la poca remuneración que encierra el oficio. He tenido que formarme a nivel de postgrado para estar al día con el exigente campo de la administración pública. He palpado de cerca las palabras de aliento de mis queridos colegas y, especialmente, el aprecio y reconocimiento de mis alumnos en cada encuentro cotidiano. Sus logros me llenan de orgullo porque siento que he contribuido en su andar.
La UDO es parte de mi existencia. Ella me ha servido en estos valiosos años para enseñar a muchos jóvenes que hoy son excelentes profesionales. También me ha brindado la oportunidad para forjar mi personalidad y dictar clase de postgrado en otras universidades. A lo largo de mi trayectoria docente he aprendido de mis alumnos. Veo sus rostros de esperanza, sus constantes esfuerzos y sacrificios para salir adelante, sus vivencias ante una realidad que les ha sido adversa y luchan contra ella.
La docencia en la UDO me ha permitido valorar la disciplina y pasión por el conocimiento y, a la vez, cultivar la sencillez y honestidad en cada paso de mi existencia. Ser docente es un gran compromiso personal y social. Es impregnar nuestra actuación de ética y competencia formativa. Dios me siga dando fuerza y salud para seguir llevando luz a esa maravillosa juventud que es el futuro promisorio de este país llamado Venezuela.
Politólogo y Doctor en Ciencias Gerenciales.

