Günther Maihold: El ajuste económico de Milei como batalla cultural

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La Feria del Libro de Buenos Aires, que es probablemente el acontecimiento más importante de su género en América Latina –junto con la Feria del Libro de Guadalajara, México–, se viene celebrando del 25 de abril al 13 de mayo de 2024.

Este año, sin embargo, esta edición de la feria se ve afectada por las circunstancias económicas y políticas de una Argentina en crisis.  El escritor Alejandro Vaccaro, presidente de la fundación encargada de organizar la feria del libro, declaró en la inauguración del evento: “Participar en la feria de este año es un acto de rebeldía y resistencia. Este espacio será el eje central en torno al cual girará el rechazo de todas las fuerzas culturales contra las políticas desastrosas de este Gobierno”.

Por primera vez en la prestigiosa feria del libro, el Ministerio de Cultura no ha alquilado un pabellón, como era habitual, y -por primera vez en la historia del evento- no ha enviado a ningún representante a la ceremonia de inauguración.

Días antes, 450.000 personas ya se habían manifestado en las calles de Buenos Aires y otras ciudades del país contra la sistemática desfinanciación de las universidades, en particular de la Universidad de Buenos Aires, que ya no puede pagar la iluminación de sus aulas debido a la falta de fondos.

Esta medida también se considera un intento del Gobierno del presidente Javier Milei de perjudicar a la institución central del país, que representa la excelencia en la investigación en América Latina, pero simboliza igualmente la instancia central para el ascenso social de generaciones de argentinos.

Además, hay críticas masivas en otros ámbitos del sector cultural: la pianista de fama mundial Martha Argerich acusa al presidente Javier Milei de socavar la cultura en un país cuyo cine, música y literatura gozan de reputación mundial.

Argerich publicó una carta en la que lamentaba la decisión del Gobierno de Milei de suprimir las becas que llevan su nombre para jóvenes músicos de orquestas infantiles y barrios populares.

Libre mercado, austeridad y batalla cultural

El presidente argentino, Javier Milei, tomó posesión de su cargo hace ya más de 100 días, con la promesa de atajar los problemas económicos del país, empezando por controlar la galopante inflación, que actualmente se sitúa en el 300 por ciento.

Milei fue elegido porque la población estaba cansada de las crisis interminables y la mala gestión, y esperaba ahora un programa de reformas radicales que le diera una salida.

El proceso de transformación que se inició con su toma de posesión, el 10 de diciembre de 2023, responde a la máxima del presidente: “No hay Estado eficaz”.

Independientemente de lo que pueda haber detrás de la autodescripción del presidente como “anarcocapitalista”, hasta la fecha, ha sido reconocible el interés por reducir drásticamente el número de funcionarios y recortar el gasto público, con el fin de reducir el déficit sistemático de las arcas públicas y limitar así también la deuda del país.

Al congelar los presupuestos públicos en el nivel de 2023, se está llevando a cabo una política sistemática de infrafinanciación de las instituciones públicas frente a la inflación masiva, lo que llevará a que sus funciones se agoten.

Con una profunda reforma política, presentada como una “refundación” del país, quiere reducir el Estado al mínimo; para ello, ha reducido a la mitad el número de ministerios y secretarías –también al Ministerio de la Cultura.

El economista libertario ha asegurado que su mayor lucha para sacar a Argentina de su eterna crisis tiene otro origen: “La raíz del problema argentino no es político y/o económico, es moral…” (sic), explicó el pasado febrero, en uno de sus muchos posts en la red X (antigua Twitter). “Yo no solo pienso en la política desde lo que es la batalla política, sino que pienso también en la batalla cultural”, ha dicho también.

Recorte a instituciones culturales centrales

La eliminación del “marxismo cultural” que Milei sospecha en las instituciones culturales es el objetivo central de su empeño. Para él, esto abarca desde la política de género hasta la protección del medio ambiente; todos ellos, planteamientos que debilitan la cultura cristiana y occidental que dice defender.

Así se congelan los presupuestos o hasta se disolverían o suprimirían las instituciones culturales públicas centrales del país: el Instituto de Cine y Artes Audiovisuales (INCAA), el Instituto Nacional del Teatro (INT), el Instituto Nacional de la Música (INAMU) y los medios de comunicación públicos.

Aunque Milei promete libertad y oxígeno vital para la sociedad argentina, el efecto de sus reformas hasta ahora ha sido más bien el desmantelamiento desorganizado de un pasado que se niega a desaparecer. Su “batalla cultural”, alimentada por la ilusión de reforzar la cohesión de la base social, ha ahondado las divisiones de la sociedad.

El decreto de emergencia económica que ha vuelto a presentar en una forma renovada paralizará gran parte de la industria cultural del país y llevará de nuevo a protestas por parte de los activistas y productores culturales, que no encuentran accesos para un diálogo con las nuevas autoridades.

 

Traducción »

Sobre María Corina Machado