Si hay un sentir natural, carente de aprendizaje, con el que trabaja el político, es lo que muchos llaman “instinto de poder”, que lo guía de manera muy personal en su comportamiento para alcanzar el poder; pero por eso mismo, corre constantemente el peligro de actuar solo en la búsqueda de sus mieles, sean económicas, mediáticas o de reconocimiento social, las que le nublan su mente para entender a la política, como instrumento de servicio a los demás, y es por eso que contrario a este deber ético, actúan para satisfacer sus fines personales, grupales o su vanidad. El poder los puede orillar fácilmente al abuso, según lo ilustran las célebres palabras de Martin Dibelius, “mientras más se bebe de él, más sediento se vuelve uno”, esto es, más se aferran al mismo. Otra situación tiene que ver, con la concepción de la política desde la esfera de la emocionalidad pura o con ira, olvidándose que, la misma debe ser también el resultado de la racionalidad. Es por eso que, algunas veces, no se entienden los procederes políticos por incoherentes, caso, por ejemplo, del cierre de la embajada en Ecuador y dos consulados que allí atendían, a causa del allanamiento de la embajada de México, por el gobierno de ese país; pero a los pocos días, el gobierno, detiene y deporta a un congresista colombiano con pasaporte diplomático, a pesar de reclamar en el caso ecuatoriano el cumplimiento a normas de Derecho Internacional Público.
Contrarias a estas posturas incoherentes, el politólogo mexicano Agustín Basave, extiende una opinión más elevada sobre la actividad política y en tal sentido expresó: “El político es el rector de la vida social, con vocación a ordenar una sociedad. Debe tener vocación por la función y por la técnica de ordenación, así como una natural influencia social. Su razón de ser, se basa en la consecución de la integración social y la promoción del desarrollo económico. Frente al aventurerismo político, está la vocación que precisa la misión a las tareas públicas. El político es un ser predispuesto a preocuparse y ocuparse por las cosas de todos, debe ser entonces proactivo”. En esta opinión se ponen de relieve la vocación por el servicio, las capacidades de dirección, de lograr cohesión social y gozar de la confianza y credibilidad social. En nuestro país, en la actualidad empieza a emerger una confrontación electoral pseudo-democrática, entre las descritas concepciones del poder, agravada la primera, por la larga e ilegítima permanencia en la Presidencia de la República, del candidato a la tercera reelección, pues el titular de ese cargo, de manera autocrática se acostumbró a mandar y a muchos de sus seguidores les gustó obedecerlo, sacrificando derechos y calidad de vida, por obtener una mediana estabilidad económica.
Consecuencia negativa de este largo mandato; es que el partido de gobierno, dejó de ser vocero intermediario de la sociedad civil, para convertirse en un partido clientelar, oxidado por la corrupción, con una data permanente que se diluye, pero que usa para afrontar los distintos compromisos electorales y políticos, de los cuales ha salido avante gracias a los conflictos que hasta el 19 de abril del corriente año, parece cesaron, luego del apoyo al ciudadano Edmundo González Urrutia, por parte de la Ingeniero Machado Prisco, del profesor Rosales Guerrero y los partidos políticos que integran esa plataforma, como candidato presidencial. Asimismo, en esa competencia ya signada, por el abuso y ventajismo a que acostumbra el Gobierno y de la cual se siente orgulloso; el candidato González Urrutia, ya se quejó por el uso de las cadenas presidenciales para hacer proselitismo; sin embargo, para el día de las elecciones presidenciales, 28 de julio, la percepción popular es que los actuales gobernantes serán desalojados del Poder Ejecutivo Nacional, ante los negativos indicadores de su gestión, que se ha dedicado más, a tratar de controlar a la sociedad que, a gobernar con espíritu democrático, tolerancia y respeto a las distintas corrientes de opinión, a pesar de que siempre trata de hacer creer lo contrario a la comunidad nacional.
A pesar de estas circunstancias, se cree que cuando este ciudadano sea favorecido por la soberanía popular, se convertirá en un representante de la colectividad venezolana, lo que el profesor Basave llama, “un rector de la vida social”, que a través del ejercicio de un Gobierno respetuoso del orden constitucional, dictará políticas públicas, dirigidas a reivindicar a la mayor cantidad de población posible, para lo cual se exigirá dominio cognitivo de ciertas materias, propias de una gestión de ese nivel, para diferenciarla claramente de la gestión saliente. El gobierno por venir, deberá estar integrado preferiblemente por personas de vocación política, entendida ésta como la capacidad de interrelacionarse con los distintos sectores del país, en procura de rescatar la Sociedad abierta que hemos sido, amén de cumplir con las tareas ordenadoras, integradoras y organizadoras con sus ejecutorias. Se necesitan además políticos con visión, que muestren estar al día en la conducción de la ciencia del gobierno, que cuenten con inteligencia emocional y acción creadora. Que la vocación política de los gobernantes y la vocación democrática de los gobernados, den de nuevo vida a las estructuras del Estado, para dar satisfacción a las demandas sociales.
En otro orden de ideas, si hay algo que debe evitar el político actual, es el “dogmatismo racional”, el cual lo lleva muchas veces a negar la existencia de lo que no es refutable, ese modo de actuar que también forma parte de nuestro sistema político, debe ser erradicado, porque la realidad sea cual fuere, debe ser afrontada, para buscarle alternativas de solución; en tal sentido, los autores Meadows y Randeis, (1992) opinaron que la solución a la misma, no debe ser después de que ya no se pueda hacer nada, o no haya retorno a fin de recomponerla, lo cual obliga a los buenos políticos a tomar cualquier tipo de decisión. Por muy compleja que sea oportunamente. Un nuevo estilo político debe acercarse también, desde el Gobierno a la sociedad civil, que aun cuando ocupa un espacio entre el ámbito privado y el Estado, desarrolla para bien del país, aun cuando no al máximo, diversidad de actividades, que pueden servir para reanimar la economía del país, tan vulnerada por el actual régimen dominante. Se desea que, una clase política bien formada en lo intelectual, sean pragmáticos y hagan posible el desarrollo armónico de la economía nacional, tan necesario para mejorar en ese aspecto, sobre todo para generar fuentes de trabajo, mejorar la calidad de los servicios públicos y en general la calidad de vida de nuestra población.
En el corto, mediano y largo plazo, se necesitarán proyectos, estrategias y tácticas políticas que permitan enfrentar o sólo al gobierno, sino también, las condiciones en que se recibe el país, la clase política nacional, no tiene derecho a más equivocaciones, por egos o deseos de protagonismo inútil, deben darse cuenta que la gente se cansó, de un sistema que no ha sido capaz de convertir las múltiples demandas sociales, en decisiones y acciones, pero sí, sigue tratando de imponer su ideología política a costa de nuestros derechos fundamentales, para seguir condicionando aspectos de nuestras vidas. Para concluir, cabe decir que, debe aumentar la capacidad y preparación de toda la clase política para enfrentar y resolver problemas, cada vez más complejos, acostumbrarse a los consensos y acuerdos necesarios, a ser transparentes, con la finalidad de recuperar la confianza y la credibilidad de los ciudadanos, quienes, ante esa imposibilidad, han asumido un rol político descollante; de manera conjunta se deben concertar valores, reglas y fines comunes a alcanzar, mediante reglas claras de interacción, para justificar así, la relación autoridad-obediencia, que no sea como ahora legitimada siempre bajo la sombra de la persecución o la intimidación.

