La Unión Europea entre la refundación y el retroceso

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Los mayores avances en la construcción europea se han producido a menudo en paralelo a grandes tensiones, movimientos destructivos o, directamente, tiros en el continente. El 2024 no será una excepción. La invasión rusa de Ucrania el 24 de febrero del 2022 marcó el nacimiento de una nueva era en la Unión Europea. La fuerza de la geopolítica dio un impulso otrora impensable a una serie de decisiones, como la invitación a Kyiv de sumarse al club, que se va a seguir desplegando durante los meses y años a venir, con una guerra a las puertas del club y otra en Gaza que ha expuesto a Europa a acusaciones de doble rasero en el Sur Global, al tiempo que las fuerzas de ultraderecha, nacionalistas y prorrusas avanzan posiciones y se proponen dar la campanada en las elecciones europeas de junio.

Hoy por hoy, Viktor Orbán es el caballo de Troya que rompe la unidad europea para proteger no el interés nacional de Hungría sino el de Rusia, dijo el ministro checo de Exteriores, Martin Dvořák, después del último Consejo Europeo, cuando el líder húngaro aceptó salir de la sala para no frenar la decisión de dar luz verde a las negociaciones de acceso con Ucrania pero sí bloqueó la reforma del presupuesto europeo que iba a permitir aprobar 50.000 millones de euros en ayudas a Kyiv, para garantizarle cuatro años de estabilidad financiera.

No es la primera vez que Orbán bloquea en solitario decisiones de la UE ni es novedad que al final se trague sus palabras mientras se presenta como un patriota ante sus votantes. Pero el calado de este pulso, aunque ha resaltado su soledad, deja muy mal sabor de boca. Ahora que Donald Tusk gobierna en Polonia y Orbán se ha quedado sin un aliado de peso para frenar decisiones contra su país por el deterioro del estado de derecho, aumenta la presión para avanzar en el expediente que tiene abierto por estas carencias, que podría dejarlo sin derecho a voto. Espero que en los próximos meses Orbán se comporte como un europeo, ha dicho el presidente francés, Emmanuel Macron.

Los Veintisiete se han citado el 1 de febrero para una cumbre extraordinaria en la que el presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, tratará de que Orbán acepte el acuerdo presupuestario que hay sobre la mesa y que todos los demás países apoyan. Esta vez, el líder húngaro ha dejado claro qué quiere a cambio de levantar su veto: una solución para los 20.000 millones de euros en ayudas que su país tiene congeladas porque no ha hecho las reformas judiciales necesarias. Tales decisiones están sometidas a reglas muy claras y difícilmente podrá la Comisión Europea, que ya ha sido muy criticada por autorizar un pago de 10.000 millones en fondos regionales tras la aprobación de varias leyes, darle satisfacción si Budapest no mueve ficha.

Otro momento clave que pondrá a prueba la unidad europea será la aprobación por unanimidad del mandato negociador para las conversaciones de ingreso con Ucrania y Moldavia en marzo. Ucrania no entrará en la UE mientras esté en guerra, y se cuenta con que las conversaciones de ingreso durarán años, lustros incluso. Pero una vez confirmada la perspectiva europea de este país, una apuesta arriesgada que se defiende con el argumento de que es una inversión en paz, seguridad y prosperidad para todo el continente, la discusión sobre las reformas que la UE debe hacer antes de recibir nuevo socios, de cara a su próxima refundación, se ha hecho más urgente. No puede haber ampliación sin reformar las instituciones de la UE, ha dicho la ministra de Exteriores de Bélgica, Hadja Lahbib, cuyo país relevará el 1 de enero a España en la presidencia rotatoria del Consejo.

En marzo la actividad legislativa se detendrá y la Unión entera entrará en campaña. Entre el 6 y 9 de junio se celebran elecciones al Parlamento Europeo y 400 millones de europeos están llamados a las urnas. Todos los sondeos apuntan a nuevos avances de fuerzas de ultraderecha y ultranacionalistas que apuestan por recuperar competencias para los estados nación y por una UE menos intrusiva, partidos a los que la inesperada victoria de Geert Wilders en noviembre en los Países Bajos les ha insuflado fuerzas.

Wilders está en conversaciones con tres formaciones más para formar gobierno y es posible que a mediados del 2024 se siente en el Consejo Europeo como primer ministro. Si llega, será tras firmar un acuerdo de coalición que le obligará a dejar por el camino sus ideas más radicales sobre inmigración (freno total), libertad de religiosa (cierre de las mezquitas) y Europa (la convocatoria un referéndum sobre la UE) pero la imagen será sin duda un mensaje poderoso para la ultraderecha.

El resultado de las elecciones europeas influirá en la renovación de la cúpula de varias instituciones internacionales, un proceso plagado de interrogantes. ¿Seguirá Ursula von der Leyen al frente de la Comisión? ¿Relevará el holandés Mark Rutte a Jens Stoltenberg en la OTAN, o habrá cambio de última hora con la alemana? ¿Qué figura representará a la socialdemocracia tras la dimisión de António Costa, salpicado por un caso de corrupción? ¿Habrá que contar con los ultraconservadoras en estas decisiones?

Otro interrogante en el horizonte es el resultado de las elecciones presidenciales de Estados Unidos. Donald Trump podría ser reelegido y en Bruselas impera la convicción de que Vladímir Putin está esperando a conocer el resultado para decidir sobre Ucrania. En los últimos meses, el envío de armas de Occidente a Kyiv se ha ralentizado, pero resiste. Un vuelco político en Washington, sin embargo, lo cambiaría todo. Europa no podría compensar el fin del apoyo militar norteamericano. Ante las inciertas perspectivas en el campo de batalla y las evasivas de la OTAN a la adhesión de Ucrania, la UE se va a centrar en lo que sí está en su mano, ofrecer una perspectiva de futuro a Kyiv.

La Vanguardia de España

 

Traducción »

Sobre María Corina Machado