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Jesús Alberto Castillo: El padrino Remigio

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Remigio puede ser el nombre de cualquier personaje de nuestro atribulado país. El hombre de campo que con sus manos callosas se parte el lomo por sembrar esperando cosechar. El obrero que a tempranas horas de día se despide de su familia a cumplir con su laboriosa faena para traer un mendrugo de pan a su hogar. El mafioso experto en sacar provecho de la espantosa crisis que vivimos para danzar en una cantidad dantesca de billetes verdes. El sacerdote que eleva la voz en el púlpito a los feligreses mostrando el camino de la rectitud del Señor.

El nombre de Remigio es pegajoso. Sabe a pueblo, simboliza el ocre y el buen humor. Sin embargo, puede ser el todo o la nada, la esperanza o la perdición. Al escuchar el nombre, uno puede recrear el ideario popular que retumba a los cuatro vientos y se propaga con fuerza en el ADN cultural del venezolano. La voz de la conciencia o la maldición de un proletariado seducido por sus propios secuestradores. En fin, un nombre cualquiera que queda a la imaginación del lector.

Ahora bien, cuando le ponemos el calificativo de “El padrino”, como lo sugiere el título de este escrito, enseguida la gente se ubica. Se trata nada más y nada menos que el Almirante en Jefe (A/J) Remigio Ceballos, una figura descollante de este gobierno designada recientemente por Nicolás Maduro como “Padrino del estado Sucre”. Hasta allí vamos bien. Pero, ¿qué significa esa designación? He allí el dilema. No viene para echarnos la bendición ni para velar por nuestro buen vivir como se ha dicho. Su misión es, simplemente, cumplir con el viejo libreto impuesto desde Miraflores para seguir asfixiando el desarrollo y Descentralización de nuestra entidad regional.

Es que para quienes manejan el poder desde Caracas, los sucrenses representamos poca cosa. Traen figuras advenedizas, sin ningún tipo de arraigo regional, para que se conviertan en reyezuelos a todo dar. Luego, se van como si no ha biese partido ningún plato. Todo esto ocurre con el silencio cómplice de una dirigencia “revolucionaria”, anclada en un discurso trasnochado.

Los sucrenses no nos merecemos este tipo de tratamiento. Ya basta de que nos sigan viendo como ineptos y conformistas. Es hora del surgimiento de un liderazgo que de la cara por nuestro glorioso terruño regional. Un liderazgo  integralmente ético, formado y capaz de reivindicar el pasado glorioso encarnado en Antonio José de Sucre, José Francisco Bermúdez, Domingo Montes, Francisco Mejia y otros tantos paisanos que dejaron en alto nuestro gentilicio. ¡En eso estamos trabajando!

Politólogo y Profesor Universitario

 

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